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martes, 26 de julio de 2022

Dichos de Aguirre

     No andan mal encaminados. A su tiempo vienen las uvas; a la hija muda su madre la entiende, y a quien quiere bailar poco son le es menester.

(El camino de El Dorado, Uslar-Pietri, Arturo)

jueves, 5 de enero de 2012

Carta de Lope de Aguirre al Rey Felipe II (1561)


Rey Felipe, natural español, hijo de Carlos, invencible: Lope de Aguirre, tu mínimo vasallo, cristiano viejo, de medianos padres hijodalgo, natural vascongado, en el reino de España, en la villa de Oñate vecino, en mi mocedad pasé el mar Océano a las partes del Pirú, por valer más con la lanza en la mano, y por cumplir con la deuda que debe todo hombre de bien; y así, en veinte y cuatro años, te he hecho muchos servicios en el Pirú, en conquistas de indios, y en poblar pueblos en tu servicio, especialmente en batallas y reencuentros que ha habido en tu nombre, siempre conforme a mis fuerzas y posibilidad, sin importunar a tus oficiales por paga, como parescerá por tus reales libros.
Bien creo, excelentísimo Rey y Señor, aunque para mí y mis compañeros no has sido tal, sino cruel e ingrato a tan buenos servicios como has recibido de nosotros aunque también bien creo que te deben de engañar, los que te escriben desta tierra, como están lejos. Avísote, Rey español, adonde cumple haya toda justicia y rectitud, para tan buenos vasallos como en estas tierras tienes, aunque yo, por no poder sufrir más la crueldades que usan estos tus oidores, Visorey y gobernadores, he salido de hecho con mis compañeros, cuyos nombres después te diré, de tu obediencia, y desnaturándonos de nuestras tierras, que es España, y hacerte en estas partes la más cruda guerra que nuestras fuerzas pudieren sustentar y sufrir; y esto, cree, Rey y Señor, nos ha hecho hacer el no poder sufrir los grandes pechos, premios y castigos injustos que nos dan estos tus ministros que, por remediar a sus hijos y criados, nos han usurpado y robado nuestra fama, vida y honra, que es lástima, ¡oh Rey! y el mal tratamiento que se nos ha hecho. Y ansí, yo, manco de mi pierna derecha, de dos arcabuzazos que me dieron en el valle de Chuquinga, con el mariscál Alonso de Alvarado, siguiendo tu voz y apellidándola contra Francisco Hernández Girón, rebelde a tu servicio, como yo y mis compañeros al presente somos y seremos hasta la muerte, porque ya de hecho hemos alcanzado en este reino cuán cruel eres, y quebrantador de fe y palabra; y así tenemos en esta tierra tus perdones por de menos crédito que los libros de Martín Lutero. Pues tu Virey, marqués de Cañete, malo, lujurioso, ambicioso tirano, ahorcó a Martín de Robles, hombre señalado en tu servicio, y al bravoso Thomás Vázquez, conquistador del Pirú, y al triste Alonso Díaz, que trabajó más en el descubrimiento deste reino que los exploradores de Moisés en el desierto; y a Piedrahita, que rompió muchas batallas en tu servicio, y aun en Lucara , ellos te dieron la victoria, porque si no se pasaran, hoy fuera Francisco Hernández rey del Pirú. Y no tengas en mucho al servicio que tus oidores te escriben haberte hecho, porque es muy gran fábula si llaman servicio haberte gastado ochocientos mil pesos de tu Real caja para sus vicios y maldades. Castígalos como a malos, que de cierto lo son.
Mira, mira, Rey español, que no seas cruel a tus vasallos, ni ingrato, pues estando tu padre y tú en los reinos de Castilla, sin ninguna zozobra, te han dado tus vasallos, a costa de su sangre y hacienda, tantos reinos y señoríos como en estas partes tienes. Y mira, Rey y señor, que no puedes llevar con título de Rey justo ningún interés destas partes donde no aventuraste nada, sin que primero los que en ello han trabajado sean gratificados.
Por cierto lo tengo que van pocos reyes al infierno, porque sois pocos; que si muchos fuésedes; ninguno podría ir al cielo, porque creo allá seríades peores que Lucifer, según tenéis sed y hambre y ambición de hartaros de sangre humana; mas no me maravillo ni hago caso de vosotros, pues os llamáis siempre menores de edad, y todo hombre inocente es loco; y vuestro gobierno es aire. Y, cierto, a Dios hago solemnemente voto, yo y mis docientos arcabuceros marañones, conquistadores, hijosdalgo, de no te dejar ministro tuyo y vida, porque yo sé hasta dónde alcanza tu clemencia; el día de hoy nos hallamos los más bien aventurados de los nascidos, por estar como estamos en estas partes de Indias, teniendo la fe y mandamientos de Dios enteros, y sin corrupción, como cristianos; manteniendo todo lo que manda la Santa Madre Iglesia de Roma; y pretendemos, aunque pecadores en la vida, rescibir martirio por los mandamientos de Dios.
