Sentía una vez más aquella puntada de... ¿de qué? Parecía una especie de pena diluida. Añoraba muchas cosas que nunca había poseído.
La suya era una soledad que la compañía no podía curar.
Todo como si nada hubiese ocurrido. Le desconcertaba. le ofendía la insensible e incesante continuidad de las cosas.
Ciertos momentos, pens´ó, se desgajan del flujo del tiempo y devienen leyenda en el acto. Toda su vida recordaría que estuvo ahí esa tarde, en ese bar, con el repiqueteo de la lluvia en la ventana y el destello de la suave luz exterior en los espejos de latón, en la medera de roble pulido (...)
La campana de la catedral daba la hora, y los ecos ondularon en el aire como anchas cintas de seda.
(...) conaeguir que vuelva a un estado de infelicidad normal. O algo similar,
(En Los ahogados)