viernes, 5 de abril de 2024

Tabucchi, Antonio. Dama de Porto Pim

 El dios de la Añoranza y de la Nostalgia es un niño con cara de viejo.

(...) el dios de la Añoranza y de la Nostalgia no puede vivir en un palacio ni en una casa ostentosa, sino en una morada pobre como un gemido que está entre las cosas de este mundo con la misma vergüenza con la que una pena secreta se aposenta en nuestro ánimo. Ya que este dios no concierne únicamente a la Añoranza y la Nostalgia, sino que su deidad se extiende a una zona del espíritu que alberga el remordimiento, la pena por lo que fue y que ya no causa más pena sino tan solo la memoria de la pena, y la pena por lo que no fue y habría podido ser, que es la pena más lacerante.

Plataforma. Michel Houellebecq

 Hay cosas que se pueden hacer, y otras que parecen demasiado difíciles. Con el tiempo, todo parece demasiado difícil; la vida se reduce a eso.


En la vida puede ocurrir todo, y casi siempre nada.


La cultura me parece una compensación necesaria ligada a la infelicidad de nuestras vidas.




jueves, 4 de abril de 2024

Argos el ciego. Gesualdo Bufalino.


 (...) con decisión, como alguien que va a comprar un revólver.


Pero algo querrá decir si aquellas antiguas jornadas siguen rociando la memoria de un rubio polvo dorado. Ciertas veces me parece envejecer encadenado a mi memoria, como envejecen en las cavernas los dragones custodios junto al tesoro. Sin que nunca llegue de fuera un solo paladín a desafiarles. ¡Pobres y rugosos dragones, con su cuerpo de escamas como estípites de olivo, encarcelados en la oscuridad, en espera de un espadón que les reluzca delante y compense su paciencia! Mientras pasan los años, y una herrumbre verde crece en las cerraduras de las arcas, y una gotera del techo de roca mide a largos intervalos el tiempo y el silencio.

 

jueves, 21 de marzo de 2024

De Santis. Las plantas carnívoras

 (...) terminé mirando "Bonanza", que ni siquiera me gustaba, por esa seducción fácil que tienen las cosas conocidas.


Cada casa era como un museo armado por sus habitantes, y los objetos resumían sus vidas, y a través de ellos no se veía otra cosa que conformidad, hastío y decepción.


(...) tenía el aire de venir de un lugar remoto, de esos lugares a los que uno siempre soñó ir y no fue.


Aquel bar era el lugar más deprimente que se podía imaginar. Me gustó de inmediato.


Se acercó sin apuro, sonriendo. Estaba enfermo y probablemente arruinado, pero había tanta elegancia, tanta seguridad en sus pasos como si acabara de conquistar una ciudad. Todos los fracasos no lo habían ni siquiera rozado; cada vida es un idioma distinto, que sólo desde adentro se puede traducir.


Yo a veces me quedaba pensando en mis vidas posibles, en esos caminos que uno no tomó o no pudo tomar, imaginando las consecuencias de esas decisiones: es un juego estúpido, y no lo recomiendo a nadie. Peor que pensar qué hará uno en el futuro (lo que también es un juego estúpido que tampoco recomiendo a nadie).

viernes, 29 de diciembre de 2023

El paso cansado y mecánico... champán... Lemaitre, Pierre

      El policía y la enfermera la vieron alejarse con el paso cansado y mecánico de quien va a arrojarse al Sena.

     Aunque el inmenso salón del Continental ya estaba de bote en bote, seguían llegando hombres y mujeres de todo tipo. Nada más cruzar la puerta, todos cogían una copa de champán con el gesto distraído de quien lleva décadas haciéndolo; luego, al reconocer una cara junto a los maceteros con plantas verdes, gritaban un nombre conocido por todo el mundo y cruzaban el salón protegiendo la copa como en un día de viento fuerte.

     El crepúsculo, sobre el que a veces se exagera, daba a ese momento una solemnidad desgarradora.

(En El espejo de nuestras penas)

jueves, 14 de diciembre de 2023

Un viejo que leía novelas de amor. Sepúlveda, Luis

      Muchas veces escuchó decir que con los años llega la sabiduría, y él esperó, confiando en que tal sabiduría le entregara lo que más deseaba: ser capaz de guiar el rumbo de los recuerdos y no caer en las trampas que éstos tendían a menudo.


     La mujer, Dolores Encarnación del Santísimo Sacramento Estupiñán Otavalo, vestía ropajes que sí existieron y continuaban existiendo en los rincones porfiados de la memoria, en los mismos donde se embosca el tábano de la soledad.


     Al dentista le gustaban las negras, primero porque eran capaces de decir palabras que levantaban a un boxeador noqueado, y, segundo, porque no sudaban en la cama.


     "Si el rastreo es demasiado fácil y te hace sentir confiado, quiere decir que el tigrillo te está mirando la nuca", dicen los shuar, y es cierto.