A la salida que hicimos del río de las Amazonas, que se llama el Marañón, vi en una isla poblada de cristianos, que tiene por nombre la Margarita, unas relaciones que venían de España, de la gran cisma de luteranos que hay en ella, que nos pusieron temor y espanto, pues aquí en nuestra compañía, hubo un alemán, por su nombre Monteverde, y lo hice hacer pedazos. Los hados darán la paga a los cuerpos, pero donde nosotros estuviéremos, cree, excelente Príncipe, que cumple que todos vivan muy perfectamente en la fe de Cristo.
Especialmente es tan grande la disolución de los frailes en estas partes, que, cierto, conviene que venga. sobre ellos tu ira y castigo, porque ya no hay ninguno que presuma de menos que de Gobernador. Mira, mira, Rey, no les creas lo que te dijeren, pues las lágrimas que allá echan delante tu Real persona, es para venir acá a mandar. Si quieres saber la vida que por acá tienen, es entender en mercaderías, procurar y adquirir bienes temporales, vender los Sacramentos de la Iglesia por prescio; enemigos de pobres, incaritativos, ambiciosos, glotones y soberbios; de manera que, por mínimo que sea un fraile pretende mandar y gobernar todas estas tierras. Por remedio, Rey y Señor, porque destas cosas y malos exemplos, no está imprimida ni fijada la fe en los naturales; y, más te digo, que si esta disolución destos frailes no se quita de aquí no faltarán escándalos.
Aunque yo y mis compañeros, por la gran razón que tenemos, nos hayamos determinado de morir, desto y otras cosas pasadas, singular Rey, tu has sido causa, por no te doler del trabajo destos vasallos, y no mirar lo mucho que les debes; que si tú no miras por ellos, y te descuidas con estos tus oidores, nunca se acertará en el gobierno. Por cierto, no hay para qué presentar testigos, más de avisarte cómo estos, tus oidores, tienen cada un año cuatro mil pesos de salario y ocho mil de costa, y al cabo de tres años tienen cada uno sesenta mil pesos ahorrados, y heredamientos y posesiones; y con todo esto, si se contentasen con servirlos como a hombres, medio mal y trabajo sería el nuestro; mas, por nuestros pecados, quieren que do quiera que los topemos, nos hinquemos de rodillas y los adoremos como a Nabucodonosor; cosa, cierto, insufrible. Y yo, como hombre que estoy lastimado y manco de mis miembros en tu servicio, y mis compañeros viejos y cansados en lo mismo, nunca te he de dejar de avisar, que no fíes en estos letrados tu Real conciencia que no cumple a tu Real servicio descuidarte con estos, que se les va todo el tiempo en casar hijos e hijas, y no entienden en otra cosa, y su refrán entre ellos y muy común, es: "A tuerto y a derecho, nuestra casa hasta el techo".
Pues los frailes, a ningún indio pobre quieren absolver ni predicar; y están aposentados en los mejores repartimientos del Pirú, y la vida que tienen es áspera y peligrosa, porque cada uno dellos tiene por penitencia en sus cocinas una docena de mozas, y no muy viejas, y otros tantos muchachos que les vayan a pescar: pues a matar perdices y a traer fruta, todo el repartimiento tiene que hacer con ellos; que, en fe de cristianos, te juro, Rey y Señor, que si no pones remedio en las maldades desta tierra que te ha de venir azote del cielo; y esto dígolo por avisarte de la verdad, aunque yo y mis compañeros no queremos ni esperamos de ti misericordia.
¡Ay, ay!, qué lástima tan grande que, César y Emperador, tu padre conquistase con la fuerza de España la superbia Germania, y gastase tanta moneda, llevada destas Indias, descubiertas por nosotros, que no te duelas de nuestra vejez y cansancio, siquiera para matarnos la hambre un día! Sabes que vemos en estas partes, excelente Rey y Señor, que conquistaste a Alemania con armas, y Alemania ha conquistado a España con vicios, de que, cierto, nos hallamos acá más contentos con maíz y agua, sólo por estar apartados de tan mala ironía, que los que en ella han caído pueden estar con sus regalos. Anden las guerras por donde anduvieron, pues para los hombres se hicieron; mas en ningún tiempo, ni por adversidad que nos venga, no dejaremos de ser sujetos y obedientes a los preceptos de la Santa Madre Iglesia romana.
No podemos creer, excelente Rey y Señor, que tú seas cruel para tan buenos vasallos como en estas partes tienes; sino que estos tus malos oidores y ministros lo deben de hacer sin tu consentimiento. Dígolo, excelente Rey y Señor, porque en la Ciudad de los Reyes, dos leguas della junto a la mar se descubrió una laguna donde se cría algún pescado, que Dios lo permitió que fuese así; y estos tus malos oidores y oficiales de tu Real patrimonio, por aprovecharse del pescado, como lo hacen, para sus regalos y vicios, la arriendan en tu nombre, dándonos a entender, como si fuésemos inhábiles, que es por tu voluntad. Si ello es así, déjanos, Señor, pescar algún pescado siquiera, pues que trabajamos en descubrirlo; porque el Rey de Castilla no tiene necesidad de cuatrocientos pesos, que es la cantidad por que se arrienda. Y pues, esclarecido Rey, no pedimos mercedes en Córdoba, ni en Valladolid, ni en toda España, que es tu patrimonio, duélete, Señor, de alimentar los pobres cansados en los frutos y réditos desta tierra, y mira, Rey y Señor, que hay Dios para todos, igual justicia, premio, paraíso e infierno.
