lunes, 21 de noviembre de 2011

Mendoza, Eduardo. Riña de gatos: Madrid 1936



(...) experimentaba los lacerantes remordimientos del traidor neófito.

Por suerte una propina soluciona cualquier problema de un modo satisfactorio. En este país todo se arregla con una buena propina. Cuando llegué me costaba entenderlo pero ahora me parece un sistema magnífico: permite mantener los sueldos bajos y al mismo tiempo escenifica la jerarquía. El trabajador cobra la mitad y la otra mitad se la tiene que agradecer al amo redoblando el servilismo.

-¡Válgame el cielo, esa cabecita loca los hace ir a todos de coronilla! ¿Qué les dará?
-Lo que dan siempre las mujeres, don Alonso: falsas esperanzas.

Si lo hubiera visto, quizás habría sido fulminado por el brillo cegador de la falsedad, como usted. Lo más fácil del mundo es ver lo que uno desea ver. Si no fuera así, los hombres no se casarían con las mujeres y la Humanidad se habría extinguido hace milenios. Darwin lo vio claro.

La memoria es flaca, idealiza, es negligente, los recuerdos se intercambian datos entre sí.

-El orden de los factores no altera el producto -dijo Paquita con la inconsecuencia de quien no está dispuesto a que la lógica se interponga en el camino de su determinación-(...)

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