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miércoles, 2 de marzo de 2022

Lemaitre, Pierre, Irène

 Sostenía el vasito de café con las dos manos, como la superviviente de un naufragio.

Maleval tenía el perfil de un futuro corrupto, al igual que algunos niños tienen cara de mal estudiante desde el parvulario. De hecho, era difícil saber si dilapidaba su vida de soltero como otros su herencia o si estaba ya en el resbaladizo camino de las necesidades excesivas.

Su temor, que era lo mismo que decir -como todos los pesimistas- su diagnóstico, se había confirmado.

Solo le faltaba encontrar la suerte que, según parece, sirve ciegamente a los héroes y a los crápulas.


-Creo saber que su marido era un gran aficionado a las novelas policiacas...

Por muy extraña que fuera la pregunta, no pareció sorprenderla.

-No leía más que eso, sí. Leía lo que podía comprender.


La barcaza, tranquila como un pez muerto, esperaba en medio del canal.

viernes, 5 de julio de 2019

Baron, Alexander. Jugador

     ¿Qué carajo saben ellos? Los apostadores comunes y corrientes que vienen a las carreras o merodean las casas de apuestas para divertirse, los profesionales que saben moverse y equilibrar la balanza  entre el crédito y el débito... ninguno de ellos sabe qué es un jugador. Jugador es aquel que no tiene paz, que no tiene alivio, hasta que se aniquila a sí mismo. Yo soy un jugador.
Estaba bajando la escalera cuando Gus corrió para interceptarme, chorreando felicidad como si fuera salsa.
     -¿Y bien, Harryboy? ¿Cómo van las cosas?
     -Préstame un dólar para un taxi.

     ¿A que no saben lo que hice entonces? Lo único que tenía que hacer era dejar las cosas como estaban. Eso es lo que siempre me digo. Deja las cosas tal como están. Deja las cosas como están. Te salvaste. No vuelvas a poner la cabeza en la guillotina. Pero algo me espolea. Las palabras salen de mi boca. ¿De dónde vienen?

     Brighton estaba atestado de gente por la temporada alta. El hotel estaba lleno de dueños de animales y grandes apostadores y el restaurante era un bullicio de fiestas regadas con champagne todas las noches. Marcia y yo nos habíamos llevado ropa buena, y yo andaba entre los cajetillas como si fuera uno de ellos. Por las noches recorríamos el casino y, debo decirles, con aquella mujer alta y elegante a mi lado, yo me sentía un rey.
     Ni siquiera tuve que pedirle dinero a Marcia. Durante esos días, volví a tener suerte en las carreras. En realidad era Marcia la que tenía suerte. Apostaba por capricho y, para variar, yo la imitaba. Y ganamos, ganamos, ganamos sin parar. En el casino no me permitió sentarme a ninguna mesa de juego. Era fría como un témpano esa mujer. Pero jamás fallaba en las carreras. Ganamos lo suficiente para pagar nuestra estadía y darnos todos los gustos. Yo tenía la billetera llena, gastaba todas mis ganancias en Marcia y me sentía un hombre poderoso.


martes, 4 de julio de 2017

Ruiz Zafón,Carlos


     Por fin me armé de la determinación que sólo encontramos cuando hemos de afrontar tareas absurdas y me decidí a poner término a aquella situación.

     Sus palabras tardaron en calar. Sólo tenemos oídos para lo que queremos escuchar, y yo no quería oir eso.

     Conservo sus consejos y sus palabras guardadas bajo llave en el cofre de mi memoria, convencido de que algún día me servirán para responder a mis propios miedos y a mis propias dudas.

     El tiempo no nos hace más sabios, sólo más cobardes.
(De Marina)

     (...) mis sospechas e inseguridades le habían supuesto una decepción y, aunque nunca lo iba a admitir, le entristecía pensar que dedicaba mis horas a pensamientos mezquinos y a dudar de la sinceridad de una mujer que no merecía.
     -Debe de pensar usted que soy un necio.
     Fermín negó.
     -No. Creo que es usted un hombre afortunado, al menos en amores, y que como casi todos los que lo son no se da cuenta.
(De El prisionero del cielo)


     El modo más eficaz de hacer inofensivos a los pobres es enseñarles a querer imitar a los ricos. Ése es el veneno con que el capitalismo ciega a ...

