miércoles, 27 de mayo de 2009

César Bruto


Consejos para futuros gobernantes. VocabulariO


Sindudamente: indicativo de cosa que ocurre con toda seguridá, sin ninguna duda: “Maniana saldrá el soL, sindudamente…” (Sartre)


Visitudes: todas las cosas fuleras que le ocurren a una persona cuando le ocurren cosas feas: “Al conprobar quera enganiado por su seniora esposa, el camilO enpesó a sufrir hondas visitudeS morales…” (Freud: tomo 7 y otros). En algunos libros aparese tanbién la palabra “vicisitud”, la cual es más larga y quiere desir otra cosa

sábado, 23 de mayo de 2009

Jed Rubenfeld. La interpretación del asesinato


No hay misterio en la felicidad.
Los hombres infelices son todos parecidos. Alguna herida de hace mucho tiempo, algún deseo denegado, algún golpe al orgullo, algún incipiente destello de amor sofocado por el desdén -o, peor aún, por la indiferencia-, se aferra a ellos, o ellos a lo que les hizo daño, y así viven cada día en un sudario de ayeres. El hombre feliz no mira hacia atrás. Vive en el presente.

No hay nadie capaz de mantener un secreto -dijo Freud-. Si sus labios se mantienen cerrados, hablará con las puntas de los dedos.

-No tienes que avergonzarte de nada. No somos responsables de nuestros sentimientos; y por tanto ningún sentimiento ha de causarnos vergüenza.

Tendré que actuar como si no la amara, como si no sintiera nada por ella.

Es imposible describir las ideas que me vienen a la mente cuando imagino a esta mujer, y la imagino casi a cada instante de vigilia. Bien, no es imposible, pero tampoco aconsejable. Lo que literalmente no puedo describir es el vacío que siento en los pulmones cuando no estoy en su presencia. Es como si muriera de deseo de ella.

-[Jung] Así, el neurótico se da a sí mismo una razón ilusoria para castigarse. Se siente culpable de un deseo que jamás tuvo.
-Ya veo. ¿Qué es entonces lo que ha causado la neurosis? -preguntó Freud.
-Su conflicto actual. Cualquier deseo que el neurótico no admite tener. Cualquier tarea vital a la que no logra enfrentarse.

-¿Es usted honrado?
-En exceso -dije-. Pero sólo porque soy un pésimo actor.

Estudié sus mendaces ojos azules con tanta hondura como me fue posible. O bien se creía lo que estaba diciendo, o bien era la mayor mentirosa con que me había topado en la vida, que lo era.

Hay gente que necesita hacer realidad aquello que más le atormenta.

-El doctor Freud dice que la infelicidad nos la causa el no poder liberarnos de nuestros recuerdos.
-¿Y dice cómo se supone que tenemos que liberarnos de nuestros recuerdos?
-Recordándolos.

viernes, 22 de mayo de 2009

Groucho Marx

Las cartas de Groucho


Entre tanto, examina siempre los dados.

Bueno, así es la vida. A medida que avances por ella, encontrarás toda suerte de estos pequeños pero desagradables disgustos y o bien aprenderás a acostumbrarte a ellos o poco a poco te volverás loco.

Me dices: "Tu participación en el programa de Rodgers y Hammerstein para la General Foods estuvo a tu nivel". Es uno de los insultos menos ambiguos que he recibido jamás.

En cuanto al matrimonio, conozco a centenares de maridos que serían felices de volver al hogar si no hubiese ninguna esposa que les esperara. Quiten a la esposa del matrimonio y no habrá ningún divorcio. Pero entonces, podría preguntar alguien, ¿qué pasará con la próxima generación? Miren, conozco a algunos de la próxima generación; quizá no estaría mal que todo acabara aquí.

Una era cuando Zeppo salía de los bastidores y anunciaba:
"Papá, el hombre de la basura está aquí". Yo replicaba: "Dile que no queremos".
La otra era cuando Chico me estrechaba la mano y decía: "Me gustaría decirle adiós a tu mujer", y yo decía: "¿Y a quién no?".


¿Por qué estuve con ella? Ella me recuerda a ti. En realidad, ¡ella me recuerda a ti más que tú!

Bebo para que la gente sea más interesante.

Todos los hongos son comestibles. Algunos sólo una vez

Siempre fui moderado para fumar. Nunca más de un cigarro al mismo tiempo.

Hay muchas oportunidades en este paìs. Hace tres años yo vine sin un centavo en el bolsillo. Y ahora tengo un centavo en el bolsillo.

Es usted la mujer más bella que he visto en mi vida… lo cual no dice mucho en su favor.

¿Es usted el conserje de este barco? Quiero registrar una queja. ¿sabe quién se escabulló en mi cuarto a las tres de la mañana?
Nadie. Esa es mi queja.

Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros.

No sé lo que tienen para decir. De todas formas me es indiferente. Sea lo que sea, me opongo. Su propuesta puede ser buena, pero dejemos algo en claro. Sea lo que sea, me opongo.

¿A quién va a creer usted? ¿A mí o a sus propios ojos?

Jamás aceptaría pertenecer a un club que me aceptara como socio.

Nunca olvido una cara, pero en su caso estaré encantado de hacer una excepción.

He pasado una noche estupenda. No ha sido esta.

Disculpen si los llamo caballeros, pero es que no los conozco muy bien.

No piense mal de mí, señorita. Mi interés por usted es puramente sexual.

Nunca veo películas donde el pecho del héroe es mayor que el de la heroína.

Volveré en diez minutos, le doy mi solemne palabra de estafador.


Como amante, soy tan impresionante como un mago por radio

Manuel Puig


Maldición eterna a quien lea estas páginas

- No hay por qué afligirse, seguiremos viviendo, sin necesidad de ser felices.

-Le cambió la cara cuando la nombró, parecía contento de recordarla.

La idea de que se deba sentir algo muchas veces es la responsable de desencantos y depresión. La gente como usted se hace grandes ilusiones, para estas fiestas.

-Pero sí que hay otra cosa. Yo sé, porque la tuve, pero la perdí y ya no recuerdo lo que era.

Ramón J. Sender


Crónica del alba

Creo que pueden ir delante de este cuaderno como escuadras de heraldos con la bandera de la derrota, pero no de la desesperación.

Para ser simpático, un solterón tiene que ser o parecer un poco libertino. La gente quiere al solterón ligero de costumbres. Además, en todas partes los libertinos suelen ser buenas personas.

De la que no hablaba a nadie porque pensaba siempre en ella.

Pero ganar o perder en la vida no lo es todo y lo que importa es la manera de aceptar la dicha o la desventura; la vida es lucha en una forma u otra y en todas partes y en todos los tiempos y niveles sociales esa lucha es inevitable. Yo solía pensar: “Es bueno en todo caso estar en el lado de los que merecen vencer. Merecer la victoria puede ser tan bueno como tenerla y aun mejor: nos permite encararnos trágicamente con el destino y pedirle cuentas”. Solo a un español se le ocurre esto.

(...) cuando me vaya me pondré tan triste que parecerá que me duelen los dientes.
.
Yo estoy en sustancia de mis viejos rencores, que son amores vanos y sin satisfacción, y en ese lugar donde los sabios horrores se hacen oración.

(...) recuerdo esas cosas como los fantasmas de los muertos de la guerra deben recordar los días de su juventud.

Para mí, en aquellos días el recuerdo de Valentina comenzaba a ser el de una criatura irreal en un mundo también irreal, donde todas las cosas habían sido mejores. Eran tan buenas, que tal vez yo no las merecía, y por eso las había perdido o estaba perdiéndolas.

Una de las grandezas de la honradez es el inmenso poder que nos da. Y la valentía. Porque esta última no se puede dividir, y nadie que sea cobarde moralmente puede tener valor físico. La cobardía física y la moral van juntas.

(...) con su altivez acostumbrada de onanista, (...)

(...) el destino estaba haciendo uso de mis imprudencias.

No era mujer para enamorarse, pero sí para acostumbrarse a ella (que a veces es peor).

(...) las prostitutas suelen ser veraces, fingen menos que las otras en materia de opiniones.
.
.

El bandido adolescente
Lealtad por lealtad siempre está bien la que los amigos se guardan entre sí.



En la vida de Ignacio Morel

Porque a veces se miente por cortesía, por discreción, por cuidado de las conveniencias sociales, por respeto de la persona a quien se está hablando, para disimular una falta inocente que se ha cometido, para salvar la piel nada menos, para preservar la de un ser querido, para evitar una molestia a un hijo o a un hermano, por buen gusto (sí, por razones estéticas), por la necesidad de mostrarse ingenioso y hacer reir, por aturdimiento, por mimetismo, por locura pasajera, por generosidad, por espíritu de renunciamiento, por dar la impresión de que se está enterado, por evitar una discusión baldía, por ganar tiempo, por establecer una verdad ulterior obvia, por evitar a otro el choque de una verdad funesta, por dársela de persona refinada y leída, para eludir alguna torpeza, para evitar que lo tomen a uno por… embustero (porque la verdad es con frecuencia demasiado inverosímil), para encandilar, encantar, adular y seducir a alguien, para embobalicar a un superior, por pereza, por debilidad física y moral, por fatiga, por tener prisa y carecer de tiempo para exponer la verdad laboriosa, por piedad abstracta y no personalizada, por fantasía… habría que pensar en todo esto antes de juzgar al embustero y sobre todo antes de condenarlo. Las razones para mentir son tantas como para no mentir y muchas de ellas son igualmente respetables
.
.
- Mucho tiempo es siempre.
- Más tiempo es nunca. Pero el futuro dirá.


Hay formas de desesperación respetables. Y formas de esperanza ridículas

Allí no había sino una causa determinante: el destino. Pero este no actúa sin que nosotros le ofrezcamos los elementos adecuados para su acción.

(...) porque tenía alguna clase de rencor vengativo insatisfecho (contra alguna mujer).

Pero eso sería jugar con la vida. Y con la vida no se juega. Es ella quien juega con nosotros, y debemos bajar la cabeza y callar. Para jugar con la vida hay que estar fuera y encima de la vida, y eso se paga. Se paga con una especie de perplejidad eterna.

