jueves, 6 de julio de 2017
martes, 4 de julio de 2017
Ruiz Zafón,Carlos
Por fin me armé de la determinación que sólo encontramos cuando hemos de afrontar tareas absurdas y me decidí a poner término a aquella situación.
Sus palabras tardaron en calar. Sólo tenemos oídos para lo que queremos escuchar, y yo no quería oir eso.
Conservo sus consejos y sus palabras guardadas bajo llave en el cofre de mi memoria, convencido de que algún día me servirán para responder a mis propios miedos y a mis propias dudas.
El tiempo no nos hace más sabios, sólo más cobardes.
(De Marina)
(...) mis sospechas e inseguridades le habían supuesto una decepción y, aunque nunca lo iba a admitir, le entristecía pensar que dedicaba mis horas a pensamientos mezquinos y a dudar de la sinceridad de una mujer que no merecía.
-Debe de pensar usted que soy un necio.
Fermín negó.
-No. Creo que es usted un hombre afortunado, al menos en amores, y que como casi todos los que lo son no se da cuenta.
(De El prisionero del cielo)
El modo más eficaz de hacer inofensivos a los pobres es enseñarles a querer imitar a los ricos. Ése es el veneno con que el capitalismo ciega a ...
Siempre creí que íbamos a ser inseparables, pero la vida debe de saber algo que nosotros no sabemos. No he vuelto a tener amigos como aquéllos, y no creo que los vuelva a tener.
-¿Qué sé yo? Pocas cosas engañan más que los recuerdos.
Me incliné para arroparle con aquella manta que hacía años que prometía donar a la beneficencia y le besé la frente como si quisiera protegerle así de los hilos invisibles que lo alejaban de mí, de aquel piso angosto y de mis recuerdos, como si creyera que con aquel beso podría engañar al tiempo y convencerle de que pasara de largo, de que volviese otro día, otra vida.
Hágame caso. Salga de su cabeza y tome la fresca. La espera es el óxido del alma.
(...) me he convertido a la monogamia, si no in mentis al menos de facto.
Una cosa es creer en las mujeres y otra creerse lo que dicen.
A medida que pasaban los meses aprendí a confundir la rutina con la normalidad, y con el tiempo llegué a creer que mi plan había sido perfecto. Pobre imbécil.
La mayoría de nosotros tenemos la dicha o la desgracia de ver cómo la vida se desmorona poco a poco, sin que nos demos casi cuenta.
El tiempo me ha enseñado a no perder las esperanzas, pero a no confiar demasiado en ellas. Son crueles y vanidosas, sin conciencia.
Me gusta pensar que la vida nos arrebata a los amigos de la infancia porque sí, pero no siempre me lo creo.
( De La sombra del viento)
-Tonterías.
-Tonterías lo son todo en esta vida. Es simplemente una cuestión de perspectiva.
-Debería de poner eso en su libro. El nihilista en la colina. Un éxito cantado.
-El que pronto va a necesitar un éxito eres tú. porque o me equivoco o debes de empezar a estar magro de fondos.
(De El juego del ángel)
El modo más eficaz de hacer inofensivos a los pobres es enseñarles a querer imitar a los ricos. Ése es el veneno con que el capitalismo ciega a ...
Siempre creí que íbamos a ser inseparables, pero la vida debe de saber algo que nosotros no sabemos. No he vuelto a tener amigos como aquéllos, y no creo que los vuelva a tener.
-¿Qué sé yo? Pocas cosas engañan más que los recuerdos.
Me incliné para arroparle con aquella manta que hacía años que prometía donar a la beneficencia y le besé la frente como si quisiera protegerle así de los hilos invisibles que lo alejaban de mí, de aquel piso angosto y de mis recuerdos, como si creyera que con aquel beso podría engañar al tiempo y convencerle de que pasara de largo, de que volviese otro día, otra vida.
Hágame caso. Salga de su cabeza y tome la fresca. La espera es el óxido del alma.
(...) me he convertido a la monogamia, si no in mentis al menos de facto.
Una cosa es creer en las mujeres y otra creerse lo que dicen.
A medida que pasaban los meses aprendí a confundir la rutina con la normalidad, y con el tiempo llegué a creer que mi plan había sido perfecto. Pobre imbécil.
La mayoría de nosotros tenemos la dicha o la desgracia de ver cómo la vida se desmorona poco a poco, sin que nos demos casi cuenta.
El tiempo me ha enseñado a no perder las esperanzas, pero a no confiar demasiado en ellas. Son crueles y vanidosas, sin conciencia.
Me gusta pensar que la vida nos arrebata a los amigos de la infancia porque sí, pero no siempre me lo creo.
( De La sombra del viento)
-Tonterías.
-Tonterías lo son todo en esta vida. Es simplemente una cuestión de perspectiva.
-Debería de poner eso en su libro. El nihilista en la colina. Un éxito cantado.
-El que pronto va a necesitar un éxito eres tú. porque o me equivoco o debes de empezar a estar magro de fondos.