En el año de cincuenta y nueve dio el Marqués de Cañete la jornada del río del Amazonas a Pedro de Orsúa, navarro, y por decir verdad, francés; y tardó en hacer navíos hasta el año sesenta, en la provincia de los Motilones, que es el término del Pirú; y porque los indios andan rapados a navaja, se llaman Motilones: aunque estos navíos, por ser la tierra donde se hicieron lluviosa, al tiempo del echarlos al agua se nos quebraron los más dellos, y hicimos balsas, y dejamos los caballos y haciendas, y nos echamos en el río abajo, con harto riesgo de nuestras personas; y luego topamos los mas poderosísimos ríos del Pirú, de manera que nos vimos en Golfo-duce, caminamos de prima faz trecientas leguas, desde el embarcadero donde nos embarcamos la primera vez.
Fue este Gobernador tan perverso, ambicioso y miserable, que no lo pudimos sufrir; y así, por ser imposible relatar sus maldades, y por tenerme por parte en mi caso, como me tendrás, excelente Rey y Señor, no diré cosa más de que le matamos; muerte, cierto, bien breve. Y luego a un mancebo, caballero de Sevilla, que se llamaba D. Fernando de Guzmán, lo alzamos por nuestro Rey y lo juramos por tal, como tu Real persona verá por las firmas de todos los que en ello nos hallamos, que quedan en la isla Margarita en estas Indias; y a mi me nombraron por su Maese de campo; y porque no consentí en sus insultos y maldades, me quisieron matar, y yo maté al nuevo Rey y al Capitán de su guardia, y Teniente general, y a cuatro capitanes, y a su mayordomo, y a un su capellán, clérigo de misa, y a una mujer, de la liga contra mí, y un Comendador de Rodas, y a un Almirante y dos alférez, y otros cinco o seis aliados suyos, y con intención de llevar la guerra adelante y morir en ella, por las muchas crueldades que tus ministros usan con nosotros; y nombré de nuevo capitanes y Sargento mayor, y me quisieron matar, y yo los ahorqué a todos. Y caminando nuestra derrota, pasando todas estas muertes y malas venturas en este río Marañón, tardamos hasta la boca dél y hasta la mar, más de diez meses y medio: caminamos cien jornadas justas: anduvimos mil y quinientas leguas. Es río grande y temeroso: tiene de boca ochenta leguas de agua dulce, y no como dicen: por muchos brazos tiene grandes bajos, y ochocientas leguas de desierto, sin género de poblado, como tu Majestad lo verá por una relación que hemos hecho, bien verdadera. En la derrota que corrimos, tiene seis mil islas. ¡Sabe Dios cómo nos escapamos deste lago tan temeroso! Avísote, Rey y Señor, no proveas ni consientas que se haga alguna armada para este río tan mal afortunado, porque en fe de cristiano te juro, Rey y Señor, que si vinieren cien mil hombres, ninguno escape, porque la relación es falsa, y no hay en el río otra cosa, que desesperar, especialmente para los chapetones de España.
Los capitanes y oficiales que al presente llevo, y prometen de morir en esta demanda, como hombres lastimados, son: Juan Gerónimo de Espíndola, ginovés, capitán de infantería, los dos andaluces; capitán de a caballo Diego Tirado, andaluz, que tus oidores, Rey y Señor, le quitaron con grave agravio indios que había ganado con su lanza; capitán de mi guardia Roberto de Coca, y a su alférez Nuflo Hernández, valenciano; Juan López de Ayala, de Cuenca, nuestro pagador; alférez general Blas Gutiérrez, conquistador de veinte y siete años, alférez, natural de Sevilla; Custodio Hernández, alférez, portugués; Diego de Torres, alférez, navarro; sargento Pedro Rodríguez Viso, Diego de Figueroa, Cristóbal de Rivas, conquistador; Pedro de Rojas, andaluz; Juan de Salcedo, alférez de a caballo; Bartolomé Sánchez Paniagua, nuestro barrachel; Diego Sánchez Bilbao, nuestro pagador. Y otros muchos hijos-dalgo desta liga, ruegan a Dios, Nuestro Señor, te aumente siempre en bien y ensalce en prosperidad contra el turco y franceses, y todos los demás que en estas partes te quisieran hacer guerra; y en estas nos dé Dios gracia que podamos alcanzar con nuestras armas el precio que se nos debe, pues nos han negado lo que de derecho se nos debía. Hijo de fieles vasallos en tierra vascongada, y rebelde hasta la muerte por tu ingratitud. 