Porque lo único bueno del odio es que llega un momento en que se sacia del todo.
Y lo malo (o lo inefablemente angustioso del amor) es que no se sacia nunca (...) Que no se sacia nunca el amor. Eso es lo milagroso del amor. Y lo terrible.

La aventura equinoccial de Lope de Aguirre
.
Al llegar el turno de Lope de Aguirre, éste escribió con grandes letras: “Lope de Aguirre, traidor”.

Tal vez era demasiado joven y no había aprendido aún que el hombre, cualquier hombre, no necesita ni quiere tal vez ser amado, pero sí que necesita y quiere ser tenido en cuenta.

Hay carne fresca doquiera, por ahí, que tuve que madrugarles a los que preparaban mi muerte. Ellos me querían merendar y yo me los almorcé.

Pero yo voy siendo fuerte. Tengo que serlo más cada día, sin embargo, o cada día seré más débil, que así son las cosas en tiempos como los que vivimos.

"Sigo", leyenda inscripta en la bandera de Aguirre.

(...) no era supersticioso, ya que la superstición es la forma más frecuente del miedo al destino.

Este hombre anda fuera de sentido y no es necesario que le hayan dado filtros ni hierbas, porque basta con que la mujer nos aficione como la naturaleza lo tiene a bien para que poco a poco nos haga perder la razón.

(...) que hay mujeres en el mundo con las que vale la pena correr el riesgo.

La ventaja de Lope de Aguirre era, por el contrario, la del hombre íntegro, vibrador como un hilo de acero y encaminado derechamente a un solo propósito con todas sus potencias.

Entre los animales que descubrieron en aquellos lugares, uno de los más notables era el ave llamada tucán, del tamaño de un loro grande, pero con un pico enorme (más largo que el cuerpo entero del ave) y plumaje deslumbrador, cuyo macho -dijo un indio a Pedrarias- se dejaba morir cuando moría su compañera. Pedrarias, oyéndolo, pensaba: "Vaya, no sólo los hombres pueden conducirse estúpidamente cuando se enamoran."


De Raymond Chandler




La dama en el Lago
El whisky terminó por vencer, como siempre.






Yo no puedo encubrir un asesinato, ni aun por un billete de diez dólares.






Su desconsuelo tenía cierto sabor teatral como a menudo sucede cuando es verdadero.






Volví adonde estaba el whisky y traté en la mejor forma posible de remediar eso de estar demasiado sobrio.









Pero eso había sido ayer, y el ayer parecía hallarse a cien años de distancia, cristalizado en el tiempo, como una mariposa en el ámbar.






Pensé en todo eso de manera confusa, pero sin llegar a extraer conclusión alguna.












El sueño eterno






Saqué mi botella, bebí un trago y dejé que mi dignidad se las arreglara sola.






Tenía un problema planteado en el tablero para resolver en seis jugadas. No podía resolverlo, como la mayoría de mis problemas.






Fui a la cocina y me bebí dos tazas de café puro. Se puede tener resaca de otras cosas que no sean alcohol.






Tenía la austera sencillez de la ficción, más que la complicada trama de los hechos.






Tenía burbujas como falsas esperanzas.









Adiós muñeca






Las mujeres mienten sobre todo... para mantenerse en forma.






-Apuesto a que estaba preciosa- dije.



-No se estará emborrachando, ¿no?



-Creo que me han visto más sobrio.






Se deslizó delante de mí con un vestido que le ajustaba como la piel de una sirena.






Y después la solté lentamente como uno suelta un sueño cuando se despierta con el sol en la cara y uno ha estado en un valle encantado.
















































La ventana siniestra






Con una vaga sonrisa, como la de un hombre al que se le da una bebida que necesita imperiosamente, y a quien el primer sorbo le parece una zambullida en un mundo más limpio, más soleado, más luminoso.






Tuve una extraña sensación, como si hubiese escrito un poema muy bueno y lo hubiese perdido y no pudiese recordarlo.
























Playback







El trabajo duro es un pobre sustituto del talento.






Dejé la copa en una mesita baja sin siquiera probarla. El alcohol no era la solución. Nada era una solución excepto un corazón endurecido que no pidiera nada a nadie.


















La hermana menor






Empecé mal. Después de eso, hice lo que pude.









Olía tan bien como se ve el Taj Mahal al claro de luna.












El miedo al hoy siempre supera al miedo al mañana.















Me puse de pie y fui hasta el armario empotrado a mirarme la cara en el espejo. Era yo. Tenía un aire cansado. Había estado viviendo demasiado rápido.


















(...) tan débil como un lavarropas viejo (...) era tan difícil erguirme como a un elefante muerto.





















Caminé hacia ella, movimiento que siempre era un placer.


















Yo no tenía ningún apuro. El tiempo parecía haberme soltado. Lo mismo que casi todo lo demás. Estaba libre.















Y preferiría tomar un café negro, caliente y amargo como el infierno.









Una afeitada y un segundo desayuno me hicieron sentir un poco menos que un cartón viejo.






Cuando tuve la pipa llena, la encendí cuidadosamente, sin apuro, salí y bajé a la calle, tan tranquilo como un inglés después de una cacería de tigres.









El largo adiós












Un hombre que bebe demasiado en algunas ocasiones sigue siendo el mismo hombre de cuando está sobrio. Un alcohólico, un verdadero alcohólico, no es el mismo hombre ni mucho menos. No se puede predecir nada con certeza respecto de él, excepto que se convertirá en alguien a quien jamás conocimos antes.









Su esposo necesita un psiquiatra, señora Wade. Si es que conoce alguno que no sea un curandero.









Tuve esa buena suerte de la que uno goza únicamente cuando no le importa nada de nada.















Tomé dos tazas de café puro. Después probé un cigarrillo. Todo iba bien. Todavía pertenecía a la raza humana.












-Me temo que estoy demasiado sobrio.















Fue agradable mientras duró. Hasta la vista, amigo. No le digo adiós. Se lo dije cuando tenía algún significado. Se lo dije cuando era triste, solitario y final.
























Sangre española












-Mala cerveza, muchacho -dijo con tristeza-. Tan insípida como una rubia de prostíbulo.






Después de todo, sólo se encuentra lo que se espera encontrar.












El simple arte de matar








Es posible que los ingleses no sean siempre los mejores escritores del mundo, pero son, sin comparación alguna, los mejores escritores aburridos del mundo.






Todo lector escapa de algo al sumergirse en lo que hay detrás de la página impresa; puede discutirse la calidad del sueño, pero la liberación que ofrece se ha convertido en una necesidad funcional. Todos los hombres necesitan escapar en ocasiones del mortífero ritmo de sus pensamientos íntimos.






Estaré esperando




El lugar era más tranquilo que una oficina de Ministerio.




Parecía más aburrido que referí en una pelea de aficionados.




Después de beber dos tazas de café, sentí que volvía a ser el mismo de siempre, (...)




Era otra mañana luminosa y dorada, y parecía que de alguna manera las cosas tenían que corregirse por sí mismas en un día tan agradable.




Apuntes sobre la novela policial


El lector acepta que lo engañen, pero no con una estupidez.

Juan Filloy. Palíndromo


A la manía cocaína mala.

Salpicón mixto/pickles


Vargas Llosa
(...) sentía la cabeza como una lentísima ruleta. (Los jefes)

- Qué suerte la de ésa, que la quieran así. (Lituma en los Andes)



Krusty el payaso, de Los Simpsons
- ¿Qué tal Sr. Presidente? ¡Hice campaña con el otro candidato pero voté por usted!


Jefe Gorgory, de Los Simpsons
- A veces es más fácil la crueldad que la sinceridad.



Wilcock. El caos
Se encontró de pronto con el primer café abierto. Entró como el que vuelve de una alta montaña deshabitada y lejana o de un desierto de arena; como si se hubiera encontrado con el primer café abierto después del diluvio o de una explosión atómica.


Hugo Moyano
Los muertos se cuentan fríos


Cabrera Infante, Tres tristes tigres
El tiempo tiene también su ley de gravedad.





Manuel Vázquez Montalbán

.









El hombre de mi vida

La Charo de antes hubiera llorado vencida por las lágrimas, la Charo de ahora las interpretaba en el marco de una dramaturgia previamente imaginada.

Por un momento Carvalho pensó decir algo que ayudara a crear un clima de efemérides, bienvenida a casa, por ejemplo, pero fue rechazando fórmulas líricas y épicas (…)

No se debe dejar fumar sola a una mujer.
.
Enamorarme de ti es lo más solitario que he hecho en mi vida.

Sin duda ya, tienen razón los días laborables y se descubre que los festivos son inútiles desplazamientos, falsificaciones del supuesto octavo día de la semana.

Con un inconcreto proyecto de hacer algo más que angustiarse.

¡Cuántas maneras tiene de manifestarse la dialéctica entre el doctor Jeckyll y míster Hyde!

No te preocupes, esta angustia, este esquizofrénico comportamiento se nos pasará, tu memoria lo sabe y puede que saberlo te lo haga más triste.

(…) y no me pidas un ejemplo porque no se me ocurre. Estoy improvisando.


Se imaginó a la bruja vieja y gorda, cúbica, una casada frustrada y letraherida en busca de héroes de papel ya que no podía obtenerlos de carne y hueso.

De nuevo se puso en marcha la máquina trituradora del silencio.

Un abrazo sin entusiasmo, como de colega no de ideología sino de memoria o de paciencia histórica.

(…) la selección de las especies una chapuza. Ganó el más cruel.

Ha sido una larga ausencia, ausente pero presente, como si estuvieras allí donde yo estaba, en cualquier rincón de mi vida cotidiana.

Y esa relación de dependencia le sublevaba, dependencia hasta en el pensar, porque lo hacía para que ella leyera sus pensamientos y a veces se encontraba hablando a solas para que Yes le escuchara. Pero no quería llamarla para no entregarse demasiado (…)

(…) cuando los dioses nos regalan algo tan escaso como es la ilusión, es un acto de soberbia – imperdonable- rehusar.

