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jueves, 18 de julio de 2024

El cambio, las ilusiones. Rodolfo Rabanal

      (...) donde actualmente vivo dispuesto a cambiar de vida. Lo de cambiar de vida es siempre una mentira: uno no cambia nunca, a menos que empeorar se entienda como un cambio.

     Cómo es posible, me pregunto, que la naturaleza humana nos juegue semejantes bromas. Es fatal. Uno cree que el contacto con la flor recién amanecida, fresca de rocío y luminosidad (bueno, tal vez esté exagerando, pero usted me entiende), uno cree, digo que ese contacto abolirá el entumecimiento amargo que a uno lo aqueja; uno se ilusiona pensando que hallará un remedio para el bruto descreimiento de toda una vida, pero no, nada de eso.

     (...) con la malsana obsesión de quien no cree del todo haber perdido lo que perdió.

     Una cosa es estar solo y otra es quedarse solo.

(La mujer rusa)

miércoles, 1 de agosto de 2018

Ilusiones, por William Sansom

     Ya sabía que la vida era en gran medida ilusiones, que aunque ocurrieran cosas maravillosas, muchos desengaños vendrían a compensarlas; también sabía que la vida podía ofrecer algo peor aún: la posibilidad de que no ocurriera absolutamente nada. Y esto último siempre era mucho más probable en una gran ciudad concentrada en sus propios asuntos.
(Una mujer poco frecuente)

domingo, 25 de junio de 2017

Banville, John. La guitarra azul

    


 (...) experimenté una repentina iluminación, esa súbita epifanía que acontece tan a menudo en cierto instante del proceso de embriaguez

     Además, ¿quién tiene autoridad para decir que lo que vemos cuando estamos borrachos no es la realidad y que el mundo sobrio no es sino una borrosa fantasmagoría?

     -¿Qué voy a hacer?- imploró Marcus mirándome con aquellos ojos ardientes por el sufrimiento.
Ah, viejo amigo, pensé, sintiéndome repentinamente agotado, ¿qué vamos a hacer cada uno de nosotros? Me aproximé al aparador y lo abrí. Al diablo la prudencia. Había llegado el momento de descorchar el brandy.

     Estoy acabado. Soy un saco de dolor, de arrepentimiento, de culpa. Y, sin embargo, a menudo fantaseo con la posibilidad de que en algún lugar de esa infinidad de creaciones imbricadas exista otro yo por completo distinto: un tipo deslumbrante, insolente, despreocupado y diabólicamente apuesto a quien odian todos los hombres y de quien se enamoran todas las mujeres, que vive al día, apañándoselas nadie sabe muy bien cómo, y que jamás se dignaría a juguetear con cajas de colores y otras fruslerías semejantes.

     (...) elegí ciertas cosas para llevar conmigo almacenadas en mi cabeza y poder visitarlas en los años siguientes con las alas de la memoria -las alas de la imaginación, más bien-, lo que hice a menudo para defenderme de la nostalgia (...)

     Parece que algo va a suceder, pero jamás ocurre nada. ¿Veis? Así es el tejido de la memoria, su verdadera trama.

     El brillo iridiscente se apagó, igual que si todo hubiese sido plegado y llevado a otra parte. Sí, ese soy yo, el eterno niño desilusionado, desencantado.

     El agua rompió a hervir. Preparé el té y puse la tetera sobre la mesa, una delicada nube de vapor se escapaba del pitorro dibujando espirales igual que un genio desganado intentando materializarse sin éxito.

     Después de todo, ¿por qué habría de tener un significado mi vida soñada si no lo tiene mi vida real?

     Me sentía como un soldado atrapado en un socavón, bajo bombardeo enemigo, a cuyos pies acaba de caer un obús todavía caliente, que no ha explotado.

     Tiendo a asumir que todo es sencillo y obvio y que el único que no comprende lo que sucede soy yo, así que prefiero no decir nada, no preguntar nada y permanecer callado, por temor a que se rían de mí como si fuese un zoquete. Por mi forma de ser busco pasar inadvertido para que los perros de caza pasen de largo con gran algarabía. Esa prudente política solía funcionar bien; ay, pero ya no.