Lope de Aguirre, el Peregrino.

viernes, 15 de octubre de 2010

Aguirre por Abel Posse



Daimón
Posse, Abel

Su vida le parecía ahora lejanísima. Algo así como un error de otros.


Biografía de Lope de Aguirre

Lope de Aguirre (1513?-1561). Denominose el Tirano, el Traidor, el Peregrino. Antiimperialista, declaró guerra desde la selva amazónica, rodeado de monos, a Felipe II, fundando de hecho "el primer territorio libre de América". Demonista. Erotómano tímido pero tenaz. Rebelde. Su crueldad es proverbial. Amoral como un tigre, como una paloma. Aparentemente sólo creyó en la voluntad de poder, en la fiesta de la guerra, en el fervor del delirio (despreciando letalmente a quienes no lo compartían o eran tibios).
Eliminó a sus jefes y a casi toda la gente de la Jornada, unos setenta en total, incluyendo mujeres y frailes. Mató de dos generosas puñaladas a su hija quinceañera para aliviarla de la vida (coincidía con su traicionado Felipe II en que esto es un valle de lágrimas).
Nada mediocre en proyectos a pesar de la pobre circunstancia: consolidar el Imperio Marañón, adueñarse del Perú reforzándose con un ejército de 1.000 negros, avasallar España y dominar el mundo.