     Siempre creí que íbamos a ser inseparables, pero la vida debe de saber algo que nosotros no sabemos. No he vuelto a tener amigos como aquéllos, y no creo que los vuelva a tener.

     -¿Qué sé yo? Pocas cosas engañan más que los recuerdos.

     Me incliné para arroparle con aquella manta que hacía años que prometía donar a la beneficencia y le besé la frente como si quisiera protegerle así de los hilos invisibles que lo alejaban de mí, de aquel piso angosto y de mis recuerdos, como si creyera que con aquel beso podría engañar al tiempo y convencerle de que pasara de largo, de que volviese otro día, otra vida.

     Hágame caso. Salga de su cabeza y tome la fresca. La espera es el óxido del alma.

     (...) me he convertido a la monogamia, si no in mentis al menos de facto.

     Una cosa es creer en las mujeres y otra creerse lo que dicen.

     A medida que pasaban los meses aprendí a confundir la rutina con la normalidad, y con el tiempo llegué a creer que mi plan había sido perfecto. Pobre imbécil.

     La mayoría de nosotros tenemos la dicha o la desgracia de ver cómo la vida se desmorona poco a poco, sin que nos demos casi cuenta.

      El tiempo me ha enseñado a no perder las esperanzas, pero a no confiar demasiado en ellas. Son crueles y vanidosas, sin conciencia.

     Me gusta pensar que la vida nos arrebata a los amigos de la infancia porque sí, pero no siempre me lo creo.

( De La sombra del viento)


     -Tonterías.
     -Tonterías lo son todo en esta vida. Es simplemente una cuestión de perspectiva.
     -Debería de poner eso en su libro. El nihilista en la colina. Un éxito cantado.
    -El que pronto va a necesitar un éxito eres tú. porque o me equivoco o debes de empezar a estar magro de fondos.
(De El juego del ángel)

sábado, 21 de enero de 2017

Costumbres, suerte. Esther Cross

     -¡Pero ésa es una suerte! La vida sería aburridísima si pudiéramos repetir todo con exactitud. En las leves variaciones de las cosas que intentamos repetir porque alguna vez nos hicieron felices está el gran riesgo. Y allí asoma la posibilidad de la dicha.

     Así sucede siempre: la costumbre y la familiaridad con que solemos convivir con obras geniales nos vuelven displicentes hacia ellas.
  
     Por otro lado, toda venganza asesta el golpe mortal al punto débil de la víctima. ¿Cómo hallar el punto débil de Ludovico Amalfitani, el mercader que era, en sí mismo, el hombre hecho debilidad? El talón de Aquiles -como bien dijera Giovanna Fulco- sólo es localizable en héroes y semidioses como Aquiles.

     (...) estupefacto, ofendido, se sumió en silencio ostral.
(De Crónica de alados y aprendices)


     El amor es impuntual por donde se lo mire. Siempre es peor de lo que esperábamos o mejor de lo que creímos. Siempre temprano o tan tarde.
 (De Radiana)

lunes, 18 de noviembre de 2013

Banville, John.

     Antigua luz

     Se me ocurrió soltar alguna frase altisonante, pronunciar alguna solemne admonición --si sales de aquí ahora, ni se te ocurra pensar en...--, pero no encontré palabras, y aun cuando las hubiera encontrado no me habría atrevido a pronunciarlas.

     (...) todavía me llega a veces en ciertos días húmedos de verano, y hace que algo pugne por abrirse dentro de mí, una flor atrofiada que empuja procedente del pasado.

     De pie junto a la ventana, con un vaso de cristal tallado en la mano, mi colega y yo nos sentíamos como un par de calaveras del Período Regencia mirando desdeñosamente el mundo sobrio y soso que había a nuestros pies. Era mi primera copa de whisky y, aunque nunca llegaría a aficionarme, el solemne y amargo hedor de la bebida y su manera de quemarme la lengua me parecieron presagios del futuro, una promesa de todas las abundantes aventuras que seguramente la vida iba a depararme.

     Hay quien afirma que, sin darnos cuenta, nos lo vamos inventando todo, adornándolo y embelleciéndolo, y me inclino a creerlo, pues Madame Memoria es una gran y sutil fingidora. Los pecios que elijo salvar del naufragio general --¿y qué es la vida, sino un naufragio gradual?-- a veces asumen un aspecto de inevitabilidad cuando los exhibo en sus vitrinas, pero son azarosos; quizá representativos, quizá de manera convincente, pero sin embargo azarosos.

