domingo, 2 de mayo de 2010
martes, 27 de abril de 2010
Chiste de quincho
Vamos a terminar con un chiste de actualidad. Un anciano iraquí, que vive desde hace 40 años en Chicago, se muda un día a una casa con jardín y descubre que allí podría realizar el sueño de su vida: plantar papas. Pero como ya es demasiado viejo, está solo y es débil, le envía un e-mail a su hijo, que estudia en París, para comentarle su problema: «Querido Ahmed: estoy muy triste porque no me siento en condiciones de plantar papas en mi nuevo jardín. Estoy seguro de que si vivieras aquí conmigo me ayudarías a hacerlo. Te quiere, papá». Al día siguiente, el hombre recibe un e-mail de su hijo: «Querido papá. Ni se te ocurra tocar ese jardín porque yo hice plantar 'algo' ahí. Yo también te quiero, Ahmed», A las cuatro de la mañana, al anciano lo despiertan el Ejército de los EE.UU., una formación de Marines, el FBI,
domingo, 25 de abril de 2010
Sánchez Ferlosio, Rafael. El Jarama
- Pero tampoco quiero asegurarte una cosa ni la contraria. Vete tú a saber. Cualquiera sabe por qué hacemos las cosas.
Lucio habló lentamente:
- Yo jamás he creído en eso de obrar las personas con arreglo a la mera justicia. Al fin y al cabo no hay más justicia que la que uno lleva dentro -se señalaba el pecho con el índice-; y hasta los que proceden desinteresadamente, date cuenta, hasta ésos, tienen siempre. aunque parezca difícil, algún motivo escondido, de la clase que sea, para inclinarse a obrar de una manera, mejor que de la otra.
Mauricio lo miraba; contestó:
- Pero eso sí que no lo podemos saber, ni tú ni yo ni nadie.
- Pues más a mi favor, entonces.
(...) pero lo que no puede ser no puede ser y llega un día que las cosas acaban saliéndose a flote quieras que no. ¿Qué va usted a hacerle?
- Ya lo comprendo. ¿Y ahora qué tal le marcha?
- Pues defendiéndose uno malamente.
- Eso también es verdad. No hay peligro. No enseña usted el culo ni a la de tres.
- Para lo que tiene uno que hacer por ahí... más me vale sentado, que de dos de espadas.
- Eso usted lo sabrá- dijo el chófer.
Lucio hizo un gesto en el aire con la mano. El Chamarís le dijo, jovialmente:
-Pues a usted que le quiten lo bailado, ¿no, señor Lucio? -le guiñaba los ojos-. Ni más ni menos, claro está que sí. Ahí está el intríngulis. Que le quiten lo bailado, ¿verdad usted?
Lucio miró al Chamarís, casi serio, meciendo la cabeza, y luego dijo lentamente:
- ¡Sí! Que me quiten lo bailado... Eso es lo que dicen muchos a mi edad. Que me quiten lo bailado. ¡Una mierda! No estoy conforme yo con eso, ¡tontería semejante! ¿Cómo demonios voy a estar conforme? Yo lo que digo es justamente lo contrario. Quitado es lo que está, ¡y bien quitado! ¿Acaso lo tengo yo ahora? Lo que hace falta es que me lo diesen. ¡Ésa sería la gracia! Que me lo devolvieran -movía las manos con violencia-. ¡Pues ahí está el asunto! Lo que yo digo es que me lo den, ¡que me devuelvan lo bailado!
- ¿Cómo que no?
- Que no te acuerdes ahora de eso.
- Es imposible no pensar en nada, no siendo que te duermas. Nadie puede dejar de pensar en algo constantemente.