(...) La alegría de saltar libres y subirse a la copa de los árboles y sonambulear por los tejados... ¿pero eso cuanto dura?: nada, tal vez sólo dos intensos segundos, largos como el tiempo del sueño y después ¿qué?: nada, la nada..."
Ahora parecía recordar: "¡Y la rabia por lo que no se tuvo, por lo que no se hizo, por los amores, por las venganzas, por todo lo que hubo bueno o malo! ¡El oro, las mujeres, El Dorado! ¡Yo digo que nada está descubierto! ¡Que nada está concluido!"


Velaba Aguirre durante las noches. Nada lo confortaba más que desconfiar, que estar al acecho de la subversión que siempre está en ciernes (la Historia no lo desmentía).



"Entonces lo damos por visto", dijo Aguirre a quien siempre le habían parecido más novedosas las innovaciones de lo siempre mismo, las a veces poco perceptibles variaciones de lo conocido, las escandalosas sorpresas que ofrece lo que se da como obvio.


Era un pingajo, un relicto, un olvido.

(...) chamuyaban sin descanso como si organizasen --o fuesen excluidos-- de alguna conspiración.


Carecían de armonía y de paz. Daban la impresión de haber sido paridos para correr como lobos hambrientos. Sus alegrías eran mínimas en comparación con sus jornadas de sacrificio y esfuerzo. Cuando por fin se los veía quietos era porque hablaban del futuro, haciendo febriles planes que les hacían sentir el presente como mera pérdida de tiempo. Había que comprender que eran víctimas de un dios juguetón que se entretenía en castigarlos concediéndoles lo que ambicionaban.


Antes, cuando orinaba, solía pensar en cosas de Estado; ahora, con las décadas más bien se ponía sentimental.


¡Es como si se hubieran transformado en un hato de maridos...!

viernes, 22 de mayo de 2009

Ramón J. Sender


Crónica del alba

Creo que pueden ir delante de este cuaderno como escuadras de heraldos con la bandera de la derrota, pero no de la desesperación.

Para ser simpático, un solterón tiene que ser o parecer un poco libertino. La gente quiere al solterón ligero de costumbres. Además, en todas partes los libertinos suelen ser buenas personas.

De la que no hablaba a nadie porque pensaba siempre en ella.

Pero ganar o perder en la vida no lo es todo y lo que importa es la manera de aceptar la dicha o la desventura; la vida es lucha en una forma u otra y en todas partes y en todos los tiempos y niveles sociales esa lucha es inevitable. Yo solía pensar: “Es bueno en todo caso estar en el lado de los que merecen vencer. Merecer la victoria puede ser tan bueno como tenerla y aun mejor: nos permite encararnos trágicamente con el destino y pedirle cuentas”. Solo a un español se le ocurre esto.

(...) cuando me vaya me pondré tan triste que parecerá que me duelen los dientes.
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Yo estoy en sustancia de mis viejos rencores, que son amores vanos y sin satisfacción, y en ese lugar donde los sabios horrores se hacen oración.

(...) recuerdo esas cosas como los fantasmas de los muertos de la guerra deben recordar los días de su juventud.

Para mí, en aquellos días el recuerdo de Valentina comenzaba a ser el de una criatura irreal en un mundo también irreal, donde todas las cosas habían sido mejores. Eran tan buenas, que tal vez yo no las merecía, y por eso las había perdido o estaba perdiéndolas.

Una de las grandezas de la honradez es el inmenso poder que nos da. Y la valentía. Porque esta última no se puede dividir, y nadie que sea cobarde moralmente puede tener valor físico. La cobardía física y la moral van juntas.

(...) con su altivez acostumbrada de onanista, (...)

(...) el destino estaba haciendo uso de mis imprudencias.

No era mujer para enamorarse, pero sí para acostumbrarse a ella (que a veces es peor).

(...) las prostitutas suelen ser veraces, fingen menos que las otras en materia de opiniones.
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El bandido adolescente
Lealtad por lealtad siempre está bien la que los amigos se guardan entre sí.