     Creo que ella me habría esquivado y seguido andando de no haber visto mi expresión de necesidad y desolada súplica.

     (...) flotaba en un aturdimiento de ternura e incrédula gratitud.

     El mensajero, que tenía un aire de criminal de guerra balcánico (...)

     Soy incapaz de describirla, lo que significa que me niego.

     (...) y me sentí lento de reflejos y estúpido, y no por primera vez, imagino, ni por última.

     Seguía sintiéndome expuesto hasta un punto que me ponía nervioso, como un camaleón que ha perdido su poder de camuflaje.

     (...) hombres cobardes o traidores, o ambas cosas, (...)

     (...) y por mucho que me esfuerce, por mucho que piense en ello, no me convenzo de lo contrario. Aun cuando me obligara a convencerme de lo contrario a fuerza de pensar, seguiría perdurando el sentimiento, y sería un residuo omnipresente y contrariado, dispuesto a hacerse oír a la menor oportunidad.

      poco a poco sus palabras se filtraron en la iniluminable penumbra de mi conciencia egoísta,   (...)

     A menudo el pasado parece un rompecabezas en el que faltan las piezas más importantes.

     Lo que me daba miedo era mi propia pena, el peso de la pena, su ineluctable fuerza corrosiva.

     
El Mar

El pasado late en mi interior como un segundo corazón.

     Sí, yo era un chico de ésos. O, mejor dicho, hay una parte de mí que sigue siendo la clase de chico que era entonces. Un poco bruto, en otras palabras, con una mente sucia. Como si hubiera de otra clase. Nunca crecemos. O, al menos, yo no.

     ¿Qué versión fantasmagórica de mí es la que nos mira (...)?

     Y la incredulidad, eso también era parte importante de ser feliz, me refiero a esa eufórica incapacidad de creerte del todo tu buena suerte.

     Siempre he poseído la convicción, inmune a todas las consideraciones racionales, de que en algún momento futuro y sin especificar, el permanente ensayo que es mi vida, con sus numerosas malinterpretaciones, sus deslices y pifias, terminará, y la obra propiamente dicha, para la que me he estado preparando siempre y con tanto ahínco, comenzará por fin. Es una ilusión muy corriente, lo sé, todo el mundo la tiene.

     He llegado a comprender lo poco que la conocía, es decir, qué superficialmente la conocía, qué mal. No es que me culpe por ello. Aunque quizá debería. ¿Fui demasiado perezoso, demasiado desatento, estuve demasiado pendiente de mí? Sí, todas esas cosas, y no obstante no me parece que sea una cuestión de culpa, este olvido, este no haber conocido. Me imagino más bien que esperaba demasiado de ese conocer. Me conozco tan poco, ¿cómo iba a conocer a otro?

     ¿Podíamos, podía yo, haber actuado de otro modo? ¿Podría haber vivido de otro modo? Infructuosos interrogantes. Naturalmente que podía, pero no lo hice, y ahí reside el absurdo de incluso preguntarlo.



Copérnico

     (...) pues yo había imaginado nuestro encuentro como una piedra preciosa engarzada en la rutilante rueda de la historia.

     Yo estaba muy decepcionado, o más bien era consciente de que me estaba ocurriendo algo muy decepcionante, porque yo mismo, mi yo esencial, apenas estaba allí.

     La brevedad de la vida, el embotamiento de los sentidos, la apatía provocada por la indiferencia y las tareas inútiles sólo nos permiten conocer pocas cosas; y con el tiempo, el olvido, ese estafador del conocimiento y enemigo de la memoria, nos despoja incluso de lo poco que sabíamos.


Mefisto

     Pasó un momento, como algo que portasen cuidadosamente por en medio de nosotros.


Kepler

     Se sintió traicionado pero no descontento, como un viejo banquero ingeniosamente desfalcado por su amado hijo.

     La tristeza lo dominó, una tristeza intensa, sobrecogedora y tan fugaz como el llanto mientras duermes.

viernes, 21 de diciembre de 2012

Suerte x Tagore



-La buena suerte no llama a nuestra puerta sino para demostrarnos que no estamos en condiciones de recibirla; que no hemos sabido esperarla, que nuestra casa no está pronta, que no podemos invitarla a que entre.
(La casa y el mundo, Rabindranath Tagore)