martes, 27 de mayo de 2014

De Luca, Erri. Los peces no cierran los ojos.

     Ahora lo sé, provoca cambios y a las personas les gusta que las cambien. No sé si me gusta, pero ahora lo tengo y antes no.

     Eva y su esposo, saliendo del jardín, habían vivido ya todo el bien del mundo. La vida añadida más tarde, lejos de aquel lugar, no fue más que una divagación.


lunes, 26 de mayo de 2014

Echenoz, Jean.

     Rubias peligrosas.

Todo ello en medio de un silencio de seda aunque llegaba, de los barrios animados, un rumor monótono, apenas perceptible, pero ininterrumpido, agrio como una mala conciencia y que daba al silencio su relieve.

     La contemplación del insecto inspira a Salvador algunos pensamientos consoladores; lo que le sucede no es tan grave; podría haber acabado en Manila, como vendedor de cigarrillos sueltos. Vuelve a reflexionar. Continuemos, dice. Escribe: rubias peligrosas ardientes y rubias peligrosas frías, segunda parte.


Al piano

Todo ello, que ya era desalentador de por sí, no incitaba especialmente a integrarse. Tuvo ataques de depresión y tuvo días de aburrimiento, ese aburrimiento que engendra la amalgama entre la soledad y la precariedad de medios.


Ravel

(...) debe enfrentarse con monstruos o, lo que es peor, huir de ellos. Y en el momento más perturbador de esos combates se despierta sobresaltado, rendido, cada vez más fatigado que la noche anterior, sin siquiera malhumor, sin siquiera humor.

miércoles, 21 de mayo de 2014

¡No se permite ingresar con bebidas!

Y ahora...


Nothomb, Amélie. El sabotaje amoroso.

   

  Ignoro si poseía la facultad de llorar por encargo. Sea como fuere, sus lágrimas resultaban muy convincentes.
     Lloraba con un arte consumado: sólo un poco, de manera que no resultara antiestético, y con los ojos muy abiertos, para no ocultar su magnífica mirada y mostrar la lenta génesis de cada lágrima.

     El error es como el alcohol: uno enseguida se da cuenta de que ha ido demasiado lejos, pero en lugar de tener la sensatez de detenerse para limitar las secuelas, una especie de rabia cuyo origen es ajeno a la ebriedad le obliga a continuar. Ese furor, por raro que pueda parecer, podría llamarse orgullo: orgullo de clamar que, pese a todo, hacíamos bien en beber y teníamos razón al equivocarnos. Persistir en el error o en alcohol adquiere entonces categoría de argumento, de desafío a la lógica: si me obstino, significa que tengo razón, piensen lo que piensen los demás. Y me obstinaré hasta que los elementos me den la razón: me volveré alcohólico, tomaré partido a favor de mi error, esperando a desplomarme bajo la mesa o a que se burlen de mí, con la vaga y agresiva esperanza de convertirme en el hazmerreír del mundo entero, convencido de que al cabo de diez años, de diez siglos, el tiempo, la Historia o la Leyenda acabarán dándome la razón, lo cual, por otra parte, ya no tendrá ningún sentido, ya que el tiempo lo relativiza todo, ya que cada error y cada vicio vivirá su edad de oro, porque equivocarse o no es siempre una cuestión de época.
     De hecho, las personas que se obstinan en sus equivocaciones son místicos: porque saben perfectamente, en su fuero interno, que están invirtiendo a largo plazo, que estarán muertos mucho antes de la revisión de la Historia, pero se proyectan al porvenir con mesiánica emoción, convencidos de que les recordarán, de que en el siglo de oro de los alcohólicos, alguien dirá: "Fulano, asiduo de bar, fue un precursor", y que, en el apogeo de la Estupidez, les rendirán culto.

     Ahí tenía que marcharme enseguida o iba a pronunciar las palabras irreparables.
     Di media vuelta y busqué un sitio donde pisar. 

martes, 20 de mayo de 2014

Tute nocturno.

Publicado en La Nación, 7 de mayo 2014.

Rojo-mudo. Por Parés.

Publicado en La Nación, 15 de mayo 2014.

Burgess, Anthony. La víspera de Santa Venus.

El pasado ha muerto y todo lo que había de bueno lo enterraron con él. Y aquí está la recia y horrible puerta del presente con el ojo tentador de su cerradura. Le puedes aplicar el ojo o el oído, pero no puedes hacer que éstos se conviertan en la llave. El pasado continúa en el interior, la fiesta perpetua se hace más y más desaforada, pero no puedes entrar.


lunes, 19 de mayo de 2014

Nothomb, Amélie. Barba Azul.

- Ver fotos ajenas siempre constituye un castigo.

-El inventor del champán rosado logró justo lo contrario que la búsqueda de los alquimistas: transformó el oro en granadina.