[Carta de Yes] (…) no creo confundirme al pensar que también ha ayudado a desconcertarme cierta dosis –lógica- de vanidad por tu parte, el deseo de querer prolongar la sensación placentera del que se siente admirado (…) Tienes una necesidad de cariño que nunca consigues saciar, a ese problema se añade tu generosidad –entrañable- que te obliga a corresponder -¿agradecer?- a los que te quieren. Este comportamiento acaba siempre en un atasco que pocas veces consigues resolver, te obligas a mantener una puesta en escena de reciprocidad a las muestras de afecto que se te dan, como un modo de compensar y, a la vez, propiciar que te sigan queriendo. Ya que hablamos de cariño y afecto parece apropiado decir que estableces una dinámica de “abrazo mortal”, es decir, te haces trampas a ti mismo, te eres deshonesto. No me extrañaría que cuando te sientes –porque te sientes- tiranizado por tus Charos y tus Biscuters, demuestres tu enojo para, acto seguido, tratar de remediarlo dando nuevas muestras de cariño, con su consabido eco. Tienes mi admiración, mi afecto, mi respeto, me has devuelto la ilusión, los sueños, las quimeras, las dudas, todas las dudas. Celebraré si esto te reporta cualquier felicidad pero: na te debo y na me debes.


Milenio
.
(…) habían devuelto osadía al corazón de Carvalho, como si se hubieran borrado los calendarios y se sintiera otra vez en la dimensión absoluta de vivir y sentir.

Lo más parecido a la secuencia de Modesty Blaise en la que el malvado y sibarita personaje interpretado por Dick Bogarde, con el cuerpo enterrado en la arena y la cabeza expuesta a los cuatro soles de los cuatro horizontes, no pide agua, como suelen hacer los náufragos del desierto, sino champán.

- (…) me quedo hecho polvo cada vez que compruebo el desfase que hay entre lo que hacemos y lo que necesitamos hacer.
-Ánimo. Eso es muy profundo.

(...) el botellerío que les llenaba la mesa de estalagmitas.


Eric y Enide
Ni siquiera la memoria es fiable, porque queda como una novela subjetiva que nos hemos contado a nosotros mismos, con alguna ayuda de los otros. Y sin embargo reclamamos esa materia como vivificable. La memoria. La asquerosa memoria.

Vinieron como una rémora las pautas imaginarias de conducta adquiridas en los libros o en el cine.

Tememos perder incluso lo que no amamos.


El hombre de mi vida
El espíritu de lo que algunos pedantes llamaban “la posmodernidad” y que Carvalho pensaba era un tiempo tonto entre dos tiempos trágicos.




Escritos subnormales
No se puede renunciar al sueño hacia delante. Nunca. Aun sabiendo que todo futuro será imperfecto.

Con el tiempo, estos lacanianos acaban rindiéndose a Gardel.






El balneario
De alguna manera se venga de la época en que su conducta dependía de lo que leía.




O César o nada


- ¡Que me ganes tú es peor que perder!
.
(...) con lentitud de caracol herido (...)






Tres historias de amor
(…) para empezar el día congratulándose con el estómago, el verdadero corazón.

La capacidad de asumir desprecio tiene un límite

-Me han hecho reconocer que tengo una personalidad inmadura.
-Suele pasarles a algunas personas y a muchos melones.





Los pájaros de Bangkok
No hay ser humano que no recurra a algún modelo interpretativo dominante, sobre todo cuando le toca vivir situaciones anormales que hasta entonces sólo ha visto en el teatro, en el cine, en la televisión o quizá leído en las novelas.


A las penas puñaladas.


- ¿A cuántos subnormales conoció usted en la Universidad?
- No fue un cupo alarmante.
- Pero sorprendente sí, sea sincero.
- Sorprendente, sí.
- La burguesía tiene un gran talento camuflando a sus subnormales. Antes le bastaba con que tuvieran memoria y hasta podían llegar a médicos o abogados porque se sabían todos los huesos y todas las leyes. Ahora se estudia de otra manera y el alumno ha de demostrar mínimamente que entiende las cosas, pero le basta entenderlas como el profesor para prosperar sin dejar de ser un subnormal.



- No es que sea santo de mi devoción, pero es una mujer que vale mucho y de mucha cultura.
- No lo dudo. El mundo está lleno de seres que valen mucho, que tienen mucha cultura y que son inaguantables (…)





Historias de fantasmas
-Mal asunto. Las novelas policíacas no tienen nada que ver con la realidad criminal. Todo lo literario se basa en exagerar lo real. Las cosas que pasan tienen poco interés y los escritores las agrandan para amplificar artificialmente los límites de lo imaginado. Es como el que compra el doble de tela para hacerse un traje y luego la aprovecha toda. El traje siempre va grande.
-Es casi una teoría literaria. ¿Ha ejercido usted la crítica?
-¿A qué crítica se refiere?
-A la literaria.
-No critico a casi nadie, ni siquiera a mí mismo. Respecto a la crítica literaria, hace tiempo que no la frecuento. Los críticos son aún más parásitos que los escritores. Al trabajo improductivo le añaden una reflexión improductiva.
-Usted sabe más de lo que aparenta.
-Hice un curso de radiotécnica por correspondencia y no sabe usted lo que eso forma.





Lo cómico es una categoría inexistente, le había dicho alguna vez alguien o lo había leído. No hay nada sobre la capa de la tierra que no sea dramático en primera instancia y trágico en última. La risa es siempre el camuflaje de una calavera, (…)



- Tiene usted mucha fama por esta costa.
- Dicen que soy buena persona, pero soy un cabronazo. Dicen que soy un filósofo, pero soy un imbécil.




Asesinato en el Prado del Rey
(…) le daba 5 minutos para subirse al pedestal y luego le abandonaba a sus recuerdos o sus fantasmas con cualquier excusa. Todo hombre merece cinco minutos de ensoñación, de encontrarse a gusto consigo mismo. Era una máxima que Carvalho sólo utilizaba con los perdedores. Los otros no necesitan inventar los pedestales. Los compran.



Tal vez unos ojos interiores con los que contemplaba melodramas ya integrados para siempre en su mala educación sentimental.


El delantero centro fue asesinado al atardecer
- El hombre es un caníbal.
- Empezamos bien.
- Mata para alimentarse y luego llama a la cultura en su auxilio para que le brinde coartadas éticas y estéticas. El hombre primitivo comía carne cruda, plantas crudas. Mataba y comía. Era sincero. Luego se inventó el roux y la bechamel. Ahí entra la cultura. Enmascarar cadáveres para comérselos con la ética y la estética a salvo.


Mientras haya putas jóvenes, habrá arte contemporáneo, se dijo, y fue para él la prueba de que había alcanzado el grado deseado de surrealismo etílico.


Carvalho pidió su martini, a la espera del prodigio del sabor absoluto, quimera que el martini acepta como un ideal platónico, consciente de que jamás será descubierto del todo el secreto de su perfección.


La llamada de Basté le había cogido curándose de los efectos de una botella de tinto de Cacabelos que se había bebido a su propia salud, brindando consigo mismo en un repentino deseo de que la noche se convirtiera cuanto antes en somnolencia y olvido.



La rosa de Alejandría
Y lo más jodido será que para entonces todo el mar será un inmenso charco de mierda. El final de la aventura. Un asqueroso final para una hermosa aventura que hace siglos acuñó la frase: vivir no es necesario, navegar sí.


-Pienso en el horror de comer, relacionado con el horror de matar. La cocina es un artificio de ocultación de un salvaje asesinato, a veces perpetrado en condiciones de una crueldad salvaje, humana, porque el adjetivo supremo de la crueldad es el de humano. Esos pajaritos ahogados vivos en vino para que sepan mejor, por ejemplo.
-Excelente tema de conversación como aperitivo.




-------------------------------------------------------------------------------------------------

(...) tenemos unos filtros que muchas veces no nos dejan reaccionar correctamente delante de la provocación vital. Hemos leído demasiado, hemos visto demasiado cine, tenemos demasiados prejuicios como para reaccionar adecuadamente a lo que es simplemente una respuesta, (...)
[entrevista en Debate, 24 de octubre 2003]











-------------------------------------------------------------------------------------------------
→ Una curiosidad: canción compuesta por Vázquez Montalbán, canta Mª Dolores Pradera (click para ver video)

Vonnegut,Vonnegut,Vonnegut


Pájaro de celda
Puede fallar el amor, pero prevalecerá la cortesía.

Payasadas
La vida puede ser indolora si existe la tranquilidad suficiente para que una docena de rituales puedan ser repetidos interminablemente.


Madre noche

No creo que sea una moraleja extraordinaria. Sólo que, en esta ocasión sé cuál es: somos lo que pretendemos ser, así que debemos tener cuidado con lo que pretendemos ser.

Me quedé helado.
No fue el sentido de culpabilidad lo que me heló. Me había enseñado a mí mismo a no sentirme culpable jamás.
Tampoco fue un horrible sentido de pérdida lo que me heló. Me había enseñado a mí mismo a no desear nada.
Tampoco me heló el miedo a la muerte. Me había enseñado a pensar en ella como en un amigo.
Tampoco la rabia desconsoladora contra la injusticia. Me había enseñado a mí mismo que un ser humano encontrará con más facilidad tiaras de diamantes en las cloacas que recompensas y castigos justos.
Tampoco el pensamiento de que nadie me amaba. Me había enseñado a arreglármelas sin amor.
Tampoco el pensar que Dios era cruel. Me había enseñado a mí mismo a no esperar jamás nada de Él.
Lo que me dejó helado fue el hecho de que no tenía ningún motivo para moverme en una u otra dirección. Lo que me había impulsado a movilizarme durante tantos años muertos y vacíos había sido la curiosidad.
Y ahora, inclusive eso se había extinguido.
No sé decir cuánto tiempo estuve allí, helado. Si iba a moverme otra vez , alguien tendría que ofrecerme una buena razón para hacerlo.
Y alguien lo hizo.
Un policía me observó durante un rato. Luego se me acercó y me dijo:
-¿Está bien?
-Sí.
-Ha estado ahí parado mucho tiempo.
-Lo sé.
-¿Espera a alguien?
-No.
-Entonces es mejor que siga su camino ¿no le parece?-dijo.
-Sí, señor-dije.
Y seguí mi camino.
.
.
Buena puntería
Entré corriendo y subí al baño de hombres, observando en la carrera que alguien estaba pasando una enceradora. Me alivié y volví a estar tranquilo y a ser tan respetable como cualquier ciudadano o aun más. Por unos instantes me sentí extraordinariamente feliz y saludable, y entonces vi estas palabras garabateadas en los azulejos, sobre uno de los lavatorios.
To be is to do - Sócrates
To do is to be - Jean Paul Sartre
Do be do be do - Frank Sinatra
.
¿Quieren saber una cosa? Todavía estamos en la Edad Media. La edad del oscurantismo... aún no terminó.


