Los segundos podían contarse con almanaques.
"Tu piedad debe ser más fuerte que mi amor". Y tenía saña en la cara al decirlo. Porque su querer era tan fuerte como su odio
(otra falsa autobiografía fixticia en citas más)
Los segundos podían contarse con almanaques.
"Tu piedad debe ser más fuerte que mi amor". Y tenía saña en la cara al decirlo. Porque su querer era tan fuerte como su odio
(...) con decisión, como alguien que va a comprar un revólver.
Pero algo querrá decir si aquellas antiguas jornadas siguen rociando la memoria de un rubio polvo dorado. Ciertas veces me parece envejecer encadenado a mi memoria, como envejecen en las cavernas los dragones custodios junto al tesoro. Sin que nunca llegue de fuera un solo paladín a desafiarles. ¡Pobres y rugosos dragones, con su cuerpo de escamas como estípites de olivo, encarcelados en la oscuridad, en espera de un espadón que les reluzca delante y compense su paciencia! Mientras pasan los años, y una herrumbre verde crece en las cerraduras de las arcas, y una gotera del techo de roca mide a largos intervalos el tiempo y el silencio.
Y lo que narraba era como islas refulgentes que flotaban y se extinguían con la lenta rapidez, para nuestro tiempo humano, de las estrellas.
(En esta dulce tierra)
Fue una década difícil. Pasaron muchos años pero haberla sobrevivido no comporta otro mérito que añorarla, algo que pasa con el tiempo recaudado por cada uno y que no tiene otra luz ni otro color que el que le asigna cualquier persona recordando. Y los años son lo mismo para cualquiera: tiempo perdido.
Solo quedó, por olvido o por alguna misteriosa razón -o porque el olvido es una misteriosa razón- (...)
Con el transcurrir del tiempo, todo había ido quedando atrás. A una velocidad casi increíble.
Sentimientos que en cierto momento jadearon con violencia en su interior fueron perdiendo rápidamente sus colores, adoptando la forma de viejos sueños sin sentido.
En retrospectiva (...) la mayoría de las cosas parecen bonitas.