lunes, 14 de noviembre de 2016

Mutis, Álvaro. La última escala del Tramp Steamer.

     (...) con la serena e imponente dignidad de los grandes vencidos.

     A medida que pasa el tiempo, más hondo, secreto y poco visitado es el rincón donde van a ocultarse esas imágenes. Es así como trabaja el olvido: nuestros asuntos, de tan nuestros, pasan a ser extraños por obra del poder mimético, engañoso y constante del precario presente.

     Sólo que, en mi caso, por esa rendija se me escapó la vida. La vida que quise vivir, es claro. Ésta de ahora es una tarea en donde sólo pongo el cuerpo. No es que lo hubiera perdido todo. Es que perdía lo único por lo que valía la pena seguir apostando contra la muerte.

     (...) me di cuenta de que había hecho bien y que nada agregaría el hacerle saber algo que, para él, pertenecía a un ayer sepultado para siempre, si no en el olvido, sí, desde luego, en la tiniebla irrevocable de lo que nunca ha de volver.

     "(...) No se preocupe". Fue en ese momento cuando comencé a preocuparme. Sé muy bien lo que en estos países significa la frase "no se preocupe". Debe entenderse como: "si algo nos pasa no hay nada que hacer, así que no vale la pena preocuparse".

     Noticias que me empeñaba en esperar, más por impulso de mis deseos y ansiedades que por razones reales y tangibles.

     (...) no había lugar para construir nada, para esperar nada que no fuera una descalabrada experiencia que haría de nuestra relación una madeja de reclamos silenciados, de culpas y frustraciones disfrazadas. Lo de siempre, en fin, cuando se parte de una distorsión de la realidad y tomamos nuestros deseos por verdades incontrovertibles.

Lodge, David. Noticias del Paraíso.

Sentía que me había comportado torpe y groseramente. Todavía lo pienso.

martes, 18 de octubre de 2016

Nabokov. Lolita

     Cuando procuro analizar mis propios anhelos, motivaciones y actos, me rindo ante una especie de imaginación retrospectiva que atiborra la facultad analítica que con infinitas alternativas bifurca incesantemente cada rumbo visualizado en la perspectiva enloquecedoramente compleja de mi pasado.

     Por mi  parte, yo era tan candoroso como sólo un pervertido puede serlo.

     (...) y al tiempo que yo observaba, con la rigurosa lucidez de una futura meditación (es decir, tratando de ver las cosas como recordaría haberlas visto) (...)

miércoles, 3 de agosto de 2016

Principiantes. Albero, Miguel.

    

 Como buen observador, Fermín se ha dado cuenta de que los asturianos hablan sólo con diminutivos, porque al fin y al cabo las cosas suelen tener menos trascendencia de lo que pensamos, y deben tratarse con respeto pero con cierta guasa, para que no se den ellas mismas importancia. Un "momentín" es un tiempo de espera igual de largo (que no de breve) que un momento, pero la espera es más agradable porque no se le presta mayor atención. Una "sidrina" pueden ser seis, pero sigue siendo algo ligero, y una "cosina" por no ser ni siquiera es cosa, luego no tiene por qué preocuparnos. De este modo la vida se vuelve tolerable porque se rebajan sus efectos, como en verano entra mejor el vino con un poco (o un "poquitín") de gaseosa.

     (...) un vino de mesa en tetrabrick que te deja los labios tan negros como la conciencia.

     (...) experimentó esa sensación que se tiene cuando se conoce a un escritor cuyas obras nos entusiasman y al conocerlo todo en él nos disgusta. Queremos no haberlo conocido, porque si el autor de algo que nos agrada es deleznable, nos está diciendo (como si nos hiciera falta) que nosotros también lo somos.

     El hotel programado para nuestra estancia era el de más relumbre de la ciudad y allí nos fuimos, aunque ninguno de los dos fuéramos aficionados a los hoteles de lujo, y no por vocación -que para eso nunca escasea-, sino por falta de práctica.

     (...) A la memoria de Fermín Maroto van dedicadas estas páginas. Sigan su ejemplo que no el mío y persigan su sueño cualquiera que éste sea, y cualquiera que sea la edad a la que decidan lanzarse a su encuentro. Si no dan con él, habrán descubierto al menos una razón para vivir. Otros no podemos decir lo mismo. Porque si es verdad que todo termina mal, si al otro lado sólo nos espera la muerte, siempre resulta más elegante acabar en ruina que devenir puro escombro. A las primeras se las cuida y estudia, los otros damos con nuestros huesos en un contenedor, donde se tira todo lo que ya no sirve para nada.

lunes, 6 de junio de 2016

Euforia

     Ir a casa había resultado un desastre, todo había resultado desastroso, exceptuando ese momento, ese momento de euforia con los polis corriendo tras él por encima de la basura en el solar, las ratas huyendo a todo correr, las pistolas disparando contra la noche, minúsculos destellos amarillos, las balas zumbando cerca de su cabeza: él era Superman, era capaz de saltar por encima de altos edificios, podía correr más que una locomotora a toda velocidad, era invencible, era indestructible.
     Prorrumpió en carcajadas.
     Los policías se pararon en seco al oír la risa.
     Cesaron los tiros.
     En un instante Colley se encontró al otro lado de la valla, fuera de peligro.
(McBain, Ed. A mano armada)

lunes, 23 de mayo de 2016

Rivera, Andrés

     
En esas desveladas noches de las que te hablo, pienso, también, en el intransferible y perpetuo aprendizaje de los revolucionarios: perder, resistir. Perder, resistir. Y resistir. Y no confundir lo real con la verdad.
(De La revolución es un sueño eterno).

jueves, 12 de mayo de 2016

Macdonald, Ross

      



El tráfico de la carretera zumbaba monótonamente, invisiblemente, como una arteria lesionada, bajo el silencio del mediodía.

      A la luz movediza de la pantalla pude ver que había un vaso vacío en la mesita que tenía a mi lado. Olía a ginebra. Sólo para practicar, me puse a buscar la botella. Estaba metida detrás del cojín de mi silla, una botella medio vacía de Gordon's, de contenido transparente como las lágrimas.

      Llevaba un traje oscuro que su cuerpo llenaba del mismo modo que los granos de uva llenan su piel. En la mano sostenía un bolso negro de plástico reluciente, como si fuera un escudo.

      Tras virar de nuevo hacia la derecha al llegar al extremo de la calle mayor, atravesamos una zona de hoteles de tercera categoría, bares, salones de billar. Atontados por el sol y el jerez, los campesinos desocupados y los borrachos desfilaban como zombis por las aceras del mediodía. Un cine mexicano señalaba los límites superiores de las profundidades inferiores.

     El agotamiento se apoderó de ella, o quizás fue la decepción. Se quedó inerte en el asiento, apoyada como una muñeca en el respaldo.  Por la carretera pasaban faros encendidos, como brillantes esperanzas que no se cumplirían surgiendo de las tinieblas para sumirse de nuevo en ellas. 

     Sólo para tener algo que ardiese por mí, encendí uno de mis propios cigarrillos.

     Tenía la sensación de que mi vida había quedado reducida a una serie de actuaciones de una sola noche en lugares desolados.  Ojo, me dije a mí mismo; sentir compasión por tí mismo es el último refugio de las mentes pequeñas y de los sabuesos profesionales que empiezan a hacerse viejos. Sabía que la desolación era la mía propia.
(De Los maléficos


      La orquesta estaba tocando nuevamente y, a través de la arcada, podía ver las parejas bailando en el salón contiguo. La mayoría de las melodías y los bailarines habían sido nuevos allá en la década del veinte al treinta. Daban la impresión de una fiesta que había durado tanto, que la música y los bailarines habían terminado por desgastarse, quedando tan espectrales como el caparazón de los insectos devorados por las arañas.

      Y pensé que Kitty y Ginny, a pesar de ser mujeres de diferentes extremos de la ciudad, tenían mucho en común, después de todo. Ninguna de las dos había podido dominar por completo el accidente que es la belleza. Las había convertido en cosas, en zombies de un mundo mortalmente desamparado, tan doloroso de contemplar como si nos enfrentara con crucifixiones carentes de sentido.

     Significaba para mí un duro golpe moral tener que abandonar un caso inconcluso. Regresé a mi apartamento en Los Ángeles Oeste y bebí hasta sumirme en un estupor moderado.
      Aún así, no dormí muy bien. Me desperté a media noche. Una llovizna golpeaba contra la ventana. El whisky se estaba disipando y me vi a mí mismo en una llamarada de pánico: un hombre de mediana edad, yaciendo solo, en la oscuridad, mientras la vida pasaba a su lado como el tránsito que corre por la carretera.
        (De Dinero negro)


     - ¡Bebamos otra copa!- propuso.
     No discutí. Los casos se abren de distintas maneras. Este no se estaba abriendo como una puerta, ni como una tumba; no se abría como una rosa o cualquier flor; se estaba abriendo como una rubia triste y vieja con sombras en su corazón.
     Vacié mi vaso y ella se lo llevó a la cocina para llenarlo de nuevo. Me parece que mientras estuvo allí se bebió un vaso extra. Al regresar chocó con el marco de la puerta de la sala y derramó ginebra en sus manos.
(De El enemigo insólito).    


     El gordo volvió a la oficina con el abdomen subiendo y bajando detrás del polo. Tenía los antebrazos marcados por tatuajes azules como esas letras que aparecen en las medias reses del mercado. En el brazo derecho decía: Te amo Ethel. Sus ojitos decían: No amo a nadie. 

 (...) Son los blandos, los de la autoconmiseración como usted, los que me dan pesadillas.
(De La mueca de marfil


     Traté de apartar esos pensamientos, pero quedaron agazapados en las sombras, como hijos traviesos a la espera de que se apaguen las luces.

     Vivía sobre la costa de Montevista, en la cumbre de una colina, en una casa rectilínea hecha de acero, vidrio y dinero.

     -Será mejor que no comente con nadie más esta idea absurda. Sería exponerse a ser acusado de difamación. -Se volvió y me miró con extrañeza-: No tiene muy buena opinión de los banqueros, ¿verdad?
     -No son diferentes de las demás personas. Ni puede usted dejar de reconocer que una gran proporción de autores de desfalcos son banqueros.
     -Es una simple cuestión de oportunidad.
     -Exacto.     
(De La mirada del adiós)


     Howell hizo crujir su coche mientras subía la pendiente. Las cubiertas se estremecieron y chillaron como almas en pena.
(De El caso Galton)

lunes, 28 de marzo de 2016

Nothomb, Amélie. Pétronille.

Me parecía que había tocado fondo. Aunque pensarlo traiga mala suerte. La realidad siempre se apresura a demostrarnos hasta qué punto carecemos de imaginación.

Muy rápidamente, la apreciación de aquella comodidad se vio sustituida por una desagradable constatación de fracaso.

Hay que forzar el destino. Si de mi capacidad de iniciativa dependiera, en la vida nunca ocurriría nada.

Tengo una larga experiencia en materia de separaciones, y sé mejor que nadie el peligro que entrañan: separarte de alguien prometiendo que volveréis a veros es el presagio de las cosas más terribles.

La embriaguez no se improvisa. Es competencia del arte, que exige dar y cuidar. Beber sin ton ni son no lleva a ninguna parte.
Que la primera borrachera suela ser tantas veces milagrosa se debe únicamente a la famosa suerte del principiante: por definición, no volverá a repetirse.

¿Por qué champán? Porque la embriaguez que produce no se parece a ninguna otra. Cada alcohol tiene su particular nivel de pegada; el champán es uno de los únicos que no suscitan metáforas groseras. Provoca que el alma se eleve hacia lo que debió ser la condición de hidalgo en la época en que esta hermosa palabra aún tenía sentido. Hace que te vuelvas gracioso, ligero y profundo a la vez, desinteresado, exalta el amor y, cuando el amor te abandona, confiere elegancia a la pérdida.


domingo, 13 de marzo de 2016

Tournier, Michel.

Yo, cerca de un cuarto de siglo más tarde, no puedo evocar aquel momento sin volver a estremecerme de alegría y orgullo. ( De El Rey de los Alisos)