Barbazul

Se suponía que si mirabas directamente a una Gorgona te convertías en una estatua de piedra. Les he contado eso a los chicos que había en mi piscina. Nunca habían oído hablar de las Gorgonas. No creo que hayan oído hablar de nada que no saliera por la tele hace menos de dos semanas.

¿Podría dormir bien con un símbolo del peor de mis fracasos del pasado aquí mismo, en esta propiedad? Esperaba que sí.

.
La Gran Depresión continuaba, y la estación y las calles estaban abarrotadas de vagabundos, igual que hoy en día. Los periódicos iban llenos de noticias sobre despidos de trabajadores y cierres de granjas y quiebras de bancos, igual que hoy en día. Lo único que ha cambiado, en mi opinión, es que, gracias a la televisión, ahora podemos esconder una Gran Depresión. Hasta podríamos estar escondiendo una Tercera Guerra Mundial.

Marilee dijo esto sobre la Nora de Casa de Muñecas: “Debería haberse quedado en casa y haberle sacado el mejor partido a las cosas”.

Sí, y ¿sabéis qué más decía el New York Times esta mañana? Los genetistas tienen evidencias incontrovertibles de que los hombres y las mujeres fueron una vez razas separadas. Los hombres evolucionaban en Asia y las mujeres evolucionaban en África. Fue simplemente una coincidencia que se interfertilizaran cuando se conocieron.
¡El clítoris, según la especulación del periódico, es el último vestigio del órgano de inseminación de una raza conquistada, esclavizada, trivializada y finalmente castrada de antropoides más débiles; pero no necesariamente más tontos!
¡Cancelen mi suscripción!

Dickens Historia de dos ciudades


Era el mejor de los tiempos, y el peor de los tiempos, era la etapa de la sabiduría y del aturdimiento, de la fe, era la época de la incredulidad, era el período de la luz y de las tinieblas, la primavera de la vida y el infierno de la desesperación. Teníamos todas las perspectivas y ninguna, caminábamos derecho al cielo y al abismo; en una palabra, era tan parecido aquel período al actual (…)

De Mempo Giardinelli


Mempo Giardinelli

El cielo con las manos
Aquellas cosas que le vengo contando, aunque sucedieron hace mucho, siguen vivas en mí. Aurora no ha muerto, jamás murió en mi memoria, y por eso ahora recobra tanta vida, genera tanto pánico. Yo no sé si la he seguido amando, si la amo todavía, pero sé que el amor que le profesé me marcó todos estos años. Y eso no es poquita cosa. Me quedé recordándola en silencio, queriéndola acaso, de manera impotente, concreta y tangiblemente inútil, sin atreverme a decírselo, a buscarla, a obligarla a ser partícipe responsable de lo que hizo. Porque un amor nunca es producto de una sola persona; no hay práctica unilateral en el amor. Ella fue responsable de que yo la quisiera. Y por eso tengo tanta bronca, también.
Ahora me siento doblegado. Ha de ser por eso que insisto en esta sensación de culpa, que seguramente no es sino la expresión de culpas viejas, de una rabia sólida como un dintel de madera de lapacho. Porque uno es tramposo, no hay caso: en vez de largarse a llorar, en lugar de reconocer que uno está hecho pelotas, opta por digresiones como ésta para retener su atención, para que no me deje solo, Jaime. No hay nada peor que el miedo a estar solo. Lo cual es una soberana estupidez, porque siempre estamos solos, porque a todos nos faltan las Auroras, porque todos alguna vez amamos a una Aurora que nos cagó la vida.
Y uno, entonces, se queda así. Aferrado a una oreja como la suya, pero para descubrir a cada momento que no tiene rumbo, que los rumbos no existen y sólo hay caminos que conducen a ninguna parte, escenarios que se cree recordar, caras que aparecen para luego esfumarse. Y hay, también, un amor y un odio así de grande, como éstos, que ya no sé cómo hacer para explicarlos, para racionalizarlos a fin de que duelan menos, porque la racionalización, usted sabe, es una manera de enfriar las cosas.


Vidas ejemplares
Lo que no me dolió al instante empezó a lastimarme después, como cuando te cortás un dedo con una Gillette.
.
(...) la espera fue dura, lenta, angustiosa. se nutrió de rutina, de ilusiones, de desconsuelos, y aun de ese frío inexplicable como el que uno siente en las noches de estío (...). Se nutrió, en el fondo, de una profunda ternura que yo llamaría pueblerina, inocente, y que me dio mucha rabia advertir.
.
(...) con esa tristeza infinita, pertinaz, inagotable.
.
cuando disqué tu número pensé en todo esto y cerré los ojos porque ansiaba tu voz segura, envolvente. Fui ingenuo.
.
Un hombre consigue engatusar en todo; salvo en lo de inteligente y valiente.


La revolución en bicicleta

(...) vos no entendés, vieja, nunca entendés esas cosas, un hombre necesita de vez en cuando estar en sitios inherentemente inútiles.

Los hombres siempre tenemos períodos de anestesia, en la vida, ¿no cree? Lo malo es cuando eso se convierte en letargo insensible, del que uno ya no se recupera.

(...) tenía justo el pretexto que me faltaba para superar la prudencia. Me sentía traicionado. Y a la traición se responde violentamente, porque el que se ablanda pierde. Y a mí no me gusta perder. A nadie le gusta.

(...) Tarea dura. Sobre todo cuando va pasando el tiempo, y la derrota empieza a doler más. Porque las derrotas duelen siempre mucho más en las perspectivas históricas. Cuando han pasado la calentura del combate y el desconcierto del momento.

Algo de Pérez Reverte






El capitán Alatriste
(…) era uno de esos hombres que necesitan coartadas que mantengan intacto, al menos, un ápice de propia estimación. En el tablero de la vida cada cual escaquea como puede; y por endeble que parezca, eso suponía su justificación, o su descargo. Y si no resultaba suficiente, como era obvio en sus ojos cuando el aguardiente asomaba a ellos todos los diablos que le retorcían el alma, sí le daba, al menos, algo a lo que agarrarse cuando la náusea era tan intensa que se sorprendía a sí mismo mirando con excesivo interés el agujero negro de sus pistolas.

Y a veces le oía canturrear en voz baja coplillas entrecortadas por los accesos de dolor, versos de Lope, una maldición o un comentario para sí mismo en voz alta, entre resignado y casi divertido por la situación. Eso era muy propio del capitán: encarar cada uno de sus males y desgracias como una especie de broma inevitable a la que un viejo conocido de perversas intenciones se divirtiera en someterlo de vez en cuando. Quizá ésa era la causa de su peculiar sentido del humor áspero, inmutable y desesperado.






Nunca como hoy han naufragado tantas cosas: la cultura, la memoria, la solidaridad, la política, la esperanza, la humanidad. En estos tiempos, Alatriste es un personaje que sugiere un modelo de consuelo, no de solución. Dice que aún queda la dignidad. Y que todavía es posible ser leal, consecuente y salvarse moralmente, ya que no colectivamente.
(Entrevista a A. Pérez Reverte. La Nación, 27/04/04)



El maestro de esgrima.

Una de las muchas virtudes que me precio de no poseer, señora, es el sentido práctico de la vida. Sin duda ya se habrá dado cuenta… Mas no tengo la pretensión de hacerle creer que haya en ello un móvil moral. Limitémonos, se lo ruego, a considerar el asunto como una cuestión de pura estética.
.
Las sombras de quienes pudimos ser y no fuimos... ¿no se trata de eso?... de quienes soñamos ser y nos hicieron despertar (...) Las sombras de aquellos a quienes una vez amamos y no conseguimos jamás; de quienes nos amaron y cuya esperanza matamos por maldad, estupidez o ignorancia...
- Sí. Veo que lo sabe perfectamente.
La cicatriz intensificó el sarcasmo de la sonrisa:
-¿Y por qué no habría de saberlo? ¿O acaso cree que sólo los hombres pueden tener una Troya ardiendo a sus espaldas?
.
Es hermoso no resignarse a olvidar.
.
Flotaba, sin embargo, una certeza en el aire: aquella noche, al término de la conversación que, en apariencia, tenía que haberlos acercado más el uno al otro, algo se había roto entre ambos, definitivamente y para siempre. Ignoraba qué, pero eso era lo de menos; lo inconfundible era el ruido de los pedazos al caer a su alrededor. La joven no iba a perdonarle jamás su cobardía. O su resignación.


El oro del rey
Lo difícil es pelear solo en la oscuridad, sin más testigo que tu honra y tu conciencia. Sin premio y sin esperanza.
.
A qué pasar hambre, si es de noche y hay higueras.
.
Era como si su mirada se paseara con toda libertad por mi interior.




El caballero del jubón amarillo 
- Creo que vuestra mereced ha bebido más de la cuenta.
- ¿Y cuál es la cuenta?
No supe qué responder, y nos quedamos un rato sin decir palabra.


La carta esférica
-
- Hágase cargo –concluyó el tipo-. Ellas desean que nos las tiremos. O más bien desean que deseemos tirárnoslas. Pero sobre todo desean que paguemos por ello. Con nuestro dinero, con nuestra libertad, con nuestro pensamiento…En su mundo, créame, no existe la palabra GRATIS.
Seguía allí, con el whisky en la mano como si tal cosa (…)
.

Él no era un intelectual, ni un seductor, y carecía de las palabras adecuadas. También era consciente de su físico tosco, sus manos rudas y sus maneras. Pero se habría levantado en ese momento, yendo hasta ella para tocarle el rostro, para besarle los ojos, la boca, las manos, de no suponer que el gesto sería pésimamente interpretado. Para tumbarla sobre la alfombra, acercar los labios a su oído y darle las gracias en voz baja por haberlo hecho sonreír como cuando era pequeño. Por ser una mujer hermosa y fascinarlo de aquel modo. Por recordarle que siempre existía un barco hundido, una isla, un refugio, una aventura, un lugar en alguna parte al otro lado del mar, en la línea difusa que mezcla los sueños con el horizonte.

