viernes, 15 de mayo de 2009

Citas: Kurt Vonnegut


El arte no es una forma de ganarse la vida. Es más bien una forma muy humana de hacer la vida más soportable. Practicar un arte, bien o mal, es una forma de hacer crecer el alma. Por el amor de Dios, canten en la ducha. Bailen con la música de la radio. Cuenten cuentos. Escriban un poema para un amigo o para una amiga, aunque sea pésimo. Háganlo tan bien como sepan y obtendrán una enorme recompensa. Habrán creado algo. (Un hombre sin patria)


La verdad es que sabemos tan poco de la vida que en realidad no sabemos distinguir cuáles son las buenas noticias y cuáles son las malas noticias. (Un hombre sin patria)

Vive de las mentiras inofensivas que te hacen valiente y bueno y saludable y feliz. (Cuna de gato)

Cuando era más joven, hace dos esposas, hace doscientos cincuenta mil cigarrillos y más de tres mil litros de alcohol... cuando era mucho más joven aún, empecé a reunir material para un libro que iba a llamarse El día del fin del mundo. El libro iba a basarse en hechos reales. (Cuna de gato)
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Me había hecho sentirme como si mi albedrío fuese tan irrelevante como el albedrío de un cerdito que llegara a los mataderos de Chicago. (Cuna de gato)

- Señor, ¿cómo muere un hombre cuando se lo priva del consuelo de la literatura?
- De uno de estos modos –dijo-: de petrificación del corazón o de atrofia del sistema nervioso.
- Supongo que ninguno de los dos será muy agradable -insinué. (Cuna de gato)

(…) la desgarradora necesidad de mentir acerca de la realidad y la desgarradora imposibilidad de mentir acerca de esa misma realidad. (Cuna de gato)

- Lo único que recuerdo es lo que el profesor solía decirnos todo el tiempo. Se desgañitaba siempre por los altavoces riñiéndonos por alguna travesura que hubiésemos hecho, y siempre empezaba del mismo modo: “Ya estoy cansado y harto…”
-Esa frase se acerca mucho a la descripción de cómo me siento casi todo el tiempo.
-Quizá sea así como se supone que debe sentirse.
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-¿Por qué tuvo que pasar?
-Era un eco vacío de la pregunta que la humanidad se había formulado durante milenios, la pregunta que, al parecer, los hombres nacían para hacer. (La pianola)
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(...) tomó un trago. Entonces se dio cuenta de que los vasos de scotch caro que llegaban como la carga de la caballería ligera (...) (La pianola)
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Era un asunto puramente interno. Cada niño de más de seis años sabía de qué se trataba y sabía lo que entonces hacían los buenos y lo que hacían los malos. El tema era familiar en los cuentos folclóricos de todo el mundo, y los buenos y los malos, ya estuvieran vestidos de calzones de cuero, taparrabos, sarapes, piel de leopardo o trajes de banquero, todos se separaban en este punto.
Los malos se hacían chivatos. Los buenos no, fuera donde fuese, se tratara de lo que se tratase. (La pianola)
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Sospecho que toda la gente se siente motivada por cosas bastante sórdidas y supongo que los datos clínicos apoyan mi argumento. Las cosas sórdidas, en su gran mayoría, son las que hacen mover a los seres humanos. (La pianola)
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Sabía que eso era un encantamiento arcaico en una intemperie de vidrio, metal, plástico y gas inerte. (La pianola)
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No tiene importancia si ganamos o perdemos, doctor. Lo importante es que lo intentamos. Nada más que porque sí, ¡lo intentamos! (La Pianola)

-¿Cómo anda todo?
-Peor que nunca, pero hay esperanza. (La pianola).

Pero muy pronto uno se da cuenta de que los viejos amigos son viejos amigos y nada más. Ni más sabios ni más capacitados para ayudar que cualquier otro. Pero, qué diablos, eso no quiere decir que no esté muy contento de volver a verte. (La pianola)

Bien, aquí estamos. Atrapados en el ámbar de este momento. No hay ningún por qué. (Matadero 5)

Desarrollaba una ardiente simpatía para con todas las personas que conocía. Pensaba que tal vez esto haría del mundo un lugar más agradable en el que vivir. (Matadero 5)


Durante la época de Nueva York, la gente me decía que Eliot iba escribiendo el mismo mensaje en todos los lavabos de caballeros por toda la ciudad.
- ¿Recuerdas lo que decía?
- Sí. "Aunque no os amen y os olviden, sed razonables".
(Mrs. Rosewater)


Tenía en común con la pornografía no el sexo sino las fantasías de un mundo absurdamente hospitalario. (Mrs. Rosewater)

Tranquilo, como si se esperara un tiroteo. (Mrs. Rosewater)





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