(De El juego del ángel)
domingo, 25 de junio de 2017
Banville, John. La guitarra azul
(...) experimenté una repentina iluminación, esa súbita epifanía que acontece tan a menudo en cierto instante del proceso de embriaguez
Además, ¿quién tiene autoridad para decir que lo que vemos cuando estamos borrachos no es la realidad y que el mundo sobrio no es sino una borrosa fantasmagoría?
-¿Qué voy a hacer?- imploró Marcus mirándome con aquellos ojos ardientes por el sufrimiento.
Ah, viejo amigo, pensé, sintiéndome repentinamente agotado, ¿qué vamos a hacer cada uno de nosotros? Me aproximé al aparador y lo abrí. Al diablo la prudencia. Había llegado el momento de descorchar el brandy.
Estoy acabado. Soy un saco de dolor, de arrepentimiento, de culpa. Y, sin embargo, a menudo fantaseo con la posibilidad de que en algún lugar de esa infinidad de creaciones imbricadas exista otro yo por completo distinto: un tipo deslumbrante, insolente, despreocupado y diabólicamente apuesto a quien odian todos los hombres y de quien se enamoran todas las mujeres, que vive al día, apañándoselas nadie sabe muy bien cómo, y que jamás se dignaría a juguetear con cajas de colores y otras fruslerías semejantes.
(...) elegí ciertas cosas para llevar conmigo almacenadas en mi cabeza y poder visitarlas en los años siguientes con las alas de la memoria -las alas de la imaginación, más bien-, lo que hice a menudo para defenderme de la nostalgia (...)
Parece que algo va a suceder, pero jamás ocurre nada. ¿Veis? Así es el tejido de la memoria, su verdadera trama.
El brillo iridiscente se apagó, igual que si todo hubiese sido plegado y llevado a otra parte. Sí, ese soy yo, el eterno niño desilusionado, desencantado.
El agua rompió a hervir. Preparé el té y puse la tetera sobre la mesa, una delicada nube de vapor se escapaba del pitorro dibujando espirales igual que un genio desganado intentando materializarse sin éxito.
Después de todo, ¿por qué habría de tener un significado mi vida soñada si no lo tiene mi vida real?
Me sentía como un soldado atrapado en un socavón, bajo bombardeo enemigo, a cuyos pies acaba de caer un obús todavía caliente, que no ha explotado.
Tiendo a asumir que todo es sencillo y obvio y que el único que no comprende lo que sucede soy yo, así que prefiero no decir nada, no preguntar nada y permanecer callado, por temor a que se rían de mí como si fuese un zoquete. Por mi forma de ser busco pasar inadvertido para que los perros de caza pasen de largo con gran algarabía. Esa prudente política solía funcionar bien; ay, pero ya no.
La saludé con cautela. El rechazo que siente hacia mí es profundo, amargo y permanente por razones que solo puedo conjeturar. Imagino que aquellos ojos suyos ven en el fondo de mi alma.
El agua rompió a hervir. Preparé el té y puse la tetera sobre la mesa, una delicada nube de vapor se escapaba del pitorro dibujando espirales igual que un genio desganado intentando materializarse sin éxito.
Después de todo, ¿por qué habría de tener un significado mi vida soñada si no lo tiene mi vida real?
Me sentía como un soldado atrapado en un socavón, bajo bombardeo enemigo, a cuyos pies acaba de caer un obús todavía caliente, que no ha explotado.
Tiendo a asumir que todo es sencillo y obvio y que el único que no comprende lo que sucede soy yo, así que prefiero no decir nada, no preguntar nada y permanecer callado, por temor a que se rían de mí como si fuese un zoquete. Por mi forma de ser busco pasar inadvertido para que los perros de caza pasen de largo con gran algarabía. Esa prudente política solía funcionar bien; ay, pero ya no.
La saludé con cautela. El rechazo que siente hacia mí es profundo, amargo y permanente por razones que solo puedo conjeturar. Imagino que aquellos ojos suyos ven en el fondo de mi alma.
martes, 23 de mayo de 2017
Golpiza, por Roger L. Simon
El primer golpe me dio en la mandíbula y el segundo en todo el plexo solar; el tercero me alcanzó a unos dos centímetros por debajo del pene. Tres o cuatro rostros danzaron ante mis ojos. A eso siguió un fuerte revés en la nuca, que me lanzó de cabeza sobre un barril de papayas. Lo último que oí fue un estridente ruido metálico que nada tenía que ver con el mariachi ni con el rock chicano ni siquiera con el son de las marimbas. Era como esos silbidos que producen ciertos dolores de cabeza sólo que multiplicado por dos mil y mezclado con la turbadora sensación de que la boca se me había hinchado y de que, supuesto que mis pelotas siguiesen existiendo, tendría que buscarlas a la mañana siguiente entre los cubos de basura amontonados detrás del mercado. De lo demás apenas recuerdo nada.
miércoles, 10 de mayo de 2017
McEwan, Ian. Chesil Beach.
Años después, cada vez que Edward pensaba en ella o hablaba mentalmente con ella, o imaginaba que le escribía o que se la encontraba en la calle, se le antojaba que hacer un relato de su propia vida le habría llevado menos de un minuto, menos de la mitad de una página. ¿Qué había hecho de sí mismo? Se había dejado llevar por la corriente, medio dormido, poco atento, sin ambición, sin seriedad, (...)
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