     La saludé con cautela. El rechazo que siente hacia mí es profundo, amargo y permanente por razones que solo puedo conjeturar. Imagino que aquellos ojos suyos ven en el fondo de mi alma.

viernes, 28 de agosto de 2009

♪♪ ¡Soy un iluso! ♪♪

¿Cuál es tu problema psicológico? Test de Facebook




Resultado obtenido: Tienes una visión de tí mismo muy poco realista. No te das cuenta que los demás ven algo completamente diferente a lo que tu crees que ven.

martes, 25 de agosto de 2009

Alejandro Dolina. Crónicas del ángel gris





No está tan mal renunciar de vez en cuando. La verdadera nobleza consiste en hacer lo que uno debe, sin esperar recompensa ninguna. Tampoco está mal darle cierta ventaja a la vida. Después de todo, el que da ventaja puede alardear aunque pierda.
Y una cosa más. Si no podemos enorgullecernos de lo que hemos hecho, que nos quede al menos el orgullo de lo que no hemos querido hacer.


En un partido de fútbol caben infinidad de novelescos episodios.
Allí reconocemos la fuerza, la velocidad y la destreza del deportista. Pero también el engaño astuto del que amaga una conducta para decidirse por otra. Las sutiles intrigas que preceden al contragolpe. La nobleza y el coraje del que cincha sin renuncio. La lealtad del que socorre a un compañero en dificultades. La traición del que lo abandona. La avaricia del que no suelta la pelota. Y en cada jugada la hidalguía, la soberbia, la inteligencia, la cobardía, la estupidez, la injusticia, la suerte, la burla, la risa o el llanto.


En un lugar preciso de la cancha de Piraña acecha el demonio. A veces los jugadores pisan el sector infernal, adquieren habilidades secretas, convierten muchos goles, triunfan en Italia, se entregan al lujo y se destruyen.
Otras veces los jugadores pisan al revés y se entorpecen, juegan mal, son excluidos del equipo, abandonan el deporte, se entregan al vicio y se destruyen.
Hay quienes no pisan jamás el coto del diablo y prosiguen oscuramente sus vidas, padecen desengaños, pierden la fe y se destruyen.


Ocurre así: un muchacho se enamora de la Mujer Más Hermosa. Desde ese momento, su vida no tiene otro sentido que ese amor. Sin embargo, el hombre sabe que no tiene chance en esa carrera, pues las Mujeres Más Hermosas suelen casarse con otros caballeros, generalmente ricos o buenos mozos o ambas cosas.
Sus buenos amigos le aconsejarán el olvido, pero este hombre ha nacido en Flores y no tiene la menor intención de gambetear el dolor. Y cada día deja mansamente que la tristeza le invada los huesos y que tiña hasta el último de sus pensamientos.
A veces, las distracciones y los mundanos asuntos amenazarán con hacerle olvidar siquiera por un momento su amor y pesadumbre. Pero el hombre reaccionará inmediatamente y se sumergirá otra vez en su propio abismo.
Que nadie se engañe. Este hombre que ríe a carcajadas cuando algún conocido le refiere el cuento de los supositorios, está pensando en su amor imposible.
Y la sangre que hincha sus venas es negra y espesa. Pero, atención. Este amor que lo hace desgraciado es el que le hace mejor. El ya ha renunciado a la Mujer Más Hermosa. Jamás padecerá decepciones. Su pasión no envejecerá ni se envilecerá. Nadie podrá engañarlo. Y a fuerza de bañarse cada día en el sufrimiento, habrá aprendido el secreto de la resignación.
Los caballeros exitosos no conocerán jamás la verdadera esencia del amor imposible. Ellos jamás juegan su vida a una sola baraja. Con toda prudencia realizan inversiones en uno y otro lugar para compensar con unas las pérdidas ocasionadas por otras.
Pero el amor imposible no es cosa de prudentes, sino de Quijotes. Sólo cuatro veces en doce años vio Alonso Quijano a Aldonza Lorenzo. Jamás cruzaron palabra. Pero eso le bastó para vivir en ella y por ella. Sin esperar recompensa.
Por eso, señores, si acaso atesoran ustedes uno de estos metejones locos, a no arrepentirse. Sigan soñando y esperando lo imposible. Aunque sepamos que nuestras ilusiones no habrán de cumplirse nunca, sigamos acariciándolas. Lo contrario sería – como pensaba Wimpy – confundir una ilusión con un pagaré.
Será una larga jornada. Muchas veces tendremos ganas de contar nuestra pena, pero no podremos hacerlo, para no profanarla. Siempre estaremos solos y tristes, pero no es para tanto. Después de todo, ya se sabe que los únicos paraísos que existen son los paraísos perdidos.



Pasaron los años. Las morocha no conoció el amor de Frezza ni tampoco su gesto elegante y generoso.

Si alguien califica estas lecciones en alguna Libreta Celeste, Frezza tendrá un nueve. Y si ni siquiera existe esa Libreta, entonces tendrá un diez.