miércoles, 19 de agosto de 2009

Vázquez Montalbán, carta a Sharon Stone






A SHARON STONE
MANUEL VÁZQUEZ MONTALBÁN
Marie Claire, Julio 1997



Desde que la vi en «Instinto básico» me enamoré de usted con una intensidad sólo equivalente a la que en el pasado había sentido por Rita Hayworth en «Salomé» o por Faye Dunaway en «Bonnie and Clyde». Yo sólo puedo enamorarme de las estrellas del cine porque por las mujeres cotidianas sólo experimento compasión o nostalgia de alguna pasada compasión, en el supuesto caso de que el amor no sea un cóctel de compasión, nostalgia y unas gotas de la angostura del autoengaño. Me enamoré de usted a partir del momento en que cruza las piernas ante los policías, estrangulados aquellos hombres por ese tumor de deseo que suelen provocar las mujeres que se abren de piernas para insinuarse poseedoras de «la puerta estrecha que conduce a la ciudad doliente», metáfora dantesca, víctima el pobre Dante del terror católico al sexo femenino, único posible paraíso real capaz de competir con todos los paraísos virtuales controlados por las religiones, la telemática la última. No es lascivia, Mrs. Stone, lo que comunica su gesto de cortar la relación espacio tiempo con el aspa de sus piernas, mientras más allá de la incisión se insinúa la patria más propicia. No es lascivia, sino profunda ternura por la desesperanza del hombre fin de milenio, cansado tragamillas que ante el fracaso del «sentimiento» y la «razón» descubre que no hay otra posibilidad de plenitud que el retorno a la placenta materna, pero no de «la madre vestida», es decir, de nuestras santas madres, sino de una espléndida «madre desnuda» como usted, como ustedes, las estrellas de cine que nos regalan la evidencia del reencuentro afortunado entre pecado y virtud más allá de la puerta estrecha que conduce a la ciudad doliente.
Es usted la mejor «madre desnuda» de este fin de milenio, aunque en lontananza ya se insinúa una competidora que aún no ha acabado de connotarse en mi consciente de aprendiz de estrangulador de Boston. Me refiero a Emmanuel Beart, ante la que me contiene el haber amado en el pasado las canciones de su padre. ¿Es legítimo amar a la hija de uno de tus cantautores preferidos? No lo tengo claro y, mientras lo decido, dejo constancia de que usted reina en mi mirada interior cada vez que emprendo el viaje hacia el imaginario de la Ciudad del Sol.
Quedo a su entera o parcial disposición.

Manuel Vázquez Montalbán

martes, 18 de agosto de 2009

Graham Greene, El americano impasible


El tiempo tiene sus venganzas, pero las venganzas tantas veces resultan rancias.

Durante un momento había sentido una gran alegría, como en el momento de despertar, cuando uno todavía no recuerda.

(…) tan mal hecha como la estatua de la libertad, y tan carente de sentido.

lunes, 17 de agosto de 2009

Armando Discepolo: Stefano


-Ya lo sé. ¿Lo he culpado de algo a usté? No. ¿De qué se defiende? ¿De lo que no hace; de lo que no puede hacer? Nadie tiene remedio para el dolor ajeno. El sufrimiento pasa cuando se ha sufrido. Ya lo sé. Yo estoy pasando el mío.

Torrente, el brazo tonto de la ley



- El whisky es una de las cosas que más vitaminas tienen.





→Un peliculón: Torrente, el brazo tonto de la ley (click para ver fragmentos), (más)

viernes, 14 de agosto de 2009

El diablo más veloz, Gotthold Lessing


¡Helo aquí! Fausto cita al genio más veloz del infierno para su servicio. Pronuncia la fórmula mágica: aparecen siete genios; y, entonces, comienza la tercera escena del segundo acto.



FAUSTO Y LOS SIETE GENIOS




Fausto: ¿Vosotros? ¿Vosotros sois los genios más veloces del infierno?

Genios: Nosotros.

Fausto: ¿Sois todos igualmente veloces?

Genios: No.

