viernes, 22 de octubre de 2021

Taller de ironía. Podetti


 

Cualquier cosa. Trabajo Wilde


 

No siento simpatía por trabajos de ningún tipo, y menos aún por esos trabajos que usted parece apreciar. He sido siempre de la opinión de que el trabajo duro es simplemente el refugio de la gente que no tiene otra cosa que hacer 
(El admirable cohete)

martes, 19 de octubre de 2021

Collins, Michael.

      -Se nota que no hace mucho que vive aquí. Esto es normal en Montecito. Hagan lo que hagan, lo hacen las veinticuatro horas del día. El trabajo y la vida son una misma cosa para ellos.Así se hacen ricos. Acciones, bonos, inmobiliarias, exportaciones-importaciones, venta de coches, construcciones, joyas, lo que quiera. Vaya donde vaya, cuando sea y donde sea, siempre están comprando, vendiendo o haciendo negocios. El resto es perder el tiempo.
No era una mala descripción de los ricos y poderosos. Los Carnegie, Rockefeller, DuPont nunca habían dejado el trabajo en la oficina, e incluso los que heredaban millones protegían sus privilegios las veinticuatro horas del día. Los únicos que separan el trabajo del placer son los pobres, que no tienen nada que proteger.


     Santa Bárbara es una ciudad más pequeña incluso de lo que parece, y en Garden pasas rápidamente del semibarrio a la clase media, y a la riqueza y pequeña nobleza del Upper East. Casi todo está pulcro, limpio y verde, las diferencias son de medida, elegancia y poder. 

-¿Es un experto en armas?
-Tiene una colección en su perrera que avergonzaría a un general argentino.
-¿Armas blancas? -dije.
-Todos los tipos. Equipo de comando, un armamento de tanque. No sale nunca sin su rifle, ha amenazado a todo el mundo en el barrio, y a todos los campistas o turistas que pasan por aquí.

(Castrato)

Macdonald, Ross. El blanco móvil

      La música provenía de una máquina de discos. En el fondo había un escenario vacío para la orquesta. Todo lo que quedaba de las grandes veladas de la época de la guerra en el suelo desgastado, hileras de mesas desvencijadas, olores como recuerdos borrachos en las paredes y andrajosas decoraciones como anhelos ebrios.
     Los clientes percibían la depresión que la sala destilaba, Sus rostros buscaban a tientas la risa y la diversión y no podían asirlas. Ninguna de esas caras significaba algo para mí.

lunes, 4 de octubre de 2021

Sabor. Aspecto. Lem

      Saboreaba las dimensiones de la derrota con una perversa satisfacción resultante de la exactitud de mis previsiones. 


     (...) tenía algo en común con el otro, se parecían como dos trajes distintos pero igualmente gastados, tenían el aspecto de dos empleados envejecidos tras el escritorio: lo que en uno se secó y arrugó, en el otro se aflojó, plegado y ajado.


(Memorias encontradas en una bañera)

Propuesta


 

jueves, 2 de septiembre de 2021

De Santis, Pablo. Los anticuarios

 -No meta más papeles en mi casa -me decía-. Yo le alquilo la pieza para dormir, no para que haga la Biblioteca Nacional. Tenga en cuenta que los libros pesan. En una pensión de la calle Paraguay el piso se vino abajo. Y además los libros envenenan la sangre. La tinta pulverizada es un veneno que flota en el aire. Donde hay muchos libros la gente se enferma.


En las novelas policiales todo es conspiración, conjura, secreto. Todas las cosas terminan por encajar, por tener un sentido.  ¿No ha visto cómo, dispersos por ahí, hay objetos perdidos, un paraguas roto, un zapato sin cordones, la carta de una mujer, una cajita de fósforos? Pero al final esos objetos que parecían ser parte del azar se convierten en señales del destino. Así, siempre que leemos, vemos cómo todo se completa, nos permitimos soñar con la unidad perdida y reencontrada. Las novelas policiales simulan ser racionalistas, pero son lo único que nos queda de la mística.


Las mujeres lindas viven en un mundo distinto, en una Suiza privada, donde toda la gente es puntual, donde nunca nadie falta a una cita.


Luisa me llamó un día al diario. Me quedé mudo frente al teléfono: yo ya la adoraba con esa veneración sin fallas que se reserva para las mujeres perfeccionadas por la ausencia.


Hizo que la acompañara a la cocina, me sirvió un poco de mate cocido y unas vainillas. Recuerdo la taza blanca, con el asa grande, el borde astillado. La memoria nos deja ese sedimento: detalles sin importancia que son la marca de la realidad. Hablamos de tonterías, no de lo que nos incumbía. 


-Estoy acostumbrado al papel viejo. Además, yo siempre releo los mismos libros. Nunca los leo enteros: sólo páginas, capítulos sueltos.
-Yo no me conformaría con eso. Cada libro es una totalidad.
- Eso es una ilusión. Es como decir que una vida es una totalidad. Aunque sea una larga vida, una muy larga vida, nada se completa. Sólo hay capítulos sueltos.


Las historietas, los tangos, las novelas policiales: tarde o temprano descubrimos que dicen la verdad.


(...) muy a menudo las cosas que salen mal empiezan bien, y un segundo antes de caer en la trampa nos decimos qué fácil es la vida.


Calisser me respondió sin ganas, con esa falta de entusiasmo en el rechazo que hace más acabado su efecto. Decir no sin ganas es como decir: yo no te niego nada, te lo niega la compleja máquina del mundo