miércoles, 10 de mayo de 2017

McEwan, Ian. Chesil Beach.

     Años después, cada vez que Edward pensaba en ella o hablaba mentalmente con ella, o imaginaba que le escribía o que se la encontraba en la calle, se le antojaba que hacer un relato de su propia vida le habría llevado menos de un minuto, menos de la mitad de una página. ¿Qué había hecho de sí mismo? Se había dejado llevar por la corriente, medio dormido, poco atento, sin ambición, sin seriedad, (...)

     Los personajes de esta novela son ficticios y no guardan ningún parecido con personas vivas o muertas. El hotel de Edward y Florence -casi dos kilómetros al sur de Abbotsbury, Dorset, que ocupa una posición elevada en un campo, detrás del aparcamiento de la playa- no existe.



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