lunes, 21 de mayo de 2012

Melville, Moby Dick



(...) no sabiendo qué hacer de mí mismo, decidí pasar el resto de la velada como observador.

(...) Pero debo contentarme con otra ilustración conclusiva, muy notable y significativa, por la que no dejaréis de ver que el acontecimiento más maravilloso de este libro no sólo queda corroborado por hechos evidentes en los días actuales, sino que esas maravillas (como todas las maravillas) son meras repeticiones a través de las épocas; de modo que por millonésima vez decimos Amén a Salomón: Verdaderamente no hay nada nuevo bajo el sol.

La ballena, diréis, no tiene ningún escritor famoso, ni la pesca de la ballena tiene cronista célebre.

(...) y por eso sus compañeros lo llamaban loco. Así, la locura del hombre es la cordura del cielo; y, alejándose de toda razón mortal, el hombre llega al fin a ese pensamiento celeste que para la razón es absurdo y frenético; y, para bien o para mal, se siente entonces libre de compromiso e indiferente como su Dios.


Pues, dicen ellos, cuando se navega en un barco vacío, si no se puede sacar cosa mejor de este mundo, saquemos de él por lo menos una buena comida.

Puedes cegar, pero entonces puedo andar a tientas. Puedes consumir, pero entonces puedo ser cenizas.

Fontanarrosa (fragmento)

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