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viernes, 28 de marzo de 2025

Mac Orlan, Pierre. A bordo del la "Estrella matutina"

 Y cada cual deseó partir prontamente, hallarse mar adentro, pues estábamos impacientes por ordenar y engalanar nuestros recuerdos en la soledad para conocer la amargura de las añoranzas bienamadas.


La miel de mis recuerdos me asquea

jueves, 6 de marzo de 2025

Banville, John. Regreso a Birchwood

 En el bosque susurraron las hojas plateadas. Debía de haber luna, viento, estrellas. No recuerdo ninguna de las tres cosas.

La observaba a través del abismo de silencio que los separaba con el aire resentido de quien sospecha que lo están engañando.

Desconfío de tanta amabilidad, socava mi falta de fe en la naturaleza humana.

Creemos recordar las cosas tal y como eran, cuando en realidad lo único que nos llevamos al futuro son fragmentos que reconstruyen un pasado completamente ilusorio.

Había pensado que la vida sería diferente y por lo tanto mejor, pero solo era diferente, y ni siquiera la diferencia era tan grande. Se ponía a pensar en los momentos en que todo había parecido a punto de cambiar, pero apenas le llegaban retazos (...)

jueves, 14 de diciembre de 2023

Un viejo que leía novelas de amor. Sepúlveda, Luis

      Muchas veces escuchó decir que con los años llega la sabiduría, y él esperó, confiando en que tal sabiduría le entregara lo que más deseaba: ser capaz de guiar el rumbo de los recuerdos y no caer en las trampas que éstos tendían a menudo.


     La mujer, Dolores Encarnación del Santísimo Sacramento Estupiñán Otavalo, vestía ropajes que sí existieron y continuaban existiendo en los rincones porfiados de la memoria, en los mismos donde se embosca el tábano de la soledad.


     Al dentista le gustaban las negras, primero porque eran capaces de decir palabras que levantaban a un boxeador noqueado, y, segundo, porque no sudaban en la cama.


     "Si el rastreo es demasiado fácil y te hace sentir confiado, quiere decir que el tigrillo te está mirando la nuca", dicen los shuar, y es cierto.




miércoles, 5 de julio de 2023

Dolina. En Cartas marcadas

 Sólo era capaz del odio circunstancial, el más cerril que existe, el que sentimos por las personas que impiden que nuestros deseos se cumplan. Maldijo a Lavalle, pero no se fue. Permaneció en su hueco, humillado.


El recuerdo llegaba de forma súbita, como una puntada de dolor, como el despertar amargo después de un sueño venturosos.

lunes, 2 de enero de 2023

Villoro, Juan

 (...) probar algo de esa dicha se convertía en una forma de hacerse daño. Un recuerdo lo hirió con su felicidad remota.

-Es lo malo de los Sagitarios -dijo el gordo-. Nos tienta el azar pero no tenemos dotes adivinatorias.

La vida resuelve sus asuntos con altanería.

Esa mañana había leído una frase del Ejército Zapatista después de liberar a un cacique: "nuestra venganza es el perdón". Fui incapaz de citarla, no porque me pareciera grandilocuente, sino porque no estaba seguro de ponerla en práctica. Mi venganza fue pensarla.

(La casa pierde)

miércoles, 11 de agosto de 2021

Murakami, Haruki. La caza del carnero salvaje

      Cuando me disponía a hablar, el maitre se acercó a nuestra mesa haciendo resonar con admiración sus zapatos. Con una amplia sonrisa en la cara, me mostró la etiqueta del vino como si me estuviera enseñando la fotografía de su único hijo; cuando asentí con la cabeza, descorchó la botella con un ruido exquisito y me sirvió un poco en la copa para catarlo. Me supo a concentrado de dinero destinado a alimentarme.

     Podría decirse que deambulamos sin rumbo fijo por el gran continente de la casualidad. Del mismo modo que las semillas aladas de ciertas plantas son transportadas por una caprichosa ráfaga de viento.

