sábado, 19 de enero de 2013

Mahfouz, Naguib. Palacio del deseo.

     
     Yo sólo ambiciono de la vida su esencia y su embriaguez, aunque sea a costa de penosos sufrimientos. Es más, tú participas en aquello que hace latir mi corazón y favorece esa criatura mágica: la memoria. No había prestado atención a su maravillosa importancia hasta que te conocí.

     (...) que lo había atrapado a él en la época de la adolescencia y había entretenido sus sueños. Sí. Eso también había ocurrido. Y por esta causa había soportado dos sufrimientos: el sufrimiento del deseo y el del remordimiento.


    -Mi esperanza era encontrar en ti, en tu embriaguez, un interlocutor divertido y agradable; pero eres como el enfermo a quien el vino agrava su enfermedad... ¿qué me contarás cuando te bebas el tercer vaso?

       -Qué agradable parece el mundo cuando el vino alegra el alma!

     Lo que es una perversidad de la vida es que no podamos prolongar la borrachera tanto como deseamos.

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