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jueves, 2 de enero de 2025

De Santis, Pablo, La hija del criptógrafo

 Una promesa es una mentira postergada.

Hacía calor, y el ruido monótono del ventilador de techo parecía susurrar que todo es igual siempre, que nunca pasa nada, y que no hay mayor placer, en esta vida de rutinas, que tomar un café en un bar sin que nadie interrumpa.

Somos distraídos, ambiguos, inconstantes; pero queremos que los demás sean de una sola pieza.

No sé si los buenos deseos se cumplen, pero los malos son infalibles.


martes, 15 de octubre de 2024

De Santis. La cabalgata de las valquirias

      La búsqueda debe ser metódica y desapasionada: eso nos enseñan. Cuanto más atrapados estemos en los sargazos de la conjetura, más riesgos corremos de encontrar indicios que corroboren esas conjeturas. Se lo llama, en investigación policial, el "sesgo del hallazgo": tendemos a encontrar en la realidad lo que ya hemos hallado en nuestra mente.

     Sacó una Parker plateada de su bolsillo. Tinta negra. Los médicos siempre usan tinta negra, por si tienen que hacer enmiendas a las historias clínicas. Hay muchas variantes de azul, pero solo un ojo entrenado podría distinguir los matices del negro.

     Me arrepentí de mis palabras. Mi padre me dio muchos consejos a lo largo de los años, pero uno solo sensato: "nunca des explicaciones".

     (...) le gustaba el momento en que el ciervo se daba cuenta de que vivía en un universo malvado. Yo también me di cuenta de que vivía en un universo malvado. Pero no soy un ciervo. Un ciervo no deja señales. Abre los ojos y acepta la bala que le ha tocado en suerte. Pero los hombres podemos dejar señales.

jueves, 21 de marzo de 2024

De Santis. Las plantas carnívoras

 (...) terminé mirando "Bonanza", que ni siquiera me gustaba, por esa seducción fácil que tienen las cosas conocidas.


Cada casa era como un museo armado por sus habitantes, y los objetos resumían sus vidas, y a través de ellos no se veía otra cosa que conformidad, hastío y decepción.


(...) tenía el aire de venir de un lugar remoto, de esos lugares a los que uno siempre soñó ir y no fue.


Aquel bar era el lugar más deprimente que se podía imaginar. Me gustó de inmediato.


Se acercó sin apuro, sonriendo. Estaba enfermo y probablemente arruinado, pero había tanta elegancia, tanta seguridad en sus pasos como si acabara de conquistar una ciudad. Todos los fracasos no lo habían ni siquiera rozado; cada vida es un idioma distinto, que sólo desde adentro se puede traducir.


Yo a veces me quedaba pensando en mis vidas posibles, en esos caminos que uno no tomó o no pudo tomar, imaginando las consecuencias de esas decisiones: es un juego estúpido, y no lo recomiendo a nadie. Peor que pensar qué hará uno en el futuro (lo que también es un juego estúpido que tampoco recomiendo a nadie).

lunes, 9 de enero de 2023

Cortesía. De Santis

 (...) habían empezado a tratarse con esa cortesía que sólo se conserva para los enemigos.

(La sexta lámpara)

miércoles, 14 de septiembre de 2022

Breves De Santis

 Mientras la escuchaba me había concentrado para retener en mi memoria todo y tuve la sensación de poder hacerlo; pero ahora que había terminado ya no quedaba nada. Sentí como si se arruinara a la intemperie, en un instante, un libro precioso. (Los signos)


Creía que la desdicha era sensatez, la obsesión responsabilidad, y la amargura virtud. (El calígrafo de Voltaire)

 

 

jueves, 2 de septiembre de 2021

De Santis, Pablo. Los anticuarios

 -No meta más papeles en mi casa -me decía-. Yo le alquilo la pieza para dormir, no para que haga la Biblioteca Nacional. Tenga en cuenta que los libros pesan. En una pensión de la calle Paraguay el piso se vino abajo. Y además los libros envenenan la sangre. La tinta pulverizada es un veneno que flota en el aire. Donde hay muchos libros la gente se enferma.


