miércoles, 15 de julio de 2009

Enrique Symns


En busca del asesino
El futuro era un desierto desolado en donde sólo podían vislumbrarse los gigantescos volúmenes de las obras completas de la nada.

Las mujeres que me gustaban habían estado viéndome como si yo fuese una carretilla abandonada.

(…) y yo no lo sabía mientras me fumaba un porro antes de dormirme, en esa noche espléndida de verano de ese día inolvidable que todos nos merecemos transcurrir alguna vez en la vida.

Cogimos como si nos odiáramos.


(...) todos huyen de la maldita madriguera y convierten por una noche al mundo justamente en eso, un mundo. Porque los hogares son el hospital del mundo en donde el dolor de la existencia intenta ser vanamente mitigado por los siniestros cariños que allí se gestan.

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(...) la vida juega sus dramáticas partidas en las calles del zoológico y no en sus jaulas.
,
C. y P. 22

No escucho ninguna canción que no venga de tus labios. No me baño en ninguna pileta de natación que no esté llena de tu saliva. No leo ninguna noticia que no hable sobre ti. Si se mueren tres millones, recorro angustiado la lista y al no encontrar tu nombre grito: “¡Vamos, todavía!"

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