     Después `del segundo whisky, me asaltó una duda: "¿Qué hago aquí?".

     Todo lo que sé ahora sobre ella no son más que meros recuerdos. Recuerdos que se van alejando cada vez más como células agonizantes.

     Ella asintió y guardó las cartas en el bolso, que al cerrarse hizo un exquisito sonido metálico. Yo me encendí el segundo cigarrillo y pedí otro whisky. El segundo whisky es el que más me gusta. Con el primero, me siento aliviado; y con el segundo, mi cabeza se vuelve más lúcida. A partir del tercero deja de tener encanto. Se trata solo de enviarlo al fondo del estómago. 

    De vez en cuando alguien tosía con un ruido seco similar al sonido que se produce al golpear la cabeza de una momia con unas pinzas para carbón.

     (...) era tan inexpresivo que habría podido atracar un banco sin necesidad de enmascararse.

martes, 8 de enero de 2019

Recuerdos, según Doctorow.

     Los recuerdos adquieren luminosidad por la repetición a que los somete nuestra memoria, año tras año, y por sus posibles combinaciones... y, también, en la medida en que los trabajamos y los entendemos más y mejor... por eso, lo que uno recuerda como ocurrido y lo que de hecho ocurrió no son nada más, pero tampoco nada menos que... visiones. Debo advertirles, con toda franqueza, que éstas son las visiones de un hombre viejo.
(De El arca de agua)

lunes, 17 de julio de 2017

De Un viejo que se pone de pie, de Eduardo Sacheri.

     Si quisiera mitigar mi sentimiento de vergüenza podría decir que estaba muy solo, muy necesitado, muy frustrado. Que esos eran tiempos de un dolor atroz y silencioso. Pero hoy siento que no es excusa. Que no hay excusa para infligir dolor a los otros.

     De nuevo me tocaba ser el derrotado, la víctima, el extraño, el humillado.

     Tal vez Mariana fue la primera en demostrarme que las mujeres adivinan nuestros secretos porque están condenadas a entender mejor el mundo. Y eso me hacía sentir desnudo e indefenso.

     Cada mediodía, al volver a mi casa, me arrancaban el corazón. La sensación de tener un hueco frío en el pecho me duraba hasta la mañana siguiente, cuando Mariana me saludaba sonriendo y me lo colocaba de nuevo en su sitio. Amar a una mujer siempre es lo mismo.

     -Cuanto más viejo me pongo más pienso que somos lo que hacemos, pibe. No lo que decimos. Lo que hacemos.

     (...) como si la vida fuese larga, ancha y profunda, y siempre le sobrase tiempo.

     Seguramente me tocará recordar de nuevo todas estas cosas. Y otras muchas, porque las astillas del pasado nunca se clavan de a una. Y lo que recuerdo se mezclará con lo que no recuerdo. Con lo que dudo. Con lo que olvidé. Con lo que nunca supe y no tengo a quién preguntar.




lunes, 20 de marzo de 2017

Baricco. La esposa joven

   
     El tango le proporciona un pasado a quien no lo tiene y un futuro a quien no lo espera.

     No tengo en mi memoria cansada las últimas palabras que me dijo, mas las añoro.

     Comandini tuvo que concentrarse en un recuerdo que, resultaba evidente, no había considerado necesario mantener al alcance de la mano.