(…) hizo honor al coñac, dejándolo deslizarse una y otra vez por su garganta hasta que todo empezó a distanciarse un poco, y la lengua y las manos y el corazón y las ingles dejaron de dolerle, y Tánger Soto volvió a ser una más entre los miles de mujeres que cada día nacen, viven y mueren en el ancho mundo, y él pudo comprobar que la mano que iba y venía hacia la copa y la botella se movía cada vez más como a cámara lenta.
La botella estaba por la mitad, justo un poco por debajo de la línea de flotación, cuando Coy, que conservaba un resto de prudencia, dejó de beber y miró alrededor. Todo parecía hallarse en un plano ligeramente escorado, hasta que se dio cuenta de que era él quien se encontraba sobre la mesa con la cabeza caída. Nada más grotesco, pensó, que un fulano mamándose en público, solo y a su aire. Entonces se levantó muy lentamente y salió a la calle. Anduvo procurando disimular su estado, siguiendo discreto con el hombro las paredes a fin de mantener la línea recta.
.
A fin de cuentas la vida es breve, y sólo de vez en cuando te pone delante mujeres como ésta. Por lo menos a mí no me las pone.

Siempre hay un tonto que pierde. Y si miras alrededor y no ves ninguno, es que el tonto eres tú.

Tú y yo podemos ser crueles por ambición, por lujuria, por estupidez o ignorancia… Para ellas, sin embargo… Llámalo cálculo, si quieres. O necesidad… un arma defensiva, a ver si me entiendes. Son malas porque se la juegan, y necesitan sobrevivir. Por eso pelean a muerte, cuando lo hacen. Esas putas no tienen retaguardia.

Luego, llegados a cierto punto, el alcohol se encargaría de teñir las imágenes en blanco y negro. Porque después de tantas novelas, tantas películas y tantas canciones, ya ni siquiera había borrachos inocentes. Y Coy se preguntó, envidiándolo, qué debía de sentir el hombre que por primera vez salió a la caza de una ballena, un tesoro o una mujer sin haberlo leído antes en ningún libro.

Lo hice recreándome en la suerte, como los toreros que no tienen apuro.
.

-¿Eso es malo?
- No sé si es malo. Sé que es triste.


El club Dumas

Todos tenemos un guiño de complicidad al referirnos a ciertos autores y libros mágicos, que nos hicieron descubrir la literatura sin atarnos a dogmas ni enseñarnos lecciones equivocadas. Ésa es nuestra auténtica patria común: relatos fieles no a lo que los hombres ven, sino a lo que los hombres sueñan.
Dejé aquellas palabras en el aire e hice una pausa, aguardando su efecto. Pero Corso se limitó a levantar el vaso de ginebra para mirarlo al trasluz. Su patria estaba allí adentro.
-Eso era antes- repuso-. Ahora los niños y los jóvenes y toda la maldita gente son apátridas que ven la tele.

No me gustan los regalos –murmuró Corso, hosco-. Una vez unos tipos aceptaron cierto caballo de madera. Artesanía aquea, ponía en la etiqueta. Los muy cretinos. Temo a los caballos de madera, a la ginebra barata y a las chicas guapas. Sobre todo cuando traen regalos.
.
(...) los recuerdos arrastran recuerdos (...)

.

La piel del tambor

Mejor un por si acaso que un quién lo iba a decir.

Eso no es una causa justa. Es un recurso personal. Cada uno se las arregla como puede.

(...) el rumor del tiempo que se extingue despacio, o más bien de uno mismo extinguiéndose con aquellas cosas del tiempo a las que se anclan la propia vida y la memoria.

(...) lo malo de las agonías largas es que uno se arriesga a perder la compostura.

Un gesto es una profesión de fe. Y aquello no hubiera sido honorable.

Buena planta y oliendo a dinero.

Nunca actúes bajo el primer impulso. Haz cosas que te diluyan la adrenalina, ocupa las manos y deja libre el pensamiento. Date tiempo.

Era una sonrisa ancha, inquietante. Malditas sean todas las mujeres del mundo, decía la sonrisa. Por su culpa estamos usted y yo aquí, mirándonos a la cara.

Pocas cosas hay tan trágicas en la vida como descubrir algo a destiempo.

Error: todo aquello que no produzca un beneficio a corto, mediano o largo plazo.

Sabía que era inútil -insistió Quart-. Un símbolo, nada más -se quedaba absorto, recordando- ... Pero hay momentos en que ese tipo de cosas tiene su importancia.

(...) experimentó la aguda certeza física de lo perdido: sensación de vacío, inmensa y desesperada tristeza. Caminaban ahora en silencio, pues todo estaba dicho entre los dos; y seguir hablando hubiese requerido palabras que ninguno quería pronunciar.

La campana lo obligaba a separar la espalda del rincón y salir a cuerpo descubierto al centro del ring, mirando las gotas de su propia sangre sobre la lona.

Recordaba aquello de que el plan se hace según la hipótesis más probable, y la seguridad conforme a la más peligrosa.

Serenidad como la que ella tiene y derrocha a cada instante.

La vida tiene dolorosos capítulos que es preciso olvidar a toda leche.

O tal vez, se dijo con una nueva y larga chupada al habano, sólo fuese nostalgia de su juventud, a secas. Y de los sueños que luego la vida se encarga de irte arrancando a mordiscos.


La tabla de Flandes

Nadie es capaz de escarmentar en cabeza ajena.

En materia sentimental, no hay que ofrecer nunca consejos ni soluciones... sólo un pañuelo limpio en el momento oportuno.

En la oscuridad están las mismas cosas que en la luz, sólo que no podemos verlas.
.
.



Cabo Trafalgar
Hay días, concluye, que redimen toda una vida.

Y en la duda, la más tetuda.

Si al marinero le dan de beber, o está jodido o lo van a joder.

.

El pintor de batallas

El hombre, recordaba haberle oído decir más de una vez, cree ser el amante de una mujer, cuando en realidad sólo es su testigo.
.
.

Limpieza de sangre
(…) en verdad era el orgullo lo único que nos iba quedando en el bolsillo.

Si es cierto que cada cual arrastra sus fantasmas, los de Diego Alatriste y tenorio no eran serviciales ni amables, ni tampoco grata compañía. Pero, como le oí decir alguna vez encogiendo los hombros con aquel ademán singular tan suyo, que parecía hecho a medias de resignación e indiferencia: cualquier hombre cabal puede escoger la forma y el lugar donde morir, pero nadie elige las cosas que recuerda.

No soy partidario de groseros alardes de taberna ni tampoco de nostalgias líricas; así que , pues el relato lo exige, zanjaré el asunto consignando que a cierto número amé, y que a algunas recuerdo con ternura, indiferencia o –las más veces- con una sonrisa divertida y cómplice: máximo laurel a que puede aspirar varón que sale ileso, con la bolsa poco menguada, la salud razonable y la estima intacta, de tan dulces abrazos.

Era tan bella como Lucifer antes de ser expulsado del Paraíso.

Ignoro si me ruboricé pronunciando tales palabras: mas hay cosas que uno debe decir cuando las debe, y si no lo hace arriesga lamentarlo toda su vida. Aunque a veces lo que lamenta después sea precisamente haberlas dicho.

Y del mismo modo que los amigos y las mujeres no se escogen, sino que te eligen ellos a ti, la vida (…)
.
.
El sol de Breda

Más vale un por si acaso que un quién lo diría.


La rendición de Breda, Velázquez



El asedio

-No se puede ganar siempre.



El puente de los asesinos
Cuando al soldado le dan de beber, o está jodido o lo van a joder.

Lo que, una vez más, pone de manifiesto que la ficción no es sino una faceta insospechada de la realidad, o viceversa.

(...) Y pocas veces metí la cabeza en nada sin meditar cómo sacarla. Otra cosa es que luego se pueda o no... Pero resulta saludable, y muy de soldado viejo, saber por dónde retirarse si mandan plegar banderas.


Ojos azules

(...) experimentaba una indefinible nostalgia de algo que apenas había llegado a conocer.

martes, 19 de mayo de 2009

Abelardo Castillo, citas.

Las larvas

La amistad, a diferencia de otros sentimientos, se mantiene intacta con la ausencia.


Las otras puertas

La palabra es una caricatura miserable. Quién puede explicar con palabras, aunque esté contando su propia vida, todo lo que induce a un hombre a entregarse, a venderse todos los días un poco, hasta llegar a ser como vos, viejo. Cuántas pequeñas canalladas, cuántas porquerías imperceptibles forman esa otra gran porquería de la que él habló: el alma. Pobre alma de miserables tipos que ya han dejado de ser hombres y son bestias, bestias caídas, arrodilladas de humillación.
Dijiste:
-Qué vergüenza, señor.


(...) surgió, repentina y gratuita, como un lamparón de crueldad. Y fue aceptada de inmediato; en medio de ese regocijo feroz de los que necesitan embrutecer sus sentimientos a cualquier costa porque después, más adelante, está la vida que selecciona sólo a los más aptos, a los más fuertes, a los tipos como él, (...)

Y su voz no tenía expresión, o sí. Creo que era triste, llena de una tristeza profunda e inexpresiva, como la tristeza.


Mi memoria suele ocasionarme disgustos. Generalmente retengo –o invento- detalles nimios, imágenes aisladas, un gesto a veces o una palabra, y se me escapan sin remedio los hechos históricos.


(…) yo no sé por dónde andarás ahora, pero cómo me gustaría que leyeras esto. Sí. Porque hay cosas, palabras, que uno lleva mordidas adentro, y las lleva toda la vida. Pero una noche siente que debe escribirlas, decírselas a alguien porque si no las dice van a seguir ahí, doliendo, clavadas para siempre en la vergüenza. Y entonces yo siento que tengo que decírtelo. Escuchame.

Es necesario que leas esto. Porque hay cosas que uno lleva mordidas, trampeadas en la vergüenza toda la vida, hay cosas por las que uno, a solas, se escupe la cara en el espejo. Pero de golpe, un día necesita decirlas, confesárselas a alguien. Escuchame.







