lunes, 15 de enero de 2018

M. John Harrison. Preparativos de viaje

(...) fogatas que volvían la noche ambigua (...)

(...) sólo las gruesas alfombras y los vestigios de prudencia atemperaban los chillidos de codicia y envidia, de indignación y creciente horror amorfo.
     -En fin -se decían una a otra, levantándose torpemente, mirando por encima de la mesa con gemidos de violencia encubierta-, estuvo precioso, de veras.

     Toda historia es una copa tan vacía que se puede beber de ella sin cesar.

     En una época leí todo lo que encontraba sobre el tema -dijo-. Creo que sé qué quiere decir la frase.

     Ya saben cómo es. El Chelsea pierde en su cancha dos a cero con el Portsmouth y uno quiere irse a casa y clavarse un hacha en la cara. Lo quiere hacer de veras, clavársela en la cara. Se lo dice a los amigos y ellos ni escuchan. Normalmente uno lo pensaría dos veces. ¿Qué clase de ruido hará? Eso lo intimida. Pero esta vez uno piensa: "Dos a cero. Pero sí, qué tantas vueltas. Agarro y lo hago. Esta vez sí que lo hago. Chonc. Hachazo en la cara".
     Es fácil. Hay quien lo hace y ni siquiera por el fútbol.

     (...) y me pasé el resto de la noche escuchando aterrizar aviones en el aeropuerto de Manchester, al oeste, cada cual tronando por su declinante espiral de insatisfacción.

     Los jóvenes pueden encogerse de hombros, raparse, hacer horas de cola bajo la lluvia para conseguir una entrada, estrellarse con una moto, jugar con un arma. Pero los demás estamos en hilera, con un elegante toque gris en el pelo, mirando pasar los coches, preguntándonos si alguna vez nos atreveremos a cruzar de nuevo la calle.

     Dijo que empleaba citas de otros porque en sus propias opiniones le costaba confiar.



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