(...), me sentí como un hindú que se zampa una hamburguesa.
Las palabras "ciudad china" suponían un horror peculiar para mí, como decir "lavabo ruso", "cárcel turca" o "ética periodística". Bajo la fría lluvia de invierno, con sus bloques de pisos agrietados y cubiertos de hollín, las calles enfangadas, los árboles raquíticos y el cielo de color pardo oscuro alcanzan su peor aspecto.
(De En el gallo de hierro)
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viernes, 8 de marzo de 2019
martes, 25 de febrero de 2014
Theroux, Paul. El archivo del cónsul.
(...) Lo único que recuerdo es que deseaba que ocurriese algo que nunca ocurría.
(...) gracias a la repetición nuestras conjeturas cobraron el perfil y la autoridad de hechos.
sábado, 23 de marzo de 2013
Theroux, Paul. La costa de los mosquitos.
-La ciencia ficción hizo concebir a la gente más falsas esperanzas que dos mil años de Biblias -dijo Padre-. ¡No eran más que mentiras! El programa espacial... ¿te refieres a eso? Un desperdicio vacío y jactancioso del dinero del contribuyente. ¡No hay futuro en el espacio! Me encanta la palabra... ¡espacio! Eso precisamente estaban descubriendo... ¡espacio vacío!
Los días eran largos e ininterrumpidos como una frase sin comas, y nos sentíamos perdidos.
La aflicción es un sentimiento tardío, cuando la tristeza se sedimenta y hace de la memoria algo pesado y sin esperanza.
domingo, 7 de octubre de 2012
Theroux, Paul. Kowloon Tong
A Bunt le molestaba que el señor Hung hablara bien el inglés. Los chinos de Hong Kong que hablaban el inglés con fluidez siempre eran los más traicioneros. Eran de los que menos te podías fiar, nunca podías creerte lo que decían. Efusivos, falsos, burlones; y su buen inglés significaba que se habían educado en otra parte, fuera de la colonia, donde se habían vuelto desdeñosos y engreídos. Los peores eran los que tenían acento norteamericano. A Bunt le gustaban los lugareños y su mala pronunciación. Loa graduados de las escuelas de Hong Kong no solían hablar bien el inglés y eso ayudaba a conservar intacta la división entre las clases sociales.
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