El evangelio según Van Hutten


(...) soy ese tipo de personas que no entienden las cosas hasta que las recuerdan.

Tal vez sea una ilusión, pero es bastante más que lo que tiene otra gente.

El hecho de que, observado unos minutos a solas, yo diera la impresión de no valer la pena, no importa para qué, era más de lo que esa noche me hubiera gustado oir.

(...) con algo que podía reemplazar más o menos bien a la ternura.

- Le dije que no. Christianne me preguntó por qué.
- No sé si a tu edad lo entenderías- dije-. Supongo que necesito tener alguna excusa.

(...) soy de ese tipo de personas que sólo comprenden el significado real de las cosas cuando las recuerdan, que es igual a decir cuando las han perdido.

Esa mujer no sólo me tenía poca estima y desconfiaba de mí, sino que me detestaba, pero de una manera tan franca y, por decirlo así, tan natural y ajena a la maldad, que la admiré.

Pero sé que exagero y les atribuyo a los azares y destiempos de mi vida una excepcionalidad que no tienen.


Vladslac espera encontrar a alguien. No lo busca: sólo espera encontrarlo. Tiene una certeza que le permite vivir.

No bebo. Hay dos clases de personas que no beben: los abstemios y cierto tipo de alcohólicos.

-Otro punto a su favor- dijo- sabe elegir el tabaco. Así que en su juventud. Cuando un hombre de su edad dice mi juventud, algo anda mal. O ha dejado de creer en sus ideas o lo han desilusionado las mujeres.



Crónica de un iniciado

Nadie busca a otro cuando recuerda, por más que lo haya amado; sólo intenta recobrar lo que era él cuando existía el otro.
Creemos llorar a un muerto y lloramos por nosotros mismos. creemos evocar a una mujer y sólo anhelamos sentir, ver, tocar, lo que sintió, vio y tocó nuestro propio cuerpo. La memoria es hermana de la muerte; hace vivir lo que fuimos a expensas de la verdadera vida, que sucede y se agota ahora. Sin embargo, para ciertos hombres no hay vida más intensa que ese perpetuo regresar; y tal vez algunos consiguen el milagro de instalar el pasado en el presente.
Todo consiste en convivir ahora con los fantasmas de otro tiempo, traerlos de allá como se podría traer un objeto de un sueño(...)


No contesté. Me ponen nervioso ciertas respuestas de las mujeres. Me hacen pensar de qué hombre las habrán aprendido.

Ya es un poco tarde casi para cualquier cosa, acota uno de mis habitantes objetivos, el peor. Me he pasado la vida enfrentado conmigo mismo como ante varios antagonistas simultáneos, emperrados, astutícimos contrincantes que me acorralan, como ahora, en los momentos más inesperados.

Tengo la sospecha de que uno se interesa más por la vida real con cierto porcentaje de alcohol (...)

Violentamente giraste la cara y lo miraste con un rencor auténtico, un gesto que era al mismo tiempo una de las formas más intensas de tu belleza.

Hay algo inhumano en las mujeres. Eso quiero decir.

(...) y eso será una dicha inmerecida, una consumación y una venganza. Como si pudiera odiar y sentir ternura al mismo tiempo.

Yo también me hago preguntas. Yo también me pregunto por qué somos así. Por qué estamos tan cansados, por qué habiendo sido tan intactos, tan puros, tan generosos, un día nos despertamos con el corazón corrompido.
A mí también me gustaría saber por qué nos pasa lo que nos pasa. Yo creo que nadie lo sabe. perdemos una ilusión y no buscamos otra. Y un día creemos descubrir que vivir no es bueno.

Por eso las cosas que le pasan a un hombre se parecen siempre a él; lo que llamamos casualidad o suerte perra son atributos de la persona, autofatalidades, son algo así como la trenza con que cada uno va tejiendo la soga con que se ahorca.


Te pidió que te quedaras con él. Peor que pedírtelo: te lo insinuó, con recato y expectación. Con pudor argentino. Siempre fue patético y simulador.

Va a llevar años, eso sí. En cuanto a la vida, la vida que te espera, no es buena (...) será preciso que, en esta misma vida, hayas conocido el dolor y la locura sino la humillación, la vergüenza, la impotencia, la tristeza de lo irreparable y el horror del fracaso.

Buscar deliberadamente en las sensaciones lo que tienen de extraño, de dudoso, de equívoco, de ambiguo, cortejar las pesadillas, sacarse los pantalones de lo real y, a falta de lo que Natura non dio, enterrarse hasta las negras verijas en los pantanos del sueño, he ahí el jardín del infierno de muchas naturalezas purísimas. No hay sueños impunes. Y mucho menos si se sueñan cuando estamos despiertos.

El hombre nació para ser feliz, no para sufrir y hacer sufrir con la excusa de la poesía y la belleza.

Las mujeres ni lo sospechan, porque en rigor no tienen recuerdos. A lo sumo tienen memoria y gracias.

Hay una raza de tipos que no vive más que en la adolescencia.

Prueba de sobriedad: recitar los meses al revés.

La edad del hombre no se cuenta por años sino por esas imágenes que acumula la memoria, como la tierra acumula y superpone napas.

Se desvanecía como un fantasma entre sus manos.




El que tiene sed

Uno de esos instantes brevísimos que duran demasiado.

(...) y alguien debe corregir los errores del destino.

(...) esto va a ser más aburrido que zoológico sin monos.

¿Pispeaste el cacho de esplendor que andás buscando?

Y no son mis palabras, sino el tono: no es lo que estoy diciendo, sino lo que no puedo decir.

- ¿Sabe que usted entristece a la gente?

Nada en el mundo da tantas ganas de tomar whisky como contar sueños o evocar la infancia.

Estar contento una noche bien vale jugarse el destino.

Escribió sobre su cobardía y su egoísmo, y era consciente incluso del egoísmo y la cobardía que significaba la liberación de escribirlo.

Y además pienso en vos. Mucho. Me acuerdo mucho de vos, quiero decir (...). Lo que me acuerdo mejor es que hablabas todo el tiempo y, sin embargo, dabas la impresión de que se te podía contar todo. Creo que con nadie he hablado más que con vos.







1.- ¿Es la bebida causa de ausencia en su trabajo?
2.- ¿Hace desgraciada a su familia el hecho de beber?
3. - ¿Bebe usted porque se siente a disgusto con la gente?
4. - ¿Bebe hasta el punto de afectar su reputación?
5. - ¿Ha experimentado alguna vez remordimientos después de haber bebido?
6. -¿Ha experimentado dificultades financieras por el hecho de haber bebido?
7. - Cuando bebe, ¿frecuenta malas compañías o un ambiente de condición inferior?
8. - ¿Se olvida del bienestar de su familia cuando bebe?
9. - Desde que bebe, ¿carece usted de ambición?
10. - ¿Se siente obsesionado por el deseo de beber a ciertos momentos del día?
11.- ¿Desea usted tomarse una copa a la mañana siguiente?
12.- ¿Tiene dificultad para dormir después de haber bebido?
13.- ¿Han disminuido sus aptitudes desde que bebe?
14.- ¿Compromete la bebida su posición o su negocio?
15.- ¿Bebe usted para eludir las preocupaciones o las molestias?
16.- ¿Bebe usted a solas?
17.- ¿Ha sufrido amnesia a causa de la bebida?
18.- ¿Le ha tratado su médico contra el alcoholismo?
19.- ¿Bebe usted para reafirmar la confianza en sí mismo?
20.- ¿Ha estado internado en un hospital o en una institución a causa del alcoholismo?


Si ha contestado afirmativamente a una de estas preguntas, quizá sea usted alcohólico.
Si ha contestado afirmativamente a dos de estas preguntas, hay grandes posibilidades de que sea usted alcohólico.
Si ha contestado afirmativamente a tres o más preguntas, es indudablemente un alcohólico.
(Cuestionario utilizado por el hospital de la Universidad de John Hopkins, Baltimore.)



Teatro

Lo bueno del alcohol es que lo embriaga a uno.

Lo han visto emborracharse brutalmente, como si se odiara.

La mentira ¿entiende?, es lo que hace soportable al mundo.

Lechón que mira al cielo, cae redondo.

Porque el mundo es de los fuertes, y de los hermosos, y de los crueles.

lunes, 18 de mayo de 2009

Bioy Casares, Adolfo





La aventura de un fotógrafo en La Plata

-No hay estafador que no sea simpático: requisito indispensable para estafar.


El gran Serafín


Respiró la tonificante vanagloria, cumbre de júbilo que no alcanzamos en el transcurso de ningún hecho, sino después, ante el auditorio amigo, cuando nos pavoneamos.

Cuando mucho monologamos en la soledad, bordeamos la locura.

Las sospechas tienen verdadero talento para hallar su confirmación.

Hasta caer de viejos llevamos dentro a un adolescente sentimental.

Me describía como si me conociera, pero por desgracia el tono era despectivo.

El caballero se reconoce en que apechuga de tarde en tarde.

Hasta llegar al punto de saturación en que de veras no la aguantamos, una mujer no ha dado de sí cuanto puede.

Nadie se obstina a disgusto.

Para sembrar la vida de modestos triunfos, que tanto la mejoran, el hombre astuto no se conforma con la buena suerte sino que aporta su toque habilidoso.

La infalible mecánica del alcohol.

A continuación la incalculable realidad desplegó lo que no vacilo en describir como la culminación de mi vida, su noche más extraordinaria.

La vida está demasiado agolpada de cosas para que la vivamos fuera del recuerdo, que ni siquiera es ilusión.

Los topetazos de los años.

Una de esas máximas que justifican cualquier conducta.

Tiemblo al referirlo: por un interminable lustro su nombre no afloró a mis labios. El olvido no participó en ese monumental silencio. Perla estuvo en mi memoria, como en un santuario, y yo -pecador arrepentido, lastimero, enamorado- todos los días la visitaba allí.

El miedo no es zonzo, pero sí triste.

(...) es que uno vive solo, deseando encuentros imposibles.

Historias desaforadas


-¿Qué lo trae por acá?- preguntó, como si para hablar tuviera que sobreponerse al cansancio.