     Comandini, ¿usted ha llegado a hacerse una idea sobre por qué siempre pierde en el juego?, preguntó.
     Tengo algunas hipótesis.
     ¿Por ejemplo?
     La más conmovedora me la sugirió un turco al que en Marrakech vi perder una isla.
     ¿Una isla?
     Una isla griega, creo, era de su familia desde hacía siglos.
     ¿Me está diciendo que se puede apostar una isla en una mesa de poquer?
     Se trataba de blackjack, en ese caso. Pero, de todas formas, sí. Se puede apostar una isla, si se dispone del coraje y de la poesía necesaria. Él los tenía. Volvimos juntos al hotel, era casi de día, yo también había perdido bastante, pero quién lo diría, caminábamos como príncipes y, sin necesidad de decírnoslo, nos sentíamos hermosos, y eternos. La inaudita elegancia de un hombre que ha perdido, dijo el turco.
    El Padre sonrió.
    ¿Así que usted pierde por una cuestión de elegancia?, preguntó.
    Ya se lo he dicho, es sólo una hipótesis.
   ¿Hay otras?
    Muchas. ¿Quiere la más plausible?
    Me encantaría oírla.
    Pierdo porque juego mal.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Burgess, Anthony




Cualquier hierro viejo
Todos los mitos se cumplían más tarde o más temprano en la vida diaria.

(...) Pero hay que pagarlo todo. La libertad es la cosa menos libre del mundo. Esto puede que alguna vez fuera una paradoja, pero los tiempos dan prueba de ello.

Poderes terrenales
Lo peligroso del recuerdo es que puede convertir a cualquiera en profeta.

Nadie hace el mal impunemente en ninguna de mis novelas. Eso, a veces, me preocupa porque, claro, el mundo no es así. Es como la novela que escribe la señorita Prism en La importancia de llamarse Ernesto. Los buenos acaban bien, dice ella, y los malos mal.   Por eso se llama ficción.  

A veces esta gente es muy quisquillosa. Al principio de mi estancia aquí intenté ser cordial, sabes, sentarme a la mesa con ellos en los bares, a mascar grasa. Luego, un día uno de ellos me dijo, era bengalí, sabes, doctor Shawcross, le desprecio. Me sorprendió mucho, te lo aseguro, así que le pregunté por qué, y me dijo porque se rebaja usted bebiendo con gente como yo.







Camas orientales
Crabbe se hallaba sentado en su casa a primeras horas de la noche, bebiendo melancólicamente ginebra con agua a la espera de que el alcohol, a modo de gran sinfonía romántica, le sumiera los nervios en un estado de quietud y resignación.





 
Fin de las noticias del mundo


-Pero la vida es también una cosa gris, monótona, ordinaria y agradable... una pequeña neurosis aquí, otra allá, inofensivas.

-La vida es curiosamente dulce -dijo-. Si no podemos tener mariposas de verdad, al menos podemos leer cosas sobre ellas y verlas centelleando en una pantalla de cine. Estoy agradecido por la oportunidad de vivir mi vida hasta el final.



El hombre del piano
(...) es, como Mme. Perpignan solía decir, echarles un afrodisíaco en el Pernod, concrétamente cantárida en las palabras de Mme. Perpignan. A propósito, ahora que sale el asunto, parece mentira la cantidad de insensateces que cometen las directoras de las Escuelas Secundarias al intentar que las chicas en edad de desarrollo resulten menos atractivas para los hombres por el sistema de hacerles vestir uniformes recatados, usar batas, llevar medias oscuras, cuando en la mayoría de los locales de strip-tease del Soho de Londres y de sitios similares las strippers suelen iniciar su número vestidas precisamente así, como cándidas colegialas.


Trémula intención
(...) pero yo estoy acostumbrado a otro tipo de mujer, por malo que sea.


Llueve en Roma
(...) Y no me preocupo. Bebe una copa, querido y viejo amigo, y deja que el mundo siga su curso.


Miel para los osos
La vida consiste en aplazar las cosas.


El doctor está enfermo
     El problema era elegir entre comprar una caja de fósforos o un pasaje de subte de tres peniques. Edwin estaba muy seguro de que ya no era posible encontrar fósforos que costaran menos de dos peniques la cajita. Con un penique y medio, tenía la absoluta seguridad de no poder comprar más de un cubito de extracto de carne. Era mejor hacer todo el trayecto a pie y ser el Prometeo de sí mismo: detener a desconocidos y pedirles lumbre sería molesto y olería a vagabundo de verdad. En el quiosco de cigarrillos de la esquina Edwin sacó sus tres peniques y medio, dejó dos en el mostrador, se disculpó por su aspecto y se fue con una caja de fósforos. Uno siempre se sentía mejor cuando tenía un elemento en el bolsillo.