En la vida de Ignacio Morel

Porque a veces se miente por cortesía, por discreción, por cuidado de las conveniencias sociales, por respeto de la persona a quien se está hablando, para disimular una falta inocente que se ha cometido, para salvar la piel nada menos, para preservar la de un ser querido, para evitar una molestia a un hijo o a un hermano, por buen gusto (sí, por razones estéticas), por la necesidad de mostrarse ingenioso y hacer reir, por aturdimiento, por mimetismo, por locura pasajera, por generosidad, por espíritu de renunciamiento, por dar la impresión de que se está enterado, por evitar una discusión baldía, por ganar tiempo, por establecer una verdad ulterior obvia, por evitar a otro el choque de una verdad funesta, por dársela de persona refinada y leída, para eludir alguna torpeza, para evitar que lo tomen a uno por… embustero (porque la verdad es con frecuencia demasiado inverosímil), para encandilar, encantar, adular y seducir a alguien, para embobalicar a un superior, por pereza, por debilidad física y moral, por fatiga, por tener prisa y carecer de tiempo para exponer la verdad laboriosa, por piedad abstracta y no personalizada, por fantasía… habría que pensar en todo esto antes de juzgar al embustero y sobre todo antes de condenarlo. Las razones para mentir son tantas como para no mentir y muchas de ellas son igualmente respetables
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- Mucho tiempo es siempre.
- Más tiempo es nunca. Pero el futuro dirá.


Hay formas de desesperación respetables. Y formas de esperanza ridículas

Allí no había sino una causa determinante: el destino. Pero este no actúa sin que nosotros le ofrezcamos los elementos adecuados para su acción.

(...) porque tenía alguna clase de rencor vengativo insatisfecho (contra alguna mujer).

Pero eso sería jugar con la vida. Y con la vida no se juega. Es ella quien juega con nosotros, y debemos bajar la cabeza y callar. Para jugar con la vida hay que estar fuera y encima de la vida, y eso se paga. Se paga con una especie de perplejidad eterna.

Porque lo único bueno del odio es que llega un momento en que se sacia del todo.
Y lo malo (o lo inefablemente angustioso del amor) es que no se sacia nunca (...) Que no se sacia nunca el amor. Eso es lo milagroso del amor. Y lo terrible.

La aventura equinoccial de Lope de Aguirre
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Al llegar el turno de Lope de Aguirre, éste escribió con grandes letras: “Lope de Aguirre, traidor”.

Tal vez era demasiado joven y no había aprendido aún que el hombre, cualquier hombre, no necesita ni quiere tal vez ser amado, pero sí que necesita y quiere ser tenido en cuenta.

Hay carne fresca doquiera, por ahí, que tuve que madrugarles a los que preparaban mi muerte. Ellos me querían merendar y yo me los almorcé.

Pero yo voy siendo fuerte. Tengo que serlo más cada día, sin embargo, o cada día seré más débil, que así son las cosas en tiempos como los que vivimos.

"Sigo", leyenda inscripta en la bandera de Aguirre.

(...) no era supersticioso, ya que la superstición es la forma más frecuente del miedo al destino.

Este hombre anda fuera de sentido y no es necesario que le hayan dado filtros ni hierbas, porque basta con que la mujer nos aficione como la naturaleza lo tiene a bien para que poco a poco nos haga perder la razón.

(...) que hay mujeres en el mundo con las que vale la pena correr el riesgo.

La ventaja de Lope de Aguirre era, por el contrario, la del hombre íntegro, vibrador como un hilo de acero y encaminado derechamente a un solo propósito con todas sus potencias.

Entre los animales que descubrieron en aquellos lugares, uno de los más notables era el ave llamada tucán, del tamaño de un loro grande, pero con un pico enorme (más largo que el cuerpo entero del ave) y plumaje deslumbrador, cuyo macho -dijo un indio a Pedrarias- se dejaba morir cuando moría su compañera. Pedrarias, oyéndolo, pensaba: "Vaya, no sólo los hombres pueden conducirse estúpidamente cuando se enamoran."