Fausto: Y ¿cuál de vosotros es el más veloz?

Genios: Lo soy yo.

Fausto: ¡Qué maravilla que entre siete demonios haya tan sólo seis que mientan!
Quisiera conoceros mejor.

Genio 1º: Llegarás a ello algún día.

Fausto: ¡Algún día! ¿Qué quieres decir con ello? ¿Aun los demonios predican
penitencia?

Genio 1º: Claro, a los porfiados. Pero no nos hagas perder tiempo.

Fausto: ¿Cómo te llamas? y, ¿cuán veloz eres?

Genio 1º: Sería más fácil demostrártelo que contestarte.

Fausto: Bien. Mira: ¿qué hago?

Genio 1º: Pasas el dedo rápidamente por la llama de la luz.

Fausto: Y no me quemo. Así ve tú también y pasa siete veces con la misma velocidad por las llamas del infierno, sin quemarte. ¿Enmudeces? ¿Te quedas? ¿Así que hasta los demonios son vanidosos? Sí, sí, no hay pecado tan pequeño que pudiéseis dejar de cometerlo. El segundo, ¿cómo te llamas?

Genio 2º: Chil, lo que en vuestro aburrido idioma significa: Flecha de la Peste.

Fausto: Y ¿cuán veloz eres tú?

Genio 2º: ¿Crees que llevo mi nombre en vano? Como las flechas de la peste.

Fausto: Vete, pues, y sirve a un médico. Para mí eres demasiado lento. Tú, tercero, ¿cómo te llamas?

Genio 3º: Me llamo Dilla, pues a mí me llevan las alas del viento.

Fausto: ¿Y tú, cuarto?

Genio 4º: Mi nombre es Jutta, pues viajo sobre los rayos de la luz.

Fausto: ¡Miserables, cuya velocidad puede expresarse en números finitos!

Genio 5º: No los distingas con tu indignación. Son sólo mensajeros de Satanás en el mundo material. Nosotros lo somos en el mundo de los genios. Nos encontrarás más veloces.

Fausto: Y ¿cuán veloz eres tú?

Genio 5º: Tan veloz como el pensamiento del hombre.

Fausto: Algo es. Pero no siempre los pensamientos humanos son veloces. No lo son cuando la Verdad y la Virtud los llaman. ¡Cuán lentos son entonces! Puedes ser veloz, cuando quieres serlo; pero ¿quién me garantiza que lo querrás siempre? No. En ti confiaré tan poco como hubiera debido confiar en mí mismo. Ah, (al sexto demonio), dime: ¿cuán veloz eres tú?

Genio 6º: Tan veloz como la venganza del Vengador.

Fausto: ¿Del Vengador? ¿Cuál Vengador?

Genio 6º: Del Poderoso, del Terrible, del que se reservó el derecho de la venganza, porque la venganza le causaba placer.

Fausto: Demonio, blasfemas, pues veo que tiemblas. Veloz, dices, como la venganza del… casi lo menciono. No. Que no se mencione entre nosotros. ¿Y veloz sería su venganza? ¿Veloz? ¿Y yo estoy con vida aún? ¿Y sigo pecando?

Genio 6º: El hecho de que te deje seguir pecando ya es venganza.

Fausto: ¡Y que un demonio deba enseñarme esto! ¡Y tan sólo hoy! No. Su venganza no es veloz, y si tú no eres más veloz que ella, vete, vete. (Al séptimo): ¿Cuán veloz eres tú?

Genio 7º: Insaciable mortal, si aun yo te resultase poco veloz…

Fausto: Di, pues, ¿cuán veloz?

Genio 7º: Ni más ni menos que el paso del bien al mal.

Fausto: ¡Ah, tú eres el que necesito! ¡Tan veloz como se pasa del bien al mal! Eso sí que es veloz; no hay nada más veloz. ¡Fuera de aquí, caracoles del orco! ¡Fuera! ¡Como pasar del bien al mal! Yo experimenté cuán pronto se pasa. Lo experimenté…

miércoles, 12 de agosto de 2009