     Los portales, y sobre ellos un grupo escultórico desnudo que simbolizaba el Sistema Educativo, estaban concebidos para intimidar. Las puertas eran de vidrio, y por lo tanto parecían estar siempre abiertas. También eso debía de simbolizar algo.

       -¿Cómo era el apellido?
     Una voz patricia, una secretaria rubia de aterradora elegancia: traje sastre negro, las piernas de un anuncio de medias en Vogue.
       -El apellido es Spindrift -dijo Edwin-. Doctor Edwin Spindrift.
       -Ah. ¿Y para qué deseaba ver al señor Chasper?
       Edwin preparaba una disertación sobre los usos idiomáticos del pretérito. Su título sería: "El pretérito como arma mortífera".

      Distinguiría esos ojos a un kilómetro de distancia. Son ojos de pervertido. Los dos somos unos pervertidos.


     -Sí -respondió Harry Stone, y con una tóxica esencia de amargura (bilis, ajenjo y aloes que destilaban su meollo más íntimo en una sola palabra) agregó entre dientes: "Mujeres..."

(...) Tan típico, ¿verdad?, de lo que pasa por ser entretenimiento en estos días... Grosería con una veta de crueldad, y tal vez un leve tinte de perverso erotismo. Vendedoras de tienda infladas hasta convertirse en Helena de Troya. Hombrecitos tontos que tratan de ser graciosos. Chicos estúpidos que aúllan. Adultos que deberían saber que eso no se hace.

    En 1954 Anthony Burgess acudió al Colonial Office para una entrevista de trabajo. Lo primero que le preguntaron con cierta sorpresa fue por qué quería trabajar en Kuala Kangsar. Burgess respondió que dónde estaba ese sitio. Le repusieron que en Malasia y que él había pedido un trabajo de profesor allí. Burgess negó que lo hubiera hecho. Los entrevistadores le mostraron una carta suya pidiendo el puesto. La firma de la carta parecía legítima. Burgess concluyó que debía de estar tan borracho (condición bastante normal en él) cuando la escribió, que la había olvidado. A falta de nada mejor, aceptó el trabajo. 
 En: http://asiabudayrollitosprimavera.blogspot.com.ar/2011/09/la-trilogia-malaya-de-burgess-1.html

lunes, 21 de noviembre de 2011

Mendoza, Eduardo. Riña de gatos: Madrid 1936



(...) experimentaba los lacerantes remordimientos del traidor neófito.

Por suerte una propina soluciona cualquier problema de un modo satisfactorio. En este país todo se arregla con una buena propina. Cuando llegué me costaba entenderlo pero ahora me parece un sistema magnífico: permite mantener los sueldos bajos y al mismo tiempo escenifica la jerarquía. El trabajador cobra la mitad y la otra mitad se la tiene que agradecer al amo redoblando el servilismo.

-¡Válgame el cielo, esa cabecita loca los hace ir a todos de coronilla! ¿Qué les dará?
-Lo que dan siempre las mujeres, don Alonso: falsas esperanzas.

Si lo hubiera visto, quizás habría sido fulminado por el brillo cegador de la falsedad, como usted. Lo más fácil del mundo es ver lo que uno desea ver. Si no fuera así, los hombres no se casarían con las mujeres y la Humanidad se habría extinguido hace milenios. Darwin lo vio claro.

La memoria es flaca, idealiza, es negligente, los recuerdos se intercambian datos entre sí.

-El orden de los factores no altera el producto -dijo Paquita con la inconsecuencia de quien no está dispuesto a que la lógica se interponga en el camino de su determinación-(...)

miércoles, 9 de septiembre de 2009