En las novelas policiales todo es conspiración, conjura, secreto. Todas las cosas terminan por encajar, por tener un sentido.  ¿No ha visto cómo, dispersos por ahí, hay objetos perdidos, un paraguas roto, un zapato sin cordones, la carta de una mujer, una cajita de fósforos? Pero al final esos objetos que parecían ser parte del azar se convierten en señales del destino. Así, siempre que leemos, vemos cómo todo se completa, nos permitimos soñar con la unidad perdida y reencontrada. Las novelas policiales simulan ser racionalistas, pero son lo único que nos queda de la mística.


Las mujeres lindas viven en un mundo distinto, en una Suiza privada, donde toda la gente es puntual, donde nunca nadie falta a una cita.


Luisa me llamó un día al diario. Me quedé mudo frente al teléfono: yo ya la adoraba con esa veneración sin fallas que se reserva para las mujeres perfeccionadas por la ausencia.


Hizo que la acompañara a la cocina, me sirvió un poco de mate cocido y unas vainillas. Recuerdo la taza blanca, con el asa grande, el borde astillado. La memoria nos deja ese sedimento: detalles sin importancia que son la marca de la realidad. Hablamos de tonterías, no de lo que nos incumbía. 


-Estoy acostumbrado al papel viejo. Además, yo siempre releo los mismos libros. Nunca los leo enteros: sólo páginas, capítulos sueltos.
-Yo no me conformaría con eso. Cada libro es una totalidad.
- Eso es una ilusión. Es como decir que una vida es una totalidad. Aunque sea una larga vida, una muy larga vida, nada se completa. Sólo hay capítulos sueltos.


Las historietas, los tangos, las novelas policiales: tarde o temprano descubrimos que dicen la verdad.


(...) muy a menudo las cosas que salen mal empiezan bien, y un segundo antes de caer en la trampa nos decimos qué fácil es la vida.


Calisser me respondió sin ganas, con esa falta de entusiasmo en el rechazo que hace más acabado su efecto. Decir no sin ganas es como decir: yo no te niego nada, te lo niega la compleja máquina del mundo

miércoles, 28 de abril de 2021

De Santis. Vida, felicidad

      Hubo unos días en que fui feliz. Es inútil hablar de la felicidad, porque carece de toda señal extraordinaria, no es otra cosa que una luz distinta sobre las cosas de siempre.


     Bebí la última gota de café y estrujé el vaso descartable: así lo agregaba también a la lista de cafés a través de la cual podía contar mi vida y la de cualquiera.  

( De El teatro de la memoria)

jueves, 11 de noviembre de 2010

De Santis, Pablo




El enigma de París



Cuando uno toca aquello con lo que ha soñado, lo que le sorprende no son los detalles sino el hecho de que se trate de algo real, compacto, cerrado sobre sí mismo, sin esa urgencia por cambiar de forma que tienen las personas y las cosas en los sueños; es un deleite y una decepción a la vez, porque significa que la fantasía tenía una base real, pero también que la fantasía ha terminado.


Había en ese encono algo puro y verdadero que no se parecía en nada al resto de su vida. Aquel odio era él.


Sé, por experiencia propia, que nadie es aquello que quiso ser: todos aspirábamos a otra cosa distinta, un ideal que no quisimos manchar acercándolo a la vida real.



--La experiencia es engañosa: nos enseña que alguna vez ya hicimos esto que estamos haciendo ahora. Nada más falso. Todo ocurre por primera vez.


(...) adoptó el tono grave y ambiguo de quienes han aprendido que nada se parece tanto a la sabiduría como la imprecisión.


--Entonces fue un sueño --dijo--. Eso no es tan malo, después de todo. Un sueño puede volver a soñarse.


--Pero los niños dejan de ser niños. Y aquello con lo que soñaban se transforma, se borra, se corrompe.
--Yo sigo soñando con las mismas cosas --respondí, sin saber si mentía o decía la verdad.