Empecé por no estar seguro, para después caer en remordimientos, quizás infundados, pero bastante vivos.
Durante largos años anduve sin rumbo entre un amor y otro: pocos para tanto tiempo, y mal avenidos y tristes.

Reflexioné que si no salía de dudas me preparaba un futuro angustioso, y que si preguntaba me exponía a recibir como respuesta una certidumbre capaz de volver imposible la continuación de la vida.

Esperar no me bastó; imaginé. Soñaba con nuestra reunión. Como un exigente director de cine, repetía la escena hasta el cansancio, para que fuera más triunfal y conmovedora. Muchos opinan que la inteligencia es un estorbo para la felicidad. El verdadero estorbo es la imaginación.

Lo más extraordinario, tal vez lo más triste, era que yo reaccionaba con indiferencia.

“Los sueños son convincentes”, se dijo, “pero no voy a permitir que la superstición prevalezca sobre la cordura. Es claro que la cordura no es fácil cuando hubo una desgracia y uno está solo y mal informado”.

El que se demora demasiado en examinar sus proyectos, no los ejecuta.

(…) me contó que la noche que nos cruzamos en la calle Montevideo soñó que yo la robaba en un automóvil Packard. Me sentí halagado, sobre todo por mi papel en el sueño, pero también por el automóvil. La vanidad es bastante grosera.

Y, en todo caso, no era más que un proyecto que tal vez nunca se cumpliera. Como quien razona para calmar a otro, se dijo: “Además, nada de esto me concierne”. No se calmó. Se entristeció más aún.

Extrañaba a la muchacha. Como sujetado a algo ajeno a su voluntad no la buscó ni la llamó. A lo largo de días, meses, años, que se fueron, según él “en un descuido” (…)

(…), vos inencontrable, tenía que agarrarme de algo. Un desesperado cree en cualquier cosa.
-Es verdad, en cualquier cosa.

(…) Lo que es yo, no voy a permitir que me contagien la angustia”. Iba a agregar “por lo menos hasta mañana a la mañana”, cuando se acordó de la otra angustia y se dijo: “Qué estúpido. Todavía tengo ganas de hacerme el gracioso”.


Historias de amor

(...) los mejores premios de la fortuna se nos dan gratuitamente y que tal vez para restablecer el equilibrio de la justicia resbalan como el agua entre las manos. Yo flotaba aún, mirando el techo, por íntimas lejanías (...)

Me excuso por relatar pormenores como éstos; indudablemente, son un poco ridículos, pero quedan en la memoria de un hombre y cuando reconoce que a pesar de todo en la vida hubo dulzuras y que vivirla valió la pena, ténganlo por seguro, está pensando en ellos.

Por detalles como éste uno descubre que está soñando, reflexioné, cuando regresaba. En verdad, todo el día parecía un sueño. De pronto me dije: "Con tal de que pensar estas tonterías no me traiga mala suerte. Con tal de que tardar tanto no me traiga mala suerte. Con tal de que no haya pasado nada malo". El miedo lo vuelve a uno supersticioso.

La verdad es que hasta al hombre más cobarde le llega la hora de hacer frente.

La verdad es que reclamamos lógica para los demás, y nosotros prescindimos de ella.

Yo he descubierto que es muy peligroso aplicar a la conducta ideas literarias.

Con dolor en el corazón, recordó que en alguna época había anhelado una seguridad como la que ahora tenía: la seguridad de que nada pudiera ocurrir.

En cuanto a nosotros mismos, nos imaginamos transparentes; no lo somos. Lo que sabe de nosotros el prójimo, lo sabe por una interpretación de signos; procede como los augures que estudiaban las entrañas de animales muertos o el vuelo de los pájaros. El sistema es imperfecto y trae toda clase de equivocaciones.

(…) lo que oye: yo sabía esto, pero lo había olvidado.

En todo hombre se embosca un traidor.

(…) y quiso la buena suerte que sin perder tiempo yo diera con una de esas máximas que justifican cualquier conducta.

Hubo un silencio en que oí el segundero de mi reloj.



El humor en la literatura y en la vida

Italo Svevo, minutos antes de morir, pidió un cigarrillo al yerno, que se lo negó. Svevo murmuró: “Sería el último”.

En tal sentido, si mis fuentes son veraces, Buster Keaton, el actor cómico, tuvo una muerte ejemplar. Alguien, junto a su cama de enfermo, observó: “Ya no vive”. “Para saberlo –respondió otro-- hay que tocarle los pies. La gente muere con los pies fríos.” “Juana de Arco, no” dijo Buster Keaton, y quedó muerto.


El último piso-¿Para brindar por mi error? Me parece muy bien.


Dormir al sol

La vida ahora me enseñó que el amor por las cosas, como todo amor no correspondido, a la larga se paga.

Creo que sonreí satisfecho, pues cualquier aprobación retempla a quien no las oye seguido, (...)

Yo me pregunto si algunas mujeres no necesitan disgustos y peleas para vivir en paz.

domingo, 17 de mayo de 2009

Eduardo Mendoza






El enredo de la bolsa y la vida

Encontrarla tal y como la había dejado me deprimió. No esperaba otra cosa, pero enfrentarse con la realidad no levanta el ánimo.

A mi edad uno no se hace muchas ilusiones, pero tampoco renuncia a las cosas buenas de la vida, especialmente si nunca las ha tenido.

-Al final -concluyó con abatimiento-, ya no sabía qué estaba haciendo allí. Sólo sabía que, fuera lo que fuese, no tenía el menor sentido.
-Esto que acabas de describir -le dije- se llama trabajar. Conseguirlo requiere estudio, esfuerzo, tesón y mucha suerte. Conservarlo, lo mismo. Confío en que la práctica te haya servido de estímulo.


La ciudad de los prodigios

Se ofendía con facilidad, le llevaba la contraria por sistema y se empeñaba en tener siempre la razón, tres síntomas inequívocos de debilidad de carácter.

A lo que respondía el ministro al día siguiente con expresiones como "ir con la hora pegada al culo" (por ir justo de tiempo), "ir de pijo sacado" (por estar abrumado de trabajo), "ir echando o cagando leches" (por ir a toda velocidad), "Sanjoderse cayó en lunes" (con lo que se invita a tener paciencia), "bajarse las bragas a pedos" (de dudoso sentido), etcétera; y se despedía diciendo "¡hasta la siega del pepino!", o cosa parecida.

No lo remordía el mal que había hecho, sino el haber subordinado a otros objetivos lo que ahora serían recuerdos entrañables. Este dolor, además de tardío, era muy egoísta.

De todo lo que me dijo ya no recuerdo nada, naturalmente. Y aunque lo recordara, pensó, ¿qué importancia tendría? Ahora aquel futuro ya es pasado.
.

Cuántas cosas han pasado, dijo a media voz; y sin embargo nada ha cambiado; los dos seguimos siendo los mismos, ¿no crees?; sólo que ahora la vida ha echado a perder lo poco que teníamos.
.
En realidad soy yo quien ha perdido. Yo creía que siendo malo tendría el mundo en mis manos y sin embargo me equivocaba: el mundo es peor que yo.
.
Ahora en cambio, cuando el tiempo se me va volando, no tengo prisa. He aprendido a esperar, pensó, ya sólo encuentro sentido a la espera. Y sin embargo es ahora cuando las cosas se precipitan.



El asombroso viaje de Pomponio Flato











No llores –le dije sentándome a su lado-. Los hombres no deben llorar. ¿Sabes por qué? Porque es signo de debilidad y la debilidad invita al abuso o a la compasión, dos cosas dignas de ser evitadas.

Nunca se me presentó la ocasión de cumplir mi promesa. El resto es vanidad y atrapar viento.


Cualquier cosa menos fe. La fe no entra en mi metodología. La credulidad, sí. El error también, pues siendo inevitable, su aceptación es camino cierto a la verdad y presupuesto de cualquier reflexión. Pero no la fe.



El laberinto de las aceitunas


Con lo que pasé sin transición, y como tantas veces me ha sucedido en la vida, de agudo espectador a perplejo protagonista.

Si haces preguntas tan directas nunca llegarás a nada.
.
Se arremangó el señor Ministro la camisa y advertí que llevaba tatuado en el antebrazo un corazón atravesado por un dardo y festoneado por esta lapidaria inscripción: TODAS PUTAS.
.
(...) entre la llamada del deber y las instigaciones de la conveniencia.

Mas la vida me ha enseñado que tengo un mecanismo insertado en algún lugar impermeable a la experiencia que me impide hacer cuanto pudiera redundar en mi provecho y me fuerza a seguir los impulsos más insensatos y los más nocivas tendencias naturales.


Pasó el tiempo y la marea imperceptible, pero incesante, de lo cotidiano fue desplazando mi desdicha hasta dejarla anclada en el limbo de la memoria que equidista el dolor y el olvido.


Pero la rueda de la fortuna, después de someterme a tanto afán y de haberme mostrado aquí y allá fogonazos de esperanza, me volvía a dejar proscrito, impecune, desnudo y, por si eso no bastara, aquejado de la más abyecta autocompasión.


Entre los muchos sentimientos contradictorios e inoportunos que en mi ánimo luchan con resultados generalmente nefastos no están el estoicismo preclaro ni la elegante resignación. Es triste constatar, al levar anclas, que jamás he poseído las virtudes más excelsas de la hombría: soy egoísta, timorato, mudable y embustero. De mis errores y pecados no he salido ni sabio ni cínico, ni arrepentido ni escarmentado. Dejo mil cosas por hacer y otras mil por conocer, de entre las que citaré, a título de ejemplo, las siguientes: ¿por qué ponen huevos las gallinas? ¿por qué el pelo de la cabeza y el de la barba, estando tan juntos, son tan distintos? ¿por qué nunca he conocido a una mujer tartamuda?, ¿por qué los submarinos no tienen ventanas para ver el fondo del mar?, ¿por qué los programas de televisión no son un poco mejores? Ítem creo que la vida podría ser más agradable de lo que es, pero es probable que esté equivocado, o que no sea tan mala, sino sólo una pizca banal. Tonto, indolente y desinformado he llegado a ser lo que soy; tal vez si hubiera sido más cerril habría llegado más lejos. Nadie elige su carácter y sólo Dios sabe quién y cómo juzga nuestros méritos. Si tuviera estudios lo entendería todo. Como soy un asno, todo es un enigma. No sé si me pierdo gran cosa.


- Es el fin- dije poniéndome en pie en un postrer conato de gallardía.
.
No seré yo quien te acuse de cobardía. a todos nos cuesta reconocer que en un instante ya irrecuperable lo apostamos todo a una sola vuelta de la ruleta antes de aprender las reglas del juego. Yo también creí que la vida era otra cosa. luego se sigue jugando, se gana y se pierde alternativamente, pero ya nada es igual: las cartas están marcadas, los dados están cargados y las fichas sólo cambian de bolsillo mientras dura la velada. La vida es así y es inútil calificarla de injusta a posteriori.
.
Pasé un largo período dedicado a la reflexión y, sobre todo, a la angustia.




Mauricio o las elecciones primariasEs un trabajo sencillo, aparentemente sin complicación. Esto no quiere decir fácil: todo se puede hacer mal, todo se puede echar a rodar por una imprudencia o por una distracción. No hay trabajo fácil.

El que sabe lo que quiere nunca ha de decidir nada. Ya lo tiene todo decidido.






Una comedia ligera

Los años pasan, siguió diciendo ella, y en vez de añadir algo a nuestras vidas, nos quitan lo poco que tenemos; siempre es lo mismo: deseamos una cosa con todas nuestras fuerzas, durante mucho tiempo, y cuando por fin la conseguimos, es demasiado tarde, o es menos de lo que imaginábamos, o descubrimos que en el fondo no la deseábamos con tanto ardor. Todos nuestros sueños son insignificantes cuando se materializan. En cambio, si perdemos algo, no hay consuelo. Así es la vida. Siempre lo supe, pero lo que no podía sospechar es que además todo ocurriera con tanta rapidez.

Por primera vez comprendía que todo se reducía a una fórmula sencilla: que los años no habían pasado en balde para él, que se había hecho mayor y que acababa de vivir el último verano de su juventud. Ahora se veía a sí mismo como lo que era: un hombre adulto sin oficio ni beneficio, y sin otro futuro que la nostalgia.

- Bueno, es posible que hoy haya venido aquí buscando precisamente esta humillación; sabe Dios cómo funciona el subconsciente.

Lo que ocurre es que a veces el destino nos enfrenta a situaciones para las que no sirven de nada ni nuestros afectos ni nuestros conocimientos.
.
Las personas viven dentro de una película contínua que se proyecta en el interior de sus cabezas; de cuando en cuando han de interrumpir la proyección y tomar contacto con la realidad, pero luego vuelven a apagar las luces y a sumergirse en la película que ellos mismos van escribiendo, dirigiendo y protagonizando.




La aventura del tocador de señoras

Cuando analizo mis motivaciones suelo incurrir en inexactitudes.

No sólo las apariencias externas, también las apariencias internas.

Las personas siempre cuentan muchas cosas cuando creen que alguien las escucha.

Por lo que no quedó de mi existencia otra constancia que la que yo mismo fui dando, con más tesón que acierto, por medio de mis actos.

Y de inmediato me di cuenta de haber incurrido por primera vez en mucho tiempo en una inofensiva mentira, y también de que lo había hecho movido por un súbito sentimiento de peligro, no porque desconfíe de las mujeres guapas, sino porque desconfío de mí cuando estoy en presencia de mujeres guapas.

Era la mejor solución o, en su defecto, la más sencilla.

Porque la vida no ofrece a nadie una segunda oportunidad y si la ofreciera, siendo los mismos que somos, no nos serviría para nada.
.
(...) ajustado a varios planes, todos distintos entre sí, todos malos, y todos dejados a medio hacer.






La verdad sobre el caso Savolta


En la vida se puede ser cualquier cosa, menos un llorón.
.
La naturaleza crea infinitos tipos humanos, pero el hombre, desde su origen, sólo ha inventado media docena de caretas.


Lo demás vendrá por sí solo, con el tiempo. La experiencia suele ser una sucesión de disgustos, fracasos y sinsabores que amargan más de lo que enseñan.


Moderación. No ataques, son ellos los que tienen que atacar. Tan sólo tienes que defenderte, y poco, no vayan a creer que los ataques te pueden dañar.
.
El aburrimiento corroía como un óxido mis horas de trabajo y de ocio, la vida se me escapaba de las manos como una sucia gotera.
.
Con frecuencia, en estos momentos de reflexión me digo que no se puede luchar contra el carácter y que nací para pereder todas las batallas. Ahora que la madurez me ha vuelto más sereno, ya es tarde para rectificar los errores de la juventud. La perspectiva de los años sólo me ha traído el dolor de reconocer los fracasos sin poder enmendarlos.

Hablamos poco; nada o demasiado tenía que decirle para sobrellevar una conversación; me fui, estuve paseando hasta muy tarde. Recuerdo que estaba triste, que maldije mi suerte, que era feliz.


Por fin María Coral rompió el silencio con unas simples y lógicas palabras que, pronunciadas en aquellas circunstancias, sonaban a declaración de principios:
- Tengo sueño. Me voy a dormir.
Era una iniciativa y me dispuse a secundarla sin replicar.


Vacilé, y en estos casos, ya se sabe, una vacilación equivale a una renuncia. O a una derrota.


Hay sucesos felices cuando acontecen y amargos en el recuerdo, y otros, insípidos en sí, que al transcurrir el tiempo se tiñen de un nostálgico barniz de felicidad. Los primeros duran un soplo; los segundos llenan la vida entera y solazan en la desgracia. Yo personalmente, prefiero éstos.


Trató por todos los medios de mostrarse natural y desenvuelto, pero la conversación se deslizaba sobre ruedas cuadradas.




El misterio de la cripta embrujada

Con este consuelo me metí en la cama y traté de dormirme repitiendo para mis adentros la hora en que quería despertarme, pues sé que el subconsciente, además de desvirtuar nuestra infancia, tergiversar nuestros afectos, recordarnos lo que ansiamos olvidar, revelarnos nuestra abyecta condición y destrozarnos, en suma, la vida, cuando se le antoja y a modo de compensación, hace las veces de despertador.

El transcurso de las horas era mi lacónico compañero de juegos y cada noche traía aparejada una triste despedida. De aquella etapa recuerdo que arrojaba con alegría el tiempo por la borda, en la esperanza de que el globo alzara vuelo y me llevara a un futuro mejor. Loco anhelo, pues siempre seremos lo que ya fuimos.

(...) y que no se acaba el mundo porque una cosa no salga del todo bien, y que ya habría otras oportunidades.

Es de los que dicen lo que no piensan. La mayoría procede al revés y es peor.

Estuve a pique de ponerme a llorar desconsoladamente. Pero me aguanté como un machote.


No respondí por no decir algo que pudiera obstaculizar el curso de sus pensamientos. Sé que nadie divaga tanto como el que se prepara a hacer una confesión y decidí tener paciencia.

El principio no era esperanzador pero ¿qué principio lo es?

(…) se me vinieron encima todos estos años de frustración y rencor. Quizá fue el resentimiento por una vida sacrificada a lo que yo creía tontamente una causa noble.

(…) con la agilidad que da el pánico

(…) y había gozado de unos días de libertad y me había divertido y, sobre todo, había conocido a una mujer hermosísima y llena de virtudes a la que no guardaba ningún rencor y cuyo recuerdo me acompañaría siempre.

No vivo mal. Los recuerdos han ido perdiendo nitidez. A veces desearía que mi suerte fuera otra, pero pronto se me pasa la melancolía. El aire es sano y me sobra el tiempo. Y en cuanto a otras necesidades, como te dije ayer, hago lo que puedo, que a veces no es mucho y a veces, bastante.
..
..
El año del diluvio(…) es propio de la naturaleza humana flaquear cuando los sueños empiezan a materializarse.
.

Soy hombre de pocas convicciones, pero la experiencia me ha enseñado a respetar el trabajo humano sobre todas las cosas; usted habla de él con ligereza porque quizá confunde trabajo y esfuerzo: no cometa ese error; el trabajo es esfuerzo, pero también es sabiduría y constancia; no es aplicar la fuerza bruta a la materia, sino saber qué se quiere hacer y por qué y cómo hay que hacerlo y luego llevar a cabo esa obra con fatiga, con inteligencia y con amor, aplicando en cada gesto la herencia de varios siglos de dedicación y propósito.



El último trayecto de Horacio Dos

Escasez. Gachas de arroz, medias raciones, para comer, y agua pútrida con clorofila para beber. Descontento general y conato de rebelión en el sector de Delincuentes. El primer segundo de a bordo propone gasearlos preventivamente. El segundo segundo de a bordo se muestra partidario de la disuasión, bien por juzgar más efectivo este sistema, bien para llevar la contraria al primer segundo de a bordo. Según el argumento de aquél, aun cuando los Delincuentes consiguieran adueñarse de la nave y desactivar los mecanismos de autodestrucción preventiva, ¿de qué les iba a servir, si el congelador está vacío? Es su argumentación, no la mía. Impecable si los delincuentes atendieran a razones. Ahora bien: si atendieran a razones, ¿serían delincuentes o habrían optado por una forma de vida más conforme a las normas sociales? La pregunta reviste cierto interés, pero sólo de índole teórico, por lo que queda pendiente hasta la próxima reunión de mandos.


Con objeto de valorar la situación y, preventivamente, de encontrar una Estación Espacial en el Astrolabio Digitalizado, llamo a consejo al primer segundo de a bordo. Antes de entrar en materia, y siguiendo enseñanzas recibidas en la Academia de mandos de Villalpando, dedico un rato a ganarme su voluntad: le colmo de elogios y, más importante aún, hablo en términos despectivos del segundo segundo de a bordo, al que me refiero siempre como "tercero de a bordo". Luego convoco al segundo segundo de a bordo y me dirijo a él llamándolo "primer segundo de a bordo". De este modo me aseguro la lealtad de ambos y fomento la desavenencia entre ellos. Luego designo espías para averiguar si ellos están tratando de hacer lo mismo entre sí con respecto a mi persona.

Interrogados al respecto, admiten haber consumido aguardiente y otras sustancias tóxicas y tener la intención de seguirlas consumiendo hasta agotar las existencias